Teresa Ramos Ibós / Juan Manuel de Castro Aragonés Funciones de la Administración Concursal (Para saber más…: La Administración concursal: Actuación, Estatuto jurídico, responsabilidades y funciones. Editorial Bosch, 2007) La Ley Concursal supone un cambio radical, tanto cuantitativo como cualitativo, respecto del sistema establecido en el Derecho derogado. Uno de los puntos que más importancia han adquirido y más se han modificado se refiere, precisamente, al ámbito de la Administración Concursal, de tal manera que la nueva regulación supone una muy importante ampliación de las funciones y facultades de los administradores concursales, hasta el punto de que, por ejemplo, la Administración Concursal puede, incluso, formular oposición al convenio que considere inviable, forzando la liquidación si no existieren otras propuestas. Es amplísima la lista de funciones que realizan los administradores concursales y todas ellas se regulan de forma dispersa en los preceptos de la Ley Concursal, por lo que, de cara al presente trabajo, vamos a tratar de realizar una síntesis, con el objetivo de que el lector pueda disponer de una visión general lo más completa posible de las mismas y de su influencia en la tramitación del procedimiento concursal. Función de control de la gestión del deudor. Realizados todos los trámites que hasta este punto han sido comentados y analizados (nombramiento, aceptación y jura del cargo), los administradores concursales inician su trabajo con la intervención de los actos del concursado, siempre que el auto de declaración del concurso declare esa mera intervención, puesto que si lo que establece es la suspensión de facultades, los administradores concursales inician su trabajo desde el primer momento realizando puras funciones de administración del patrimonio del concursado. En este aspecto, es el art. 40 LC el que regula el régimen de la intervención o suspensión, estableciendo, con carácter general que, en caso de concurso voluntario, se determinará la mera intervención, mientras que, en caso de concurso necesario, se establecerá la suspensión de facultades, aun cuando, excepcionalmente, podrá acordarse a la inversa, siempre que se motive adecuadamente. En todo caso, el art. 40.4 LC establece la posibilidad, en cualquier estado del procedimiento, de acordar la suspensión de facultades por auto, a solicitud de la Administración Concursal y oído con carácter previo el concursado, todo lo cual quedará sometido al régimen de publicidad que regulan los Arts. 23 y 24 LC, que han sido modificados por el Real Decreto 3/2009 en el sentido de establecer la gratuidad de dichas publicaciones y el hecho de que, preferentemente, sean realizadas por medios telemáticos, medios de los que, de momento, carecen muchos de los Juzgados Mercantiles españoles, desgraciadamente. Por tanto, la primera actuación de los administradores concursales es tomar contacto con el deudor, para hacerle saber que sus facultades de administración y disposición quedan intervenidas o fiscalizadas y que, por tanto, no podrá actuar de forma individual, sino que tendrá que contar desde ese momento con la autorización e intervención de los administradores concursales para realizar cualquier acto de esa clase. Lo habitual en la práctica es que se produzca una primera reunión, a la mayor brevedad posible, entre el deudor, su Abogado y el personal directivo del mismo (en caso de ser una persona jurídica) y los administradores concursales, en la cual se ponen en conocimiento del deudor las "reglas del juego". A partir de ese momento e, incluso, y aunque la Ley Concursal no lo prevé se le entregan unas instrucciones básicas de actuación, que deben ser firmadas por deudor y administradores concursales y que se depositan en los autos del juzgado. Desaparece de la Ley Concursal, a diferencia de lo que ocurría en el Derecho derogado en cuanto a las quiebras, el trámite de la ocupación y es por ello por lo que, en la práctica forense, se ha venido imponiendo la existencia de esa primera reunión y la entrega de instrucciones escritas en una suerte de "ocupación" o toma de posesión de los administradores concursales frente al deudor. Por tanto, los efectos sobre el deudor, que suponen la función de intervención de sus facultades, no se producen de forma automática, como ocurría en el Derecho derogado, sino que el Juez puede graduarlos a medida que se va tramitando el procedimiento, de tal forma que se puede iniciar con la mera intervención para pasar a la suspensión, o viceversa, en función de las circunstancias que se vayan produciendo. El objetivo último de la intervención de las facultades del concursado es la protección de los intereses de los acreedores, desapareciendo, como reconoce la propia Exposición de Motivos de la Ley, los efectos represivos y la inhabilitación, ya que esta última se traslada al momento de dictar la sentencia de calificación. La función de los administradores concursales en cuanto a la intervención de facultades supone que el deudor podrá seguir administrando y disponiendo de sus bienes, pero con la autorización y conformidad de la Administración Concursal. La realización de actos de administración y disposición requiere, por tanto, de la voluntad del concursado y de los administradores concursales y así se regula en varios preceptos de la Ley Concursal, como, v.gr. en los arts. 50 y ss. LC en relación con la iniciación de procedimientos judiciales para la defensa de la masa o la continuación de los ya iniciados. La intervención supone, no obstante, que la Administración Concursal carece de competencias por sí sola para realizar actos de administración y disposición, necesitando del concurso del deudor, si bien es un hecho que la constante e injustificada oposición del deudor a la realización de tales actos, cuando sean de interés para el concurso, podrá tener la consecuencia de que los administradores concursales soliciten del juzgado, en cualquier momento, el cambio en el sistema, pidiendo la suspensión de facultades. El sistema de intervención se configura de forma doble, ya que, por una parte, los administradores concursales deberán autorizar de forma individualizada cada acto de administración y disposición, pero podrán intervenir mediante una autorización general para los actos u operaciones más habituales, relativas a la gestión ordinaria. Esto se va generando a lo largo de la tramitación del procedimiento e influirá mucho el grado de confianza que vayan adquiriendo las partes. En el caso de suspensión de facultades, las funciones de los administradores concursales son las de verdaderos gestores del patrimonio del concursado. Si éste es una persona jurídica, asumirían la función de administradores, de forma directa, ya que el deudor en ningún caso podrá realizar acto alguno de administración y disposición. No tratamos aquí el efecto que sobre el deudor tiene la decisión de la suspensión, que, en todo caso, es temporal mientras dure el concurso, sino que consideramos la suspensión desde el punto de vista de la función que los administradores concursales tendrán que desempeñar en tal caso. No es posible identificar suspensión de facultades con incapacidad, a pesar de que era en ese concepto donde se venía encuadrando de forma tradicional, como es de ver, por ejemplo, en las SSTS 13 de julio de 1987, 11 de octubre de 1988, 18 de noviembre de 1988 y 18 de diciembre de 1995. Aunque la Ley Concursal parece identificarlo en otros preceptos, como cuando los arts. 51.3 y 54.2 LC hablan de la capacidad para intervenir en juicio, el concursado no es realmente un incapaz, ya que la suspensión de facultades no puede interpretarse como unas incapacidad de obrar, tal y como señalan las SSTS de 2 de diciembre de 1999, 12 de junio de 2000, 14 de junio de 2000 y 8 de febrero de 2001, las cuales mencionan una prohibición de disponer más que una incapacidad de obrar. Por tanto, la función de los administradores concursales es suplir esta prohibición de disponer y realizar dichas facultades de forma directa y en interés del concurso. Así, esta última sentencia de 8 de febrero de 2001, si bien con relación al Derecho derogado, se refiere a la nulidad de los actos realizados por el quebrado con posterioridad a la declaración de quiebra, ya que tras ella se aplica la suspensión de facultades y la función de administrar y disponer ya no le pertenece, pero no por incapacidad, sino como consecuencia de una prohibición legal, ya que la "nulidad que deriva de la declaración que hace el párrafo primero del mismo art. 878 del CCom.: declarada la quiebra, el quebrado quedará inhabilitado para la administración de sus bienes: no se trata de un estado civil, ni una incapacitación, sino una prohibición legal, lo que implica que los actos de administración y disposición que realice son nulos: así lo fundamenta la S. 13 de julio de 1984, antes citada, que dice: siendo tal nulidad consecuencia de la incapacitación del quebrado que se sigue de haber quedado, con efectos de la fecha en que se fije la retroacción, separado de Derecho de todo su patrimonio, reflejándose la obligada inhibición del mismo en la correlativa ineficacia (absoluta, o sea frente a todos) de cuantos actos de dominio y administración haya realizado contraviniéndola, no cabiendo tipo alguno de confirmación o convalidación". En fin, y siguiendo a la profesora Aurelia Martínez Flórez en la obra Comentario de la Ley Concursal, dirigida por los profesores Ángel Rojo y Emilio Beltrán, "las funciones de administración están dirigidas a la realización de actos dirigidos a la explotación y aumento de los bienes, así como a la percepción y utilización de sus frutos y productos de acuerdo con su destino económico (v.gr. un contrato de arrendamiento)", mientras que las funciones de disposición son "todos aquellos actos y negocios por virtud de los cuales se transmite, grava, modifica o extingue un derecho subjetivo". El Informe del art. 75 LC. Una de las funciones más importantes y fundamentales para el desarrollo del procedimiento es la elaboración y presentación del Informe, en el cual se detallarán tanto los bienes y derechos que forman la masa activa como la lista de los créditos que forman la masa pasiva, con la calificación y clasificación de cada uno de ellos, así como otros datos, circunstancias e informaciones relativas al deudor sobre su gestión anterior a la declaración del concurso y la opinión de los administradores concursales sobre la contabilidad, la situación patrimonial e, incluso, la viabilidad económica del concursado. Este Informe va a determinar de manera trascendente el desarrollo posterior del procedimiento pues, de alguna manera, es un anticipo de lo que puede ser el modo de conclusión del concurso, bien con un convenio bien con una liquidación y puede determinar también de manera al menos provisional qué puede ocurrir en la Sección Sexta de calificación del concurso. La previsión y estructura del Informe está regulada en los arts. 74 y 75 LC, si bien los preceptos siguientes desarrollan de manera concreta y específica los criterios de determinación necesarios para la inclusión en dicho Informe de los bienes y derechos que forman parte de la masa activa y el reconocimiento, calificación y clasificación de los créditos que forman parte de la masa pasiva. El objetivo de este trabajo es, en todo caso, analizar las funciones de los administradores concursales de forma concreta, por lo que no trataremos aquí del estudio de dichos criterios de determinación, que deberán ser objeto de otra obra. Lo primero que señala el art. 74 LC es el plazo para la emisión del Informe, que será de dos meses desde la fecha de aceptación del cargo de dos de los administradores concursales. Recordemos que en los casos de procedimiento abreviado de los arts. 190 y 191 LC los plazos se reducen a la mitad, por lo que, en estos casos, el plazo de presentación será de un mes. En el Derecho derogado, la única referencia a un dictamen constaba en el art. 8 LSP, según el cual los interventores tenían la obligación de presentarlo en el plazo que fijara el Juez, que no podía ser inferior a veinte días ni superior a sesenta. Ante todo, es importante señalar que el Informe de los arts. 74 y ss. LC no es el único que los administradores concursales están obligados a realizar, ni mucho menos. La Ley prevé la emisión de una serie de informes que los administrados concursales deben realizar a lo largo de la tramitación del procedimiento. Así, el necesario para fijar sus honorarios (art. 34.3 LC), el que el Juez puede pedir en cualquier momento en sus funciones de supervisión para conocer el estado del procedimiento (art. 35.6 LC), el de evaluación de la propuesta anticipada de convenio y el de la propuesta de convenio "normal" (arts. 107.2 y 115 LC), el de liquidación (art. 148 LC), el de calificación (art. 169 LC) y el que trata sobre la posible conclusión del concurso (art. 176.2 LC). Sin embargo, podemos afirmar sin lugar a dudas que el Informe del art. 75 LC es el documento clave dentro de la tramitación del procedimiento concursal, ya que su trascendencia se explica en que de él se derivarán una serie de consecuencias que determinarán el desarrollo del procedimiento. El Informe fijará cuáles son los bienes y derechos de la masa activa, es decir, los bienes y derechos con los que el concursado cuenta para pagar a sus acreedores y, por supuesto, para, eventualmente, continuar su actividad empresarial o profesional y fijará también los créditos de la masa pasiva, de tal manera que, tras las legítimas impugnaciones, dicha masa pasiva será el importe de los créditos al que el concursado tiene que hacer frente, conociendo también las posibilidades de viabilidad para poder salir de la situación concursal en la que se encuentra. En definitiva, el Informe es la clave de bóveda de la fase común del concurso y podemos decir que del procedimiento completo, y la Ley Concursal lo entiende así dándole una trascendencia sistemática fundamental, al crear para su regulación un Título completo, cual es el Título IV Del Informe de la Administración Concursal y de la determinación de la masa activa y pasiva del concurso. El objetivo del Informe es ofrecer al Juez y a los acreedores la información más amplia e inteligible sobre la situación patrimonial del concursado, sobre las razones que le han conducido a esa situación y las posibles soluciones de viabilidad a la misma. Pero no solamente se dirige al Juez y a los acreedores, sino también a otros terceros interesados en el procedimiento y es por ello por lo que la Ley Concursal da al Informe la misma publicidad que al auto de declaración del concurso. El Informe, ya lo hemos dicho, es el documento base a partir del cual se elaborarán otros informes y a partir del cual los interesados en el procedimiento podrán actuar de una u otra forma. La elaboración del Informe es una obligación, es un deber de los administradores concursales, que tienen que cumplir en el plazo de dos meses desde la fecha de aceptación de dos de ellos (art. 74.2 LC). El dies a quo es, por tanto, la fecha de aceptación de dos de ellos, lo que coincide con la posibilidad de actuación mancomunada que la propia Ley Concursal prevé en el ya analizado art. 35, y soluciona de alguna forma el hecho de que las circunstancias del procedimiento no permitan el nombramiento de tres administradores concursales porque el tercero acreedor no acepte el cargo. Como tal obligación, la falta de elaboración del informe hace incurrir en responsabilidad a los administradores concursales, pudiendo ser separados de su cargo y perdiendo el derecho a la retribución fijada, sin que pueda escudarse la Administración Concursal en la falta de datos proporcionados por el deudor, si bien esta falta de datos o de colaboración es conveniente que sea comunicada al juzgado de forma inmediata en cuanto se produzca, a los efectos de poder adoptar una solución de interés para el concurso y que no perjudique a los interesados. En relación con esta falta de presentación, nos encontramos con la posibilidad para los administradores concursales de solicitar del Juez una prórroga del plazo de emisión, que no podrá ser superior a un mes, siempre que se den "circunstancias extraordinarias". En todo caso, la solicitud de prórroga deberá presentarse antes de la expiración del plazo de dos meses preceptivo para la presentación del informe. En cuanto a las circunstancias extraordinarias, las mismas pueden ser de varios tipos, aun cuando, en general, siempre estarán referidas a concursos de mayor entidad y complejidad. El art. 75 LC establece cuál debe ser la estructura del Informe, realizando una exhaustiva lista de materias que necesariamente debe ser incluidas en el mismo, todas ellas necesarias para facilitar al Juez y a los interesados una visión global y, a la vez, lo más concreta posible de la situación del concursado. Así, deben analizarse los datos y circunstancias del deudor, el estado de su contabilidad y la opinión sobre sus estados financieros, realizar una memoria de lo actuado por la Administración Concursal e incluir, lógicamente, el inventario de bienes y derechos que forman la masa activa y la lista de acreedores que forman la masa pasiva, así como una evaluación de las propuestas de convenio que el propio deudor haya presentado con la solicitud de concurso. Finalmente, el Informe debe contener necesariamente una exposición motivada de la situación patrimonial del deudor y de cuantos datos sean "relevantes para la ulterior tramitación del concurso". Esta última mención es la que determina la importancia del Informe de cara al desarrollo del procedimiento a la que nos referíamos con anterioridad. Esa exposición motivada y esa aportación de datos influirá decisivamente en las siguientes fases del concurso, si se presenta o no un convenio o si, finalmente, se llega a la liquidación. Incluso puede anticipar, cuando menos, la calificación del concurso, aun cuando en este punto será necesario un nuevo informe específico (art. 169LC). El término que la Ley Concursal utiliza es "contendrá", por lo que podemos afirmar sin lugar a dudas que las menciones del art. 75 LC son todas ellas obligatorias y su falta de inclusión puede ocasionar un defecto del Informe. En primer lugar, la Ley Concursal se refiere a la inclusión y análisis de los datos y las circunstancias que constan en la memoria a que se refiere el art. 6.2.2.º LC, es decir, todos aquellos datos aportados por el deudor para justificar su solicitud de declaración de concurso. El análisis de estos datos es una primera aproximación de los administradores concursales a la veracidad de los datos facilitados por el deudor (recordemos, por ejemplo, que la ocultación o falseamiento de datos es una de las causas que pueden determinar la culpabilidad del concurso a tenor de lo dispuesto en el art. 164.2.2.º). El conocimiento de todos estos datos resulta imprescindible para el desarrollo del concurso, hasta tal punto que en caso de concurso necesario, y tras el necesario requerimiento del Juez al deudor para que los aporte, los administradores concursales, en caso de que el deudor no cumpla el requerimiento, deberán suplir su falta. El análisis se refiere, por tanto, al estudio de la veracidad de tales datos. En segundo lugar, el art. 75 se refiere al estado de la contabilidad y a un juicio sobre los estados financieros del concursado. Esta referencia, que deberá ser tenida en cuenta cuando el concursado esté obligado a la llevanza de contabilidad, supone que los administradores concursales deberán valorar si el concursado ha cumplido con la normativa general en esta materia (también es causa de concurso culpable este incumplimiento de acuerdo con el art. 164.2.1.º). El Informe debe mencionar si el concursado cumplió con las obligaciones legales establecidas en esta materia (depósito de cuentas anuales, llevanza, legalización y conservación de libros de contabilidad). En tercer lugar, el Informe debe incluir también la mención a las principales decisiones adoptadas por los administradores concursales desde la aceptación de su cargo. Se configura esta mención como una especie de primera rendición de cuentas de la tarea realizada hasta ahora, a los efectos que tanto el Juez como los acreedores puedan analizar la corrección y eficacia de su actuación. En cuarto lugar, y como documentos anexos, deben ser incluidos el inventario, la lista de acreedores y la evaluación de las propuestas de convenio realizadas por el deudor en su solicitud de concurso, que será sobre los que versen las posibles impugnaciones al Informe que prevén los arts. 95 y ss. LC. El contenido de estos documentos no es objeto de análisis en este trabajo, aun cuando simplemente señalar que la importancia de tales documentos es extraordinaria, ya que, como hemos indicado con anterioridad, serán el termómetro que medirá el desarrollo ulterior el concurso en cuanto a las fases sucesivas del mismo (convenio o liquidación), determinando tanto los bienes y derechos con que cuenta el concursado para hacer frente al pago a los acreedores y para salir de la situación concursal como el importe que efectivamente debe pagar a los acreedores. Funciones respecto de los acreedores. Los administradores concursales comunicarán individualmente sus créditos a cada uno de los acreedores. En esta comunicación, deberán informar de la declaración del concurso y les concederán el plazo de un mes, de acuerdo con la Ley Concursal, para que aquéllos comuniquen sus créditos al juzgado, a los efectos de su inclusión en la lista de acreedores anexa al Informe. Dicho plazo de un mes se debe contar desde el día siguiente al de la publicación del anuncio del concurso en el BOE conforme a lo establecido en el Art. 23 LC, de acuerdo con la nueva redacción dada el Art. 21.1.5º LC por el Real Decreto Ley 3/2009. Esta función de los administradores concursales debe ponerse en marcha a la mayor brevedad posible desde su aceptación, si bien no establece ningún plazo concreto para realizarlo. La base de comunicación a los acreedores serán los datos que el propio deudor facilite a través de los documentos adjuntos a la solicitud de concurso. Recibidas las comunicaciones de los acreedores, o en caso contrario utilizando los datos que consten en la contabilidad del concursado, los administradores tienen la función de incluir los créditos de los acreedores en la lista que se elaborará y que se anexará al Informe, clasificando y calificando dichos créditos en función de los criterios contenidos en los arts. 89 y ss. LC, sin necesidad de comunicar personalmente a los interesados su exclusión de la lista, sino que basta la comunicación a los acreedores personados y la publicación del informe en el Registro Público Concursal y en el tablón de anuncios del Juzgado, según todo ello ha sido modificado por el Real Decreto Ley 3/2009, que en este punto deroga el Art. 95.1 LC y modifica los Arts. 95.2 y 198 LC, creando este último ese Registro Público, que será accesible vía Internet, publicará cuantas resoluciones concursales se dicten a lo largo del procedimiento cuya publicidad sea necesaria según la Ley, así como aquellas resoluciones referidas a concursos culpables, designación o inhabilitación de administradores concursales y las demás inscribibles en el Registro Mercantil. Otra función de los administradores concursales respecto de los acreedores consiste en la evaluación de las propuestas de convenio que hayan presentado los acreedores, en relación con el plan de pagos y el plan de viabilidad del concursado, todo ello a través del correspondiente informe. Funciones respecto de terceros. Aparte de los acreedores, existen otros terceros también interesados en el desarrollo del procedimiento concursal. Respecto de estos terceros, los administradores concursales desarrollan también una serie de funciones importantes de cara a la tramitación del procedimiento. Así, en primer lugar, nos encontramos con el personal del concursado, en caso que éste sea persona jurídica. La función que los administradores concursales desarrollan se encuentra básicamente prevista en los arts. 64 a 66 LC, en relación con las condiciones de trabajo del personal y la posible solicitud de un expediente de regulación de empleo. Dado que uno de los principios primordiales de la Ley es la continuidad del concursado en su actividad, los administradores concursales deben procurar y atender al mantenimiento de dicha actividad, en lo que sea posible, y esa función incluye la posibilidad de solicitar del Juez la modificación sustancial de las condiciones de trabajo del personal a través de la tramitación de un Expediente de Regulación de Empleo (ere). Para analizar las distintas opciones posibles es necesario acudir a los preceptos del Estatuto de los Trabajadores, si bien con las especialidades que la propia Ley establece. Esa solicitud deberá presentarse tras la elaboración del Informe del art. 75 LC, salvo que las condiciones laborales existentes y la viabilidad de la empresa se vean comprometidas por la demora. La práctica habitual, no obstante, es que dicha solicitud se presente, en la gran mayoría de los casos, antes de la elaboración del Informe y casi como una de las primeras medidas que adoptar, sea por la Administración Concursal sea por el propio deudor o, incluso, por los propios trabajadores, según permite el art. 64.2 LC. De hecho, se producen solicitudes de concurso en las que ya se ha iniciado con anterioridad la tramitación del ERE, lo cual plantea la discusión de la competencia para su aprobación (autoridad laboral) y de si es necesaria su paralización y reinicio una vez declarado el concurso. Igual ocurre, en cuanto a las funciones de los administradores concursales, respecto de los contratos de alta dirección, facultando el art. 65 LC a su extinción o suspensión en atención al interés del concurso. En estos casos, la actuación de los administradores concursales es directa, sin necesidad de petición previa al Juez, en paralelismo con lo que ocurre respecto del resto de contratos que afectan al concursado, cuya regulación se contiene en los arts. 61 y ss. LC. Finalmente, el art. 66 LC realiza una mención respecto de la modificación de las condiciones de los convenio colectivos, que solamente se podrán realizar con el acuerdo de los trabajadores del concursado. Además de los trabajadores, pueden existir otros terceros, también distintos de los acreedores, que pudieran resultar interesados en el procedimiento. Estos terceros pueden ser personas físicas o jurídicas que hayan contratado con el concursado antes de la declaración de concurso o posibles legitimados pasivos en relación con las acciones judiciales y de reintegración que los administradores concursales pudieran iniciar para la defensa de las masas activa y pasiva del concurso. Así, en primer lugar nos encontramos con los contratos concertados por el concursado antes de la declaración de concurso. Estos compromisos contractuales pueden haber sido concertados con personas que figuran como acreedores o no, por lo que lo importante es la función que la Ley Concursal concede a la Administración Concursal para continuar con los compromisos, resolverlo o suspenderlos. Los arts. 61 y ss. LC se dedican a esta materia en concreto. La primera cuestión importante que se plantea es que la declaración de concurso no conlleva necesaria y automáticamente la resolución de los compromisos contractuales del concursado (art. 62.1 LC), lo cual supone una importante diferencia respecto de la regulación del Derecho derogado. La función de los administradores concursales en este punto es estudiar y analizar los contratos suscritos por el concursado y decidir qué contratos pueden seguir vigentes en interés del concurso y cuáles deben ser resueltos, para lo cual los citados arts. regulan todo un procedimiento de resolución o continuación a través del incidente concursal. Incluso los administradores concursales tienen la facultad de rehabilitar contratos o enervar el desahucio, todo ello con la finalidad de garantizar la continuidad de la empresa (pensemos en contratos de préstamo bancario o pólizas de crédito, cuya renovación o rehabilitación ayudarán a la financiación del concursado para el mantenimiento de su actividad). En segundo lugar, nos encontramos con la posible interposición de acciones judiciales por parte de los administradores concursales. Como ya hemos señalado con anterioridad, una de las obligaciones de la Administración Concursal es garantizar el mantenimiento de las masa activa y para ello la Ley Concursal otorga a los administradores la función de poder interponer cuantas acciones judiciales sean necesarias, bien dentro del procedimiento concursal bien a través de demandas antes otros juzgados de otros órdenes jurisdiccionales. El inicio o continuación de acciones judiciales está previsto en los arts. 50 y ss. LC. En caso de intervención de facultades, será el deudor quien podrá iniciar estas acciones, con la conformidad de la Administración Concursal, mientras que en caso de suspensión de facultades, es la Administración Concursal quien tiene la función, la facultad y la legitimación para su interposición o continuación, en caso que dichas acciones ya se hubieran iniciado con anterioridad a la declaración de concurso. Esta facultad, para el caso de acciones ya iniciada incluye también la posibilidad de transigir, desistir o allanarse, previa autorización judicial, si ello es de interés para el concurso. Las acciones judiciales antes mencionadas se dirigirían tanto a la defensa del patrimonio del deudor como a la recuperación de cantidades adeudadas a éste por terceros ajenos al procedimiento. Pero otra categoría de acciones también muy importante son las llamadas acciones de reintegración y de rescisión de los actos perjudiciales para la masa activa que se hayan producido con anterioridad a la declaración de concurso. Dichas acciones se encuentran reguladas en los arts. 71 y ss. LC. , reformados por el Real Decreto 3/2009 en el sentido de dejar fuera de esas acciones los acuerdos de refinanciación previos a un concurso que cumplan ciertos requisitos, otorgando a la Administración Concursal la legitimación exclusiva para, en su caso, impugnarlos si no cumplen con los mismos. El objetivo de estas acciones es dejar sin efecto estos actos perjudiciales y que se restituyan las cosas a la situación anterior, en la medida de lo posible. La Ley Concursal establece un plazo de dos años anteriores a la declaración de concurso, como forma de limitar la persecución de estos actos. Estas acciones, previstas en la Ley, son novedosas en cuanto que sustituyen de alguna a la retroacción de la quiebra, prevista en el Derecho derogado. Otras funciones generales. Además de las funciones que hemos señalado, y con independencia de que a algunas otras nos vamos a referir a continuación, o no son específicamente motivo del presente trabajo por referirse a materias que merecen un comentario mucho más amplio, debemos señalar otras cuestiones o funciones que los administradores concursales pueden desempeñar a lo largo de la tramitación de un procedimiento de insolvencia. a. Así, en primer lugar, nos encontramos con la posibilidad de que los administradores concursales puedan proponer la designación de expertos independientes, no tanto a los efectos de valoración de los bienes que integran la masa activa, lo cual sería necesario en casos de valoración compleja de activos, sino para cubrir la necesidad de asistencia jurídica para la previsión de prosperabilidad de posibles acciones de reintegración y rescisión, con la posibilidad de que dicho experto independiente participe en el incidente de reintegración, sobre todo en aquellos supuestos de administrador concursal único que sea Economista. b. En este mismo campo de las acciones de reintegración, reguladas en los arts. 71 y ss. LC, la regulación legal otorga muy amplias facultades a los administradores concursales para el inicio de cualquier acción de reintegración de bienes a la masa activa o de rescisión de operaciones contractuales realizadas por el deudor con anterioridad al concurso, estableciéndose igualmente la posibilidad de que los acreedores puedan instar a la Administración Concursal el ejercicio de acciones de reintegración, ya que, como señala el art. 72 LC, la legitimación para el inicio de dichas acciones es de los administradores concursales, que tendrán un plazo de dos meses desde que se les haya instado a iniciar dichas acciones para interponerlas. En caso de no hacerlo, la legitimación ya no es exclusiva de la Administración Concursal, con independencia de las acciones de reintegración o rescisión que se refieran a acuerdos de refinanciación previos. c. Otra de las funciones de los administradores concursales que podemos señalar se refieren a la posibilidad de realizar requerimientos de auxilio para la conservación de las masas activa y pasiva y la solicitud de autorización judicial en aquellos casos que sea necesario. Básicamente, estas cuestiones se regulan en los arts. 43 y 188 LC y sirven para dotar de contenido a una cuestión tan compleja como la fijación de las relaciones entre los administradores concursales y el deudor. d. Otra cuestión que considerar es la función que los administradores concursales tienen una vez aprobado el convenio o en los casos de cese por falta de activos, a la que nos referiremos más adelante. El art. 133.2 LC establece que a la aprobación judicial del convenio, cesarán en sus cargos los administradores concursales. Asimismo, el art. 176 LC prevé las causas de conclusión del concurso, entre las que se sitúa la de conclusión por falta de activos Sin embargo, a pesar de este cese, los administradores concursales podrán seguir desempeñando funciones. Así, en caso de convenio, el mismo puede establecer una función de seguimiento del cumplimiento del convenio para los administradores concursales. Y en ambos casos citados, los administradores concursales seguirán teniendo funciones en la tramitación de la sección de calificación y en el seguimiento de procedimientos pendientes. e. Finalmente, existe un importante bloque de competencias o funciones de gran interés, que se desarrollan en el presente trabajo, que hacen que podamos afirmar que los administradores concursales asuman funciones de naturaleza judicial. Nos referimos, por ejemplo, a la determinación de los bienes que pueden ser separados del patrimonio del deudor (art. 80 LC), la determinación de la titularidad de cuentas indistintas y otros efectos sobre el deudor (arts. 40 y ss. LC), la decisión sobre rehabilitación de pólizas de crédito (arts. 68 y 69 LC), las derivadas de la decisión de cese de actividad (art. 44 LC) y la negociación del Expediente de Regulación de Empleo (art. 64 LC). Todas estas funciones dan respuesta a las distintas necesidades del concurso y, en caso de sufrir oposición por los interesados, quedan sometidas al parecer del Juez a través del incidente concursal. En todo caso, la comparecencia de la Administración Concursal ante el Juez del concurso no requiere de comparecencia formal. Liquidación y convenio Finalizada la fase de convenio, la Ley Concursal prevé dos fases sucesivas y alternativas: la fase de convenio y la fase de liquidación. En cada una de estas fases, la Administración Concursal también desarrolla su actividad, aun cuando en a primera de ellas dicha actividad se reduce considerablemente, puesto que aprobado un convenio por sentencia firme uno de los efectos fundamentales de la misma es el cese de los administradores concursales. En cambio, la actuación de los administradores en la fase de liquidación es mucho más amplia, ya que en ella se convierten en los liquidadores de la masa activa para poder hacer frente al pago de los créditos hasta donde sea posible. Actuación de la Administración Concursal en fase de convenio. La Ley Concursal prevé dos tipos de propuestas de convenio diferentes: la propuesta anticipada de convenio y la propuesta de convenio que podríamos denominar "normal". El Real Decreto Ley 3/2009 ha introducido una tercera modalidad no tanto en cuanto a su naturaleza sino en cuanto a su tramitación, que es la tramitación escrita del convenio en caso de existir más de 300 acreedores, según el nuevo Art. 115 bis LC. En ambos casos, se establece la necesidad de que los administradores concursales elaboren un informe de valoración o evaluación de la propuesta de convenio (arts. 107 y 115.2 LC) podríamos decir que salvo en la tramitación, en la que el Art. 115 bis LC no la prevé, si bien debemos considerar que sí es necesaria, puesto que también es una propuesta de convenio. Este informe de evaluación es obligatorio y aun cuando no puede ni debe condicionar el voto de los acreedores, la evaluación positiva o negativa de la propuesta tendrá una clara influencia de cara a la junta de acreedores en la que deba estudiarse y votarse. Otra de las actividades que los administradores concursales deben realizar en la fase de convenio es la asistencia a la junta de acreedores regulada en los arts. 116 y ss. LC. Esta asistencia es obligatoria y su incumplimiento deviene en la pérdida del derecho a la retribución (art. 117 LC), salvo que la inasistencia se deba a justa causa. En la junta, la presidencia corresponde al Juez, aun cuando éste podrá designar al administrador concursal que considere oportuno. La presencia de los administradores concursales en la junta servirá para que los acreedores les soliciten cuantas aclaraciones estimen pertinentes en relación con el Informe o con la evaluación de la propuesta de convenio, estando obligados aquéllos a ofrecer dichas explicaciones. Del resultado de la junta se levantará acta por el secretario y se someterá a votación la o las propuesta/s de convenio presentadas. Si resultara aprobada alguna, el Juez dictará sentencia de aprobación del convenio, que conllevará, una vez firme, el cese de los administradores concursales, salvo que se les haya reservado alguna función en el cumplimiento del convenio. Los administradores concursales pueden, no obstante, oponerse al conve-nio, ya que están legitimados para ello según el Art. 128 LC, reformado por el Real Decreto Ley 3/2009. Cesados, los administradores concursales deberán rendir cuentas de su actuación. Actuación de la Administración Concursal en fase de liquidación. La liquidación supone, para el deudor, la suspensión de sus facultades de disposición y administración, por lo que los administradores concursales pasan a ser los verdaderos administradores del patrimonio del concursado, ejerciendo la función de liquidadores de la masa activa para, con su producto, pagar a los acreedores hasta donde sea posible. Por tanto, el hecho de que se inicie la fase de liquidación, por cualquiera de las causas previstas en la Ley Concursal, supone la continuación de la actividad de los administradores concursales hasta la definitiva finalización del procedimiento por las causas del art. 176 LC. En esta fase, los administradores concursales deberán presentar un plan de liquidación, de acuerdo con la estructura y criterios establecidos en el art. 148 LC. A partir de su presentación y posterior aprobación judicial, se inician las labores de liquidación de la masa activa, mediante la transmisión de los activos por adjudicación directa, pública subasta o a través del sistema que haya sido previsto en el plan de liquidación, realizando, a medida que se vaya obteniendo el producto de dicha enajenación, el pago a los acreedores, de acuerdo con el orden establecido en los arts. 154 y ss. LC. El Real Decreto Ley 3/2009 ha introducido un nuevo Art. 142 bis LC que prevé una propuesta anticipada de liquidación, a modo de paralelismo con la propuesta anticipada de convenio, para dar mayor agilidad al procedimiento. A estos efectos, el Art. 142 bis LC prevé que los administradores concursales presenten un informe de evaluación de la liquidación anticipada o formulen propuestas de modificación. En caso de aprobarse la propuesta por Auto, el mismo abrirá la fase de liquidación y los administradores concursales deberán elaborar el plan de liquidación.