La Ermita era llamada en la antigüedad de Nª Sª del Val de Padilla, ya que fue el XIX Gran Maestre de la Orden de Calatrava quien donó la imagen. D. Inocente Hervás en su Diccionario Histórico Geográfico de la provincia de Ciudad Real afirma también que en 1.518 D. Amaro Fernández fundó en ella una Capellanía con el fin de sufragar los gastos que pudiera haber en la Ermita, siendo los Monjes de Calatrava los encargados de regir y gobernar la Parroquia de Aldea del Rey. Fue construida por la Orden de Calatrava según consta en el capítulo de la Orden celebrado en el año 1658 y se erigió como Oratorio para uso de los monjes enfermos, que eran hospitalizados en la residencia casa colindante a la Ermita que tenían los Calatravos para enfermería. Esta estaba situada al lado derecho del Oratorio para que los Calatravos participaran en la Eucaristía y siguieran en comunidad otros actos religiosos. La Ermita ya existía con anterioridad, pues en el año 1245 el Arzobispado de Toledo concordaba con la Orden de Calatrava su edificación. Es un edificio de una nave rectangular, linterna poligonal sobre crucero y cúpula interior sobre el Altar Mayor, la puerta más antigua al norte con arco de medio punto. Su estilo es sobrio sobre la clásica cruz latina. El altar de la Virgen es de corte neoclásico con adornos barrocos y combina la pintura con el clásico pan de oro. Hay que anotar como hecho curioso que a la entrada de las dos puertas laterales existen dos conchas grandes destinadas al agua bendita donadas por un marino, D. Pablo Gurruchaga que fueron traídas de lejos, a finales del siglo XIX. Fue destinada en un principio a Iglesia Parroquial, ya que en la relación de curatos no existe nominación de la Iglesia de Aldea. Es probable que fuera construida por Fray Gonzalo Gómez, primer Clavero de Calatrava, dignidad de la Orden que tenía su residencia en el Palacio de Clavería, y que lo hiciera para atender las necesidades espirituales de su casa y de los habitantes del amplio patrimonio inherente a su propia dignidad. La conservación ha dependido de los Monjes Calatravos, quienes al marcharse la entregaron a la feligresía. Así consta en la Estadística de 1733 cómo la Ermita de Nª Sª de los Valles está imperfecta, porque el pueblo, que tenía menos de 300 habitantes, no podía costear su mantenimiento. A partir de la emigración de los caballeros de la Orden de Calatrava a Almagro la Hermandad de la Virgen, administradora de los donativos entregados por los fieles, es la que sufraga la conservación y mantenimiento de la Ermita.