Evaluar es humillar LU: Deming dice que clasificar es humillar a los que no reciben las mejores calificaciones y la humillación supone la desmoralización de las personas. Vosotros no hacéis evaluaciones personales sino de equipo. ¿Funciona? ¿Cómo superáis los intereses personales de competitividad, por ejemplo? KS: Ya que mencionas a Deming vamos a indicar algunas de sus conocidas opiniones sobre el tema. (Revisa sus notas y lee): “En lugar de clasificar a las personas, abolir la clasificación y el sistema de méritos. Dirigir toda la empresa como si fuera un sistema. La función de cada uno de los componentes, bajo una buena dirección, contribuye a optimizar el sistema”. “La clasificación es una farsa. El comportamiento aparente es en realidad atribuible principalmente al sistema en el que trabaja el individuo, no al propio individuo”. “A la pregunta: ¿Cómo saber a quién aumentarle el sueldo si no disponemos de un sistema de méritos? A todos los que están dentro del sistema. Quien está fuera de los límites, es que necesita ayuda.” “La clasificación de las personas indica que la dirección ha abdicado de sus funciones.” “El fin de cualquier persona, bajo el sistema de méritos, es agradar al jefe. El resultado es que se destroza la moral.” “Juzgar a las personas, colocarlas en casillas, no les ayuda a hacer mejor su trabajo”. “Nadie, niño o adulto, puede disfrutar del aprendizaje si continuamente tiene que estar preocupado por las calificaciones y medallas por su comportamiento. Nuestro sistema educativo mejoraría sin medida si se abolieran las calificaciones. Nadie puede disfrutar de su trabajo si se le clasifica con otros”. En Irizar realizamos una matriz de evaluación durante los tres primeros años, periodo que al concluir te permite acceder a la condición de socio. Esta matriz se realiza coordinada por el responsable de relaciones con las personas y las personas más cercanas, las del equipo. No realizamos ninguna otra evaluación, de ningún tipo. Ya hemos demostrado que somos capaces de llevar el barco a buen puerto quienes componemos la tripulación y sólo tenemos que preocuparnos de continuar haciéndolo juntos, entendiéndonos y no juzgándonos. Creo en la suma de energía, no en las individualidades. Y estoy siendo absolutamente práctico cuando digo esto. LU: Pero los valores imperantes nos indican que si tú das más, que si puedes dar más y eres mejor, recibes más, cobras más, en definitiva. ¿Cómo solucionas todo eso? KS: Insisto, me alegra coincidir con Deming, creo que efectivamente clasificar a las personas en un error. Y eso lo sé, lo llevo dentro de mí, desde que nací. Peleé mucho para mis hijas en las ikastolas, su centro escolar, no tuvieran notas y no se clasificara al primero, al segundo, al tercero…, pero no lo conseguí y me costó mucho asumirlo, lo que quería saber era qué opinaban las andereños (profesoras) y los irakasles (maestros) de mis hijas, cómo se relacionaban, qué compartían, si eran alegres, si eran felices, que era lo que en verdad me interesaba, no tanto si habían sacado un ocho, un siete o un seis. Es algo que ya lo harían más adelante, pero, con toda seguridad, lo lograrían si estaban equilibradas, si eran felices, porque con una inteligencia media cualquiera puede lograr un aprobado en una asignatura. Los que hemos pasado por ello ya lo sabemos. Es improbable, y dediqué catorce años de mi vida a la pedagogía, que un niño equilibrado emocionalmente no pueda sacar sus cursos adelante. Procurando comprender por qué algunos hacen menos, para ayudarles en lo posible. Así como animando a los que hacen más para que continúen haciéndolo, ya que la vida es muy larga y quien siembra generosamente también puede recoger de igual forma. Suelo pensar, por otra parte, que no tiene mucho mérito, ya que quienes así actuamos disfrutamos de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Extraído de: UGARTE, Luxio (2004): ¿Sinfonía o jazz? Koldo Saratxaga y el modelo Irizar. Un modelo basado en las personas. Granica, Barcelona, pág. 296-298.