1. Padre Nuestro Padre Nuestro que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestras ofensas Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. 2. Ave María Dios te salve María, llena eres de gracia, el Seño es contigo bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. 3. Gloria Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. 4. Yo pecador Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro señor. Amén. 5. Pésame Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí, por el cielo que perdí. Pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como tú. Antes querría haber muerto que haberte ofendido y propongo, con tu gracia, no pecar más y evitar las ocasiones de pecado. Amén. 6. Credo Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna. Amén. 7. Dios te salve, Reina y Madre Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. ¡Dios te salve! A ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén. LAS ORACIONES DEL CRISTIANO Reina del cielo alégrate Durante el tiempo pascual, en lugar del ángelus, se reza esta antífona. V. Reina del cielo, alégrate, aleluya. R. Porque Cristo, ha quien llevaste en tu seno, aleluya, ha resucitado según tu palabra, aleluya. Ruega al Señor por nosotros, aleluya V. Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya. R. Porque verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya. Oremos: Señor, Padre nuestro, que mediante la resurrección de tu hijo, nuestro Señor Jesucristo, te dignaste alegrar al mundo; te suplicamos nos concedas que, por intercesión de su Madre, la Virgen María, alcancemos los goces de la vida eterna. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén MAGNIFICAT Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén LETANÍAS LUJANENSES Abogada de los gauchos; (ruega por nosotros) Abismo de gracias; Alivio en nuestros sufrimientos; Alivio en todos los males; Amparo y escudo de los combatientes; Áncora firmísima; Auxilio de los cristianos; Camino derecho al paraíso; Consoladora de los afligidos; Consoladora de los corazones tristes; Consoladora de los que sufren amarguras en la vida; Consuelo de los corazones atribulados; Madre de los huérfanos; (ruega por nosotros) Madre de los emigrantes; Madre de misericordia; Madre del amor hermoso; Madre llena de clemencia; Paño de lágrimas de los que lloran; Patrona y Capitana de los ejércitos; Poderosa medianera entre Dios y los hombres; Protectora de las tres Repúblicas hermanas; Puerto seguro de los náufragos; Redentora de los cautivos; Redentora de los esclavos; Corona y triunfo de los vencedores; Defensa de las viudas; Escalera del cielo; Esperanza de los dolientes; Esperanza en el momento de la muerte; Esperanza y salud de los desesperados; Estrella de los navegantes; Estrella del mar; Faro luminoso que muestra el camino a la felicidad; Refrigerio en los dolores más crueles; Refugio de los culpables; Refugio de los pobres pecadores; Remedio eficaz en las enfermedades; Salud de los enfermos; Seguro alivio en los dolores corporales; Sostén en las pruebas; Virgen compasiva. SALVE Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. ¡Dios te salve! A ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. AMÉN. ANGELUS El ángel del Señor le anunció a María R. y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo Dios te salve María, llena eres de gracia... V. He aquí la esclava del Señor R. Hágase en mí, según tu palabra. Dios te salve María, llena eres de gracia... V. Y el Verbo se hizo carne R. Y habitó entre nosotros Dios te salve María, llena eres de gracia... V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Oremos: Derrama, Señor, tu gracia en nuestros corazones, para que, así como por el anuncio del Ángel hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, conducidos por su pasión y su cruz seamos llevados la Gloria de su resurrección. Te lo pedimos por el mismo Cristo, nuestro Señor. AMÉN. BENDITA SEA TU PUREZA Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza; a ti, celestial princesa, Virgen sagrada, María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón, mírame con compasión, no me dejes, Madre mía AMÉN. A NUESTRA SEÑORA DE AMÉRICA [ Cardenal Pironio ] Virgen de la Esperanza, Madre de los pobres, Señora de los que peregrinan: óyenos Hoy te pedimos por América Latina, el Continente que Tú visitas con los pies descalzos, ofreciéndole la riqueza del Niño que aprietas en tus brazos. Un Niño frágil, que nos hace fuertes, Un Niño pobre, que nos hace ricos. Un Niño esclavo, que nos hace libres. Virgen de la esperanza, América despierta. Sobre sus cerros despunta la luz de una mañana nueva. Es el día de la salvación que ya se acerca. Sobre los pueblos que marchaban en tinieblas, ha brillado una gran luz. Esa Luz es el Señor que Tú nos diste, Hace mucho, en Belén, a medianoche. Queremos caminar en la esperanza. Madre de los pobres: hay mucha miseria entre nosotros. Falta el pan material en muchas casas. Falta el pan de la verdad en muchas mentes. Falta el pan del amor en muchos hombres. Falta el pan del Señor en muchos pueblos. Tú conoces la pobreza y la viviste. Danos alma de pobres para ser felices. Pero alivia la miseria de los cuerpos y arranca del corazón de tantos hombres egoísmo que empobrece. Señora de los que peregrinan: Somos el Pueblo de Dios en América Latina. Somos la Iglesia que peregrina hacia la Pascua. Que los Obispos tengan un corazón de padre. Que los sacerdotes sean los amigos de Dios para los hombres. Que los religiosos muestren la alegría anticipada del Reino de los Cielos. Que los laicos sean, ante el mundo, testigos del señor resucitado. Y que caminemos juntos con todos los hombres Compartiendo sus angustias y esperanzas. Que los pueblos de América Latina vayan avanzando hacia el progreso por los caminos de la paz en la justicia. Nuestra Señora de América: ilumina nuestra esperanza, alivia nuestra pobreza, peregrina con nosotros hacia el Padre. AMÉN.