1 Carta a la Unión de Promociones 14 de febrero de 2006.- Desde hace muchos años, tal vez desde 1984, estuve afectado de manera directa a las consecuencias políticas y jurídicas derivadas de la guerra contra el terrorismo, posiblemente por ello siempre seguí bastante de cerca la problemática de cómo terminar con las secuelas dejadas por guerra contra el terrorismo; confié en que dado que esta guerra se dio en el marco Institucional, tal cual lo dice la Sentencia del Juicio a los Comandantes y tal como lo sostuvieron en diversos períodos democráticos (al menos en la Armada) varios jefes de Estado Mayor; mantuve la esperanza que la misma asumía la responsabilidad total y absoluta de clarificar lo sucedido en esta guerra para evitar caer lamentable en la difícil situación de permitir que si bien la Institución toda participó y/o conoció de alguna u otra manera como se materializó el accionar contra el terrorismo; se haya permitido la negociación política de lo actuado, recayendo en la indigna situación de hacer recaer el costo político Institucional en algunos de sus cuadros que por diferentes razones fueran reconocidos por la estructuras militarizadas de las organizaciones terroristas , en lo que hoy muchos tristemente denominan “chivos expiatorios” . Hay eventos históricos que por su crudeza y cobardía no los mencionaré, pero en este sentido concluyo con un solo ejemplo: el Capitán AZTIZ (respetable profesional, de valores éticos militares incuestionables) fue demolido por las presiones de los políticos y organizaciones de derechos humanos; y salvando alguna honrosa excepción, a nadie se le cayó un pelo. En la Armada y me incluyo permitimos que esto sucediera. Con esto trato de redondear lo vergonzoso de muchos comportamientos. Resulta hoy encomiable los esfuerzos que produce la Unión de Promociones y otras organizaciones de naturaleza civil para retomar la iniciativa de la dignidad de las Fuerzas Armadas que nunca debió se mancillar. Hubo y hay conductas miserables que lo permitieron y aún hoy lo permiten, muchos que estuvieron al lado de algunos combatientes, inclusive codo con codo, distraídamente o por miedo reniegan de lo por ellos actuado. El Doctor Carlos Manfroni, en una carta ha dado a conocer una reflexión que a mi juicio hacen al fondo del problema para en el difícil momento que atraviesa nuestra patria. Extraída del libro: "Jerzy Popieluszko: Un mártir de la verdad", por Grazyna Sikorska, en memoria del sacerdote capellán del Sindicato Solidaridad, de Polonia. "Un cristiano cumple sus deberes sólo cuando es fuerte, cuando profesa sus principios valientemente, cuando no se avergüenza de ellos ni renuncia a ellos debido al miedo o las necesidades materiales. ¡Desgraciada una sociedad cuyos ciudadanos no viven en la fortaleza! Cesan de ser ciudadanos y se convierten más en esclavos. Es la fortaleza la que crea ciudadanos, porque sólo un hombre con coraje es consciente de sus derechos y deberes. 2 Si un ciudadano carece de fortaleza, se convierte en un esclavo y causa un daño inconmensurable no sólo a sí mismo sino también a su familia, a su patria y a la Iglesia... ¡Desgraciadas las autoridades estatales que quieren gobernar a los ciudadanos por medio de amenazas y miedo! La fortaleza es una parte esencial de la vida de cada uno como ciudadano. Es por eso que la fortaleza es, para el cristiano, el deber más importante después del amor" (abril 1983) "El origen de nuestra cautividad reside en el hecho de que permitimos reinar a las mentiras, de que no las denunciamos, de que no protestamos contra su existencia cada día de nuestras vidas, de que no confrontamos las mentiras con la verdad sino que guardamos silencio o pretendemos creer en las mentiras. Así vivimos en un estado de hipocresía. El valiente testimonio de la verdad conduce directamente a la libertad. Un hombre que es testigo de la verdad puede ser libre incluso si está en prisión (...) Lo esencial en el proceso de liberar al hombre y a la nación es sobreponerse al miedo. El miedo brota de las amenazas. Tememos sufrir, tememos perder bienes materiales, tememos perder la libertad o nuestro trabajo. Y entonces, actuamos contrariamente a nuestras conciencias, amordazando la verdad. Podemos sobreponernos al miedo solamente si aceptamos sufrir en nombre de un valor superior. Si la verdad se convierte para nosotros en un valor digno por el cual sufrir y arriesgarnos, entonces nos sobrepondremos al miedo -la causa directa de nuestra de lo que nos sucede Polonia fue la grieta por la que se resquebrajó y cayó el régimen comunista. Volviendo al porque de esta carta, voy a tratar de ser directo y proponer que se analice la forma de implementar que todos aquellos que con rango de Jefe o Teniente de Navío, voluntariamente enfrenten la verdad de lo sucedido y lo expongan ante quién consideren corresponda. Creo que esta será la acción a conciencia más valiente para salvar la dignidad de cada uno de nosotros y de la fuerza a la que pertenecemos. Desde ya posiblemente se comente que me comprenden las generales de la ley. Antonio Pernías Capitán de fragata de I.M.