V Domingo de Pascua Yo soy el camino, la verdad y la vida. (Jn14, 1-12) ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 97 ,1-2) Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; revela a las naciones su justicia. ORACIÓN COLECTA Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos; míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. PRIMERA LECTURA (Hch 6,1-7) Escogieron a siete hombres llenos de Espíritu Santo Lectura del Libros de los Hechos de los Apóstoles En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los apóstoles convocaron a la asamblea de los discípulos y les dijeron: «No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, siete hombres, de buena familia, llenos de Espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra.» La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Simón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron, las manos orando. La Palabra de Dios iba cundiendo; y en Jerusalén crecía mucho el número de los discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe. SALMO RESPONSORIAL (Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19) R/. Que tu misericordia Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en Tu honor el arpa de diez cuerdas. R/. Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/. SEGUNDA LECTURA (Pe 2, 4-9) Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. ACLAMACIÓN AL EVANGELIO (Jn 14,5) R/. Aleluya, aleluya Yo soy el camino, y la verdad, y la vida -dice el Señor-; nadie va al Padre, sino por mí. R/. Aleluya, aleluya EVANGELIO (Jn 14, 1-12) Yo soy el camino, y la verdad, y, la vida + Lectura del santo evangelio según san Juan En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.» ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS Oh Dios, que por el admirable trueque de este sacrificio nos haces partícipes de tu divinidad; concédenos que nuestra vida sea manifestación y testimonio de esta verdad que conocemos. Prefacio Pascual ANTÍFONA DE COMUNIÓN (Jn 15,1-5) Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos, el que permanece en mi y yo en él, ese da fruto abundante. Aleluya. ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo y, ya que nos has iniciado en los misterio de tu Reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos, ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Lectio El Evangelio de hoy nos presenta el primer discurso de despedida de Jesús. Él quiere preparar a los discípulos para el momento en que no esté físicamente con ellos, de manera que puedan continuar la obra que él comenzó sin dejar de reconocerle como el único mediador que hace posible el encuentro con el Padre. Invocación al Espíritu Santo: Ven Espíritu Santo, Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias. Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo. Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros. Amén El evangelista Juan toma un tema muy importante en su teología, que luego se difunde y se universaliza. Cuando Dios se presentó a Moisés en la zarza ardiente, éste le preguntó su nombre y Dios dijo: YO SOY. El verbo ser, en magnitud total. Dios es el que es, el viviente por siempre y para siempre. El no creado, sino fuente de vida para todos los demás. No hace falta conocer tanto de filosofía para darse cuenta que aún los científicos modernos pueden determinar una fórmula en la que quedan ciegos. El momento cero antes de todo y cuando no había nada. Y de esa “nada” comienza la creación. Este mismo ser, el que no se puede medir, no se puede pesar, ni comparar con nada de nuestros criterios, es el YO SOY. Por eso mismo, uniendo esta verdad absoluta de Dios como fuente creadora de todo, y en el YO SOY, Juan, pone en labios del mismo Jesús esta frase: YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA. Pero para eso, antes dice “crean en Dios y crean en Mí”. Es una insistencia en el creer, que tiene su razón final en la salvación. Pues el que cree en Jesús, también cree en el Padre que lo envió. Tal vez es revolucionario para un judío de la época, que veía a un hombre, Jesús de Nazareth, creer que había salido de Dios y era Dios, cuando Dios es sólo uno (Ver: Deuteronomio 6,4). Este texto puesto en el tiempo pascual, es para recordarnos que Jesús al subir al Padre, les ofrece a sus discípulos la confianza que no los abandona, sino que va a prepararles un lugar y que volverá para llevarlos consigo a la casa del Padre. Es motivo de nuestra esperanza. No estamos solos Él viene caminando con nosotros en el camino de la Iglesia y vendrá de una manera gloriosa por todos nosotros en el fin de los tiempos, como dice el texto, en el último día. Y cuando Jesús dice: YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, es la fórmula de revelación más elevada del misterio de Cristo. Jesús, es el camino, justamente porque Él es la verdad y en Él reside la vida. La meta por lo tanto no es Jesús como verdad, sino que a través suyo, llegamos al Padre. La función de Jesús es mediadora, como un camino y puente hacia el Padre, y conociéndolo a Él, permanecemos en la verdad y en Él tenemos la vida, pero también la vida eterna. Puede ser un lenguaje difícil de entender y por eso Felipe insiste que le muestre al Padre, pero para ver al Padre, es necesario entender la Unión recíproca y sustancial entre el Padre y el Hijo. Conociendo a Jesús y viviendo con Jesús, hay una mirada hacia la eternidad, por eso Él es el camino. Hay que creer en Jesús y creerle a Jesús… Si nuestra fe se muestra fuerte, entonces podremos continuar con la obra que Él nos ha mandado. La Iglesia, es la extensión visible de la obra de Jesús, el Cristo, el Mesías, el que es Camino, Verdad y Vida. Preguntas para la lectura: vv. 1-4: ¿A dónde va Jesús? ¿Cómo describe ese lugar? ¿Para qué va allí? ¿Qué pide a sus discípulos durante su ausencia? ¿Qué le pregunta Tomás a Jesús? ¿Cómo le responde? ¿Qué quiere decir con ello? ¿Qué le pide Felipe a Jesús? ¿Qué le responde el Señor? ¿Cuál es la relación entre Jesús y el Padre? ¿Cuáles son las obras que atestiguan que Jesús es el enviado del Padre? ¿Qué otras obras podrán hacer sus seguidores? Otros textos bíblicos para confrontar: Juan 1, 23; Ex 14, 31. Meditatio: ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto? Motivación: Los creyentes conocemos la meta que perseguimos y sabemos que el camino que conduce hasta ella no está hecho de leyes y normas, sino que es una persona: Jesús. Si creemos en sus palabras y continuamos su obra, Él nos encaminará hacia el encuentro con el Padre. Señor Jesús, tú me pides que confíe en Ti. ¿Hasta dónde está mi confianza en Jesús? ¿Cuáles son las cosas que me preocupan? ¿Cuál es el camino que debo tomar para entonces entrar en la casa del Padre? ¿En qué cosas me estoy desviando de este camino? ¿Soy consciente que muchas veces busco la verdad fuera de Jesús? ¿Soy consciente que seguir a Jesús implica también otras renuncias? ¿Busco la vida en Plenitud? ¿Cuáles son los actos que atentan contra la vida, sea mía o de mi prójimo que Jesús me pide cambiar? El camino Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos? Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: ”Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca. “Yo soy el camino”. El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento. Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino. A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús. “Yo soy la verdad”. Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad. “Yo soy la vida”. Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva. Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida. Oratio: ¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra? Motivación: Pidamos a Jesús que nos muestre al Padre, que nos ayude a caminar por su camino, a mirarle, a conocerle, a creer en él y a descubrir en sus palabras y en sus obras el auténtico rostro de Dios. Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica confiada. Se puede, también, recitar el salmo responsorial que corresponde a este domingo.(salmo 32) Contemplatio: ¿Qué me lleva a hacer el texto? Compromiso personal: hacer una lista de las cosas que me preocupan y llevarlas a la oración para pedirle al Señor que me enseñe a confiar en Él en todas estas cosas. Teniendo en cuenta que el Señor es camino, verdad y vida, ¿de qué manera debo acercarme más a Él para vivir lo que Él nos propone y asumir su estilo de vida? Oración final Señor Jesús, Tú que eres camino, verdad y vida, que nos has hecho ver la relación de comunión y unión, que existe entre el Padre y Tú, hasta tal punto, que quien te ve, ve al Padre, estando Tú en Él y Él en ti. Te pedimos que nos ayudes a conocerte más vivencialmente, para que así conociéndote a ti, podamos conocer al Padre y así vivir de acuerdo a lo que nos pides, identificándonos contigo, buscando tener tus mismos sentimientos, para actualizar en nosotros, las actitudes y disposiciones del Padre que Tú has venido a revelarnos, para dar testimonio de tu amor, y así realizar y manifestar, la obra que Tú ya la hiciste. Ayúdanos Señor, a seguirte y así encontrar en ti, la vida y la salvación, siendo Tú nuestro Dios y Señor. Amén Apéndice CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA La vida del hombre: conocer y amar a Dios «PADRE, ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo» (Jn 17, 3). «Dios, nuestro Salvador… quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1 Tim 2, 3-4). «No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hech 4, 12), sino el nombre de JESUS. 1: Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia. Lo hace mediante su Hijo que envió como Redentor y Salvador al llegar la plenitud de los tiempos. En El y por El, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada. Se hizo hombre… para hacerse Camino que conduce al Padre 457: El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios: «Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4, 10).» El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo» (1 Jn 4, 14). «El se manifestó para quitar los pecados» (1 Jn 3, 5). 458: El Verbo se encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios: «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4, 9). «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). 459: El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: «Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí…» (Mt 11, 29). «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6). 460: El Verbo se encarnó para hacernos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4): «Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios» (S. Ireneo). «Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacemos Dios» (S. Atanasio). 679: Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. «Adquirió» este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado «todo juicio al Hijo» (Jn 5, 22). Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar (ver Jn 3, 17) y para dar la vida que hay en él (ver Jn 5, 26). Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo (ver Jn 3, 18; 12, 48); es retribuido según sus obras (ver 1 Cor 3, 12-15) y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor (ver Mt 12, 32; Heb 6, 4-6; 10, 26-31).