Colecci n Banca Central y Sociedad BANCO CENTRAL DE VENEZUELA Crisis cambiarias y flujos de capital en Venezuela José Guerra Oswaldo Rodríguez 12 Serie Documentos de Trabajo Gerencia de Investigaciones Económicas Versión diciembre 1998 15 Resumen En este trabajo se expone la experiencia venezolana relativa a las crisis cambiarias y se hacen, además, algunas consideraciones sobre los flujos de capital de corto plazo y sus efectos macroeconómicos. A partir de una definición de crisis cambiaria que toma en consideración la caída de las reservas internacionales, acompañada por una devaluación y el abandono del arreglo cambiario vigente, se identifican como elementos comunes a esas crisis la incompatibilidad de políticas fiscales y monetarias expansionistas con un esquema de tipo de cambio fijo y, en menor medida, la aparición de shocks externos. Abstract This paper presents the venezuelan experience concerning balance of payments crises as well as some remarks about the macroeconomic effects of short-term capital flows. Based upon a definition of balance of payments crises that takes into consideration the fall of international reserves along with a devaluation of the exchange rate and the eventual abandonment of the exchange rate system, the causes of such crises are identified. In particular, the mismatch between fiscal and monetary policies and the sustainability of the fixed exchange rate arrangement has to be highlighted and, to a lesser extent, the presence of external shocks. 1 Crisis cambiarias y flujos de capital en Venezuela José Guerra Oswaldo Rodríguez 2 AUTORIDADES DIRECTORIO Antonio Casas González Presidente Manuel Lago Rodríguez Armando León Rojas Domingo Maza Zavala Roosevelt Velásquez Teodoro Petkoff (Representante del Ejecutivo Nacional) Héctor Maldonado Lira (Suplente) ADMINISTRACION Antonio Casas González Presidente Marcos Sandoval Primer Vicepresidente Eddy Reyes Torres Segundo Vicepresidente 3 BANCO CENTRAL DE VENEZUELA COORDINACION Y PRODUCCION Gerencia de Investigaciones Económicas Avenida Urdaneta, Esquina de Las Carmelitas. Caracas 1010. Teléfonos: 801.53.55-801.89.84 Fax: 58-2-801.83.78 PRODUCCION EDITORIAL Gerencia de Comunicaciones Institucionales Departamento de Publicaciones Información: Departamento de Publicaciones BCV Torre Financiera, piso 14, ala sur. Esquina de Las Carmelitas. Dirección Postal: Apartado 2017. Carmelitas. Caracas 1010. Teléfonos: 801.80.75 / 83.80 / 52.35 Fax: 861.16.46 Internet: http://www.bcv.org.ve Las ideas y opiniones contenidas en el presente Documento de Trabajo son de la exclusiva responsabilidad de sus autores y se corresponden con un contexto de libertad de opinión en el cual resulta más productiva la discusión de los temas abordados en la serie. Se prohíbe la reproducción total o parcial sin autorización previa de la Vicepresidencia de Estudios y de la Gerencia de Comunicaciones Institucionales. 4 Indice I. INTRODUCCIÓN: Modelos de crisis cambiarias........................................................7 II. Crisis cambiarias en Venezuela ..............................................13 II.1. Cronología de las crisis cambiarias en Venezuela ...........14 Primera crisis: 1959-60 ..............................................14 Segunda crisis: 1982-83 .............................................16 Tercera crisis: 1986 ....................................................18 Cuarta crisis: 1988-89 ................................................19 Quinta crisis: 1993-1994 ............................................20 II.2. Caracterización de las crisis cambiarias en Venezuela ...................................................................23 III. Flujos de capital en Venezuela..............................................25 IV. Control a los flujos de capital: justificación y dificultades ...................................................29 CONCLUSIONES ..................................................................................32 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS .............................................................33 5 6 I. Introducción Modelos de Crisis Cambiarias A partir del trabajo pionero de Salant y Henderson (1978) sobre el colapso de programas de apoyo a los precios debido a ataques especulativos, la literatura ha evolucionado de manera importante en el conocimiento de los factores subyacentes en las crisis cambiarias. La observación de recurrentes episodios en los que, después de períodos de estabilidad del tipo de cambio, las reservas internacionales empiezan a dar muestras de agotamiento conducentes a profundas correcciones cambiarias, ha motivado el estudio de los elementos causales de tales ajustes. Dos líneas de investigación pueden señalarse al respecto: la seguida por Dornbusch (1976) sobre el sobreajuste del tipo de cambio bajo un régimen cambiario flexible y la de Krugman (1979) acerca de los colapsos de balanza de pagos en un contexto de tipo de cambio fijo. Dornbusch (1976) intenta dar una explicación de las pronunciadas oscilaciones del tipo de cambio, basándose en un modelo monetario con expectativas racionales. Para tal fin, se fundamenta en las diferentes velocidades de ajuste que muestran los mercados de bienes y de activos. Según este criterio, el mercado de bienes se ajusta con relativa lentitud respecto al mercado de títulos. Adicionalmente, el modelo considera la existencia de perfecta sustitución entre activos domésticos y foráneos y de ciertos rezagos en la transmisión del impacto de expansiones monetarias sobre los precios, lo cual es consistente con el supuesto de una menor velocidad de ajuste en el mercado de bienes. De acuerdo con los resultados del modelo, cuando se produce una perturbación monetaria, el tipo de cambio sobrerreacciona para luego disminuir, en la medida en que se diluye el shock monetario, hasta situarse en un nivel superior al inicial pero inferior al alcanzado cuando se produjo el salto del tipo de cambio. 7 El mecanismo de transmisión sería el siguiente: Un incremento permanente de la oferta monetaria se traduce en un aumento de los saldos reales debido a la rigidez inicial de precios. Esto induce a una disminución de la tasa de interés, propiciando una depreciación anticipada del tipo de cambio, todo lo cual incentiva las salidas de capital y, en consecuencia, el tipo de cambio se deprecia más allá de su nivel de equilibrio de largo plazo. En otras palabras, la rigidez de precios dificulta un ajuste de los saldos reales impidiendo que la tasa de interés interna retorne a su nivel precedente y detenga la salida de capitales. La magnitud de la variación del tipo de cambio depende de la elasticidad-interés de la demanda de dinero y del coeficiente que ajusta el tipo de cambio corriente respecto del de su nivel de largo plazo. Así, a mayor elasticidad, menor será la sobrerreacción del tipo de cambio debido a que variaciones en la oferta monetaria causan cambios menores en la tasa de interés, lo cual implica menores expectativas de depreciación, dado el coeficiente de ajuste. Cuando la variable que se ajusta son las reservas internacionales, y no el tipo de cambio, el modelo de Krugman (1979) provee una explicación satisfactoria de los ataques especulativos contra los activos externos. A partir de un esquema de precios flexibles, que implica que el producto está dado y que se cumple la paridad del poder de compra, el estudio da cuenta de los condicionantes de las crisis de balanza de pagos. El modelo supone que el ahorro se distribuye entre activos internos y externos, siendo los primeros una función decreciente de la tasa de inflación esperada. De otra parte, el gobierno financia el déficit fiscal con emisión monetaria o con reservas internacionales, esto último bajo el supuesto de que en “el gobierno” se incluye al banco central. Como resultado de lo anterior, cuando el gobierno fija el tipo de cambio, implícitamente está perdiendo el control sobre las fuentes de financiamiento del déficit, por cuanto no está en condiciones de controlar las reservas. 8 Si el presupuesto se mantiene deficitario, el régimen de tipo de cambio fijo se hace insostenible por el apoyo que el mantenimiento de la paridad cambiaria demanda de las reservas internacionales. Así, el desarrollo de una crisis de balanza de pagos seguiría una secuencia como la siguiente, en un contexto de tipo de cambio fijo: El banco central interviene en el mercado cambiario mediante compras y ventas directas. En presencia del desequilibrio fiscal, las reservas comienzan a disminuir hasta ubicarse en un nivel estimado como crítico por los agentes económicos. Al percibir los agentes que ese nivel crítico está próximo a alcanzarse, ocurre un cambio en la composición del portafolio de los agentes hacia activos denominados en moneda extranjera, por las ganancias esperadas de una futura devaluación. Ese ataque especulativo hace descender las reservas, incentivando a su vez un ataque aún mayor por las expectativas de ganancias futuras. En el intento por recomponer su cartera, la acción de los especuladores termina agotando las reservas y propiciando una modificación del régimen cambiario Una modalidad del modelo de Krugman lo representan los trabajos de Flood y Garber (1984) y de Dornbusch (1987), en los cuales se estudia el caso de los colapsos de balanza de pagos. Se parte de un modelo monetario donde impera la paridad del poder de compra con previsión perfecta y se supone que, según tal enfoque, un incremento del crédito es reflejado en una pérdida proporcional de reservas internacionales. Asimismo, se considera exógena a la tasa de expansión del crédito doméstico, toda vez que usualmente los activos internos del banco central aumentan para cubrir las necesidades de financiamiento de la gestión pública. Un resultado fundamental del modelo es que cuando el crédito crece, ello cuestiona el sostenimiento de un arreglo cambiario de paridad fija. En efecto, el aumento del crédito doméstico se expresa en una caída de las reservas internacionales hasta alcanzar un nivel crítico. En el entorno de ese nivel estimado crítico, los especuladores, en su intento de no perder, compran moneda extranjera anticipando una devaluación. En el ínterin se produce una contracción de la 9 demanda de dinero y se abre el camino hacia una fase de transición caracterizada por un régimen de flexibilidad cambiaria. En este nuevo esquema, habiéndose agotado las reservas, la tasa de depreciación del tipo de cambio nominal estará ligada al comportamiento del crédito interno. De otro lado, el momento del colapso cambiario depende, por una parte, de los fundamentos de la economía, referidos al saldo inicial de reservas internacionales y a la tasa de crecimiento del crédito interno, y por la otra, de la “conducta especulativa” de los agentes económicos. En resumen, la gestación de la crisis adquiere importancia debido a la política expansionista seguida por las autoridades. Que el colapso ocurra más pronto o más tarde, depende del monto de las reservas y del crédito. A mayor reservas en el momento de adoptarse el esquema de cambio fijo, menor es la posibilidad de colapso de balanza de pagos. Contrariamente, a mayor expansión de los agregados monetarios, resultado del crecimiento del crédito interno, mayor será también la probabilidad de colapso de las cuentas externas. En fin, cuando el crédito no crece, el régimen de cambio fijo puede sostenerse indefinidamente. Los anteriores pertenecen a los llamados modelos de crisis cambiarias de “primera generación”. Ellos explican las crisis con base a una incompatibilidad estructural entre la política económica y los fundamentos de la economía. Por su parte, los modelos de “segunda generación” contemplan ataques especulativos contra la moneda nacional resultantes de la existencia de expectativas autocumplidas o del comportamiento del sistema financiero en un contexto de “riesgo moral”. A esta variedad de modelos pertenece el de Calvo (1995), quien considera diversas explicaciones de crisis cambiarias, incorporando tanto la conducta del sistema financiero como la de las autoridades monetarias cuando, en su intento por contener las salidas de capital, propician un nivel mayor de endeudamiento. Se argumenta que una corrida bancaria precipita el momento de la crisis de balanza de pagos cuando el banco central actúa como prestamista de última instancia. Si éste es el caso, depositantes y 10 banqueros tienen pocos incentivos para monitorear el comportamiento del sistema bancario. Utilizando la experiencia de la crisis mexicana, Calvo sostiene que uno de los problemas más frecuentes en este entorno es el desacoplamiento de la estructura de maduración de los activos y pasivos del sistema financiero. Si los bancos no tienen incentivos para emitir obligaciones de largo plazo, es muy probable que al presentarse algún problema de liquidez y no poderse liquidar la cartera para enfrentar la corrida, el banco central, en su papel de prestamista de última instancia, adquiera las obligaciones de corto plazo de la banca, lo que implica un reflotamiento del sistema financiero con el consiguiente impacto monetario. Tal desequilibrio monetario se traducirá en una pérdida de reservas internacionales y precipitará la crisis de la balanza de pagos. Un caso con resultados similares se presenta cuando el banco central trata de detener la pérdida de reservas, emitiendo deuda, con la pretensión de que tal endeudamiento no se computa cuando se calculan las reservas netas. Suponiendo, sin embargo, que el banco central no reniega de sus compromisos, deberá enfrentar el pago de la deuda, lo cual podrá hacer ya sea con un nuevo endeudamiento o utilizando sus reservas. En el primer caso, puesto que existe un límite a la capacidad de endeudamiento público, los agentes descubrirán, en presencia del tipo de cambio fijo, que el sostenimiento de ese acuerdo cambiario pende de la continua emisión de deuda como mecanismo para evitar el colapso cambiario. Aceptando que, tarde o temprano, los agentes económicos cesarán de demandar deuda, el instante y magnitud del impacto sobre la balanza de pagos va a depender del monto de la deuda acumulada a ser redimida en el corto plazo. El propósito de este trabajo es documentar las diferentes crisis cambiarias ocurridas en Venezuela durante los últimos cuarenta años. La exposición de los modelos de crisis de balanza de pagos sirvió para ubicar los eventos históricos de Venezuela dentro de perspectivas conceptuales que han probado ser útiles como marco explicativo de los colapsos de las cuentas externas. A continuación, en la segunda parte del trabajo, se hace una revisión de las crisis cambiarias venezolanas del último medio siglo, observándose como elementos causales importantes de las crisis la inconsistencia manifiesta entre el 11 arreglo cambiario y la política macroeconómica instrumentada, así como los distintos shocks externos que han afectado a la economía del país. En la tercera parte del trabajo se intenta una caracterización de esas crisis cambiarias, mientras que en una cuarta parte se presenta una cuantificación de los flujos de capital durante las últimas cuatro décadas, para finalmente discutir la factibilidad de y las dificultades en controlar los movimientos de capital de corto plazo. 12 II. Crisis cambiarias en Venezuela En las últimas cuatro décadas, la economía venezolana ha sufrido cinco crisis cambiarias. La primera tuvo lugar entre finales de 1959 y 1960 y se originó, principalmente, por motivos políticos asociados al derrocamiento del gobierno militar. La crisis de 1982-83 implicó el abandono del régimen de tipo de cambio fijo con balance externo del cual disfrutó Venezuela durante veinte años. La ocurrida en 1986 determinó un ajuste importante en la paridad cambiaria oficial, en tanto que la de 1988-1989 propició la unificación de los tipos de cambios diferenciales vigentes desde 1983. Finalmente, la de 1994 condujo a la adopción de un esquema de control cambiario integral, antecedida por una importante corrección del tipo de cambio. En vista de que los episodios de tipo de cambio flexible han sido muy escasos en Venezuela, el modelo teórico más apropiado para el análisis de las crisis cambiarias, de los expuestos en la sección anterior, parece ser el de Krugman. En efecto, una característica común de los momentos previos a las crisis cambiarias de los últimos cuarenta años, ha sido la importante pérdida de reservas internacionales, al anclar el Gobierno el tipo de cambio. Otras características comunes de estos episodios de crisis han sido la incurrencia en déficit fiscales y, en menor medida, la aparición de shocks en los términos de intercambio, tal como se evidencia en el Cuadro 1. 13 CUADRO 1 INDICADORES DE LAS CRISIS CAMBIARIAS EN VENEZUELA Déficit en Cuenta 1/ a) Apreciación Términos de Corriente (% del PIB) Déficit Fiscal a) Crédito Interno del (% del PIB) BCV Real Intercambio 1982 - 5.3 - 10.0 ↑↑ ++ - 1986 - 4.3 - 8.3 ↑ + — 1988 -9,1 - 8.6 ↑↑ ++ - 1993 - 3.0 - 1.3 ↑ + - Se han considerado los indicadores un período antes de la aparición de la crisis. Se refiere al déficit del sector público consolidado. Nota: ++ + — ↑ ↑↑ Significa una fuerte apreciación del tipo de cambio real Significa una moderada o leve apreciación real Significa un fuerte deterioro de los términos de intercambio Significa un moderado deterioro de los términos de intercambio Significa una política crediticia moderadamente expansiva Significa una política crediticia fuertemente expansiva. II.1. Cronología de las crisis cambiarias en Venezuela Primera crisis: 1959-60 El 23 de enero de 1958 comienza en Venezuela la transición hacia un nuevo gobierno democrático, en sustitución del régimen militar que había asumido funciones en 1948. El período 1948-57 se caracterizó por un intenso crecimiento económico, baja inflación y cuentas externas positivas. Aunque gran parte de esa expansión de la economía fue atribuible a incrementos en el gasto público, el mismo se originaba en la tributación a las compañías petroleras privadas encargadas de la producción y exportación del petróleo y otros minerales. 14 No obstante la manifiesta vocación del gobierno por la consecución de elevadas tasas de crecimiento económico, el logro de índices de inflación substancialmente inferiores a los de los países desarrollados sugiere que el manejo de las políticas fiscal y monetaria se realizó dentro de un marco de disciplina financiera. En efecto, entre 1948 y 1957, en sólo dos años, 1950 y 1951, las cuentas fiscales exhibieron ligeros déficit, equivalentes a 1,2% y 0,2% del PIB, respectivamente. Por su parte, aunque la oferta monetaria mostraba una tendencia permanente hacia el alza, la inflación se mantuvo virtualmente inexistente desde 1952, mientras que la economía experimentaba un proceso de crecimiento sostenido, propiciando una expansión permanente de la demanda de dinero. La sostenibilidad del tipo de cambio fijo vigente para entonces encuentra, pues, explicación en la disciplina fiscal y monetaria que imponían las autoridades económicas. Fue más bien un shock político, y no un crecimiento incontrolado del crédito, lo que determinó que la economía venezolana experimentara una crisis cambiaria entre 1959 y mediados de 1960, la cual se reflejó en una importante salida de capital que obligó al recién instaurado gobierno democrático a implantar un control de cambios en noviembre de 1960. Ciertamente, la incertidumbre política que se creó con la caída del gobierno militar y la posibilidad de interrupción de la política económica que se venía aplicando, influyeron decisivamente en la fuga de capital que se comienza a observar desde mediados de 1958. Ese proceso de posicionamiento en moneda extranjera se exacerbó durante 1959 y el primer semestre de 1960, a través de la demanda de títulos externos y la adquisición de depósitos bancarios en el resto del mundo por parte de los residentes. A ello se agregaba la práctica de los inversionistas extranjeros de alcanzar una elevada tasa de amortización del capital invertido y su renuencia a reinvertir los dividendos, esperando que se despejara el cuadro de conflictividad política (BCV, 1961). En noviembre de 1960 fue inevitable adoptar un control de cambio como mecanismo para detener la fuga de divisas, medida ésta que al conjugarse con una fuerte restricción fiscal y monetaria, lograron conferirle viabilidad a la balanza de pagos. Efectivamente, después del déficit fiscal de 1959 de 2,3% del PIB, el gobierno logró consolidar 15 las cuentas públicas y la política monetaria se tornó astringente. Cuando las medidas fueron surtiendo los efectos esperados y se tranquilizó la situación política, el mercado cambiario se estabilizó, con lo cual las salidas de capital disminuyeron sensiblemente, lo que permitió volver a la libre convertibilidad de la moneda en enero de 1964, siempre en un contexto de tipo de cambio fijo. Segunda crisis: 1982-83 Entre 1964 y febrero de 1983, Venezuela mantuvo un régimen de paridad fija que hasta principios de los setenta tuvo su sustento en la continuación de una disciplina financiera que se expresaba sobre todo en una gestión fiscal equilibrada. A raíz del boom petrolero de 1974-75, la puesta en marcha de una política fiscal expansiva sitúa la economía venezolana en tasas de crecimiento mayores a las de su producto potencial. En un contexto de tipo de cambio fijo y sin que la política monetaria pudiese neutralizar los efectos sobre la demanda agregada, afloraron los primeros indicios que comprometían la estabilidad del acuerdo cambiario. A partir de 1974, la tasa de inflación tiende a ubicarse de manera permanente por encima de la de los principales socios comerciales, en particular, la de Estados Unidos, lo que promovía la apreciación del tipo de cambio real. En 1977 y 1978 la cuenta corriente refleja déficit importantes, los cuales sin embargo no comprometieron en ese período la estabilidad del tipo de cambio, por cuanto en 1979 tiene lugar el derrocamiento del Sha de Irán, Reza Pahlevi, los precios del petróleo se recuperan considerablemente y la cuenta corriente se torna de nuevo positiva. En medio del nuevo boom petrolero, ni la política fiscal ni la monetaria le prestaron la debida importancia al equilibrio macroeconómico, condición fundamental para que el esquema de tipo de cambio fijo tenga viabilidad. La tendencia a la apreciación real de la moneda incrementó la presión sobre el sector externo, en el cual se pasó repentinamente de un superávit equivalente a 4,0% del PIB en 1981 a un déficit de 5,3% del PIB en 1982. 16 Hay que enfatizar que hasta agosto de 1981 las autoridades monetarias propiciaron una baja de las tasas de interés, lo que no tardó en inducir una mayor desmonetización por la vía cambiaria (BCV, 1981). La acción combinada de expectativas de devaluación causadas por una moneda sobrevaluada y de rendimientos de los activos financieros internos inferiores a los externos, resultó determinante en la pérdida de reservas internacionales en 1982 que condujo al colapso del régimen de tipo de cambio fijo en febrero de 1983. En 1982, la incompatibilidad de la política macroeconómica con el esquema de tipo de cambio fijo, aunado a las expectativas negativas por el desmejoramiento de la cuenta comercial, no dejaba lugar a dudas sobre el futuro del sector externo: Una política fiscal expansiva, reflejada en déficit fiscales de 4% y 10% del PIB para el gobierno central y el sector público, respectivamente, en conjunción con una política monetaria igualmente expansiva, manifestada en un incremento del crédito del banco central al sistema financiero por el orden de 256%, hicieron que el BCV perdiera más de US$ 5.000 millones en reservas, lo que finalmente comprometió la estabilidad del tipo de cambio y forzó su abandono. La corrección cambiaria no fue tan fuerte en apariencia por haberse adoptado un control de cambios; sin embargo, en el mercado libre de divisas, donde efectivamente se expresaban los desequilibrios del mercado, el tipo de cambio, al final de 1983, reflejó una depreciación de 178%. Cabe resaltar que esta crisis cambiaria no fue antecedida por un shock externo importante. Todo lo contrario, el precio del petróleo de 1982 (27,47 US$/b) más que duplicó al de 1978 (12,04 US$/b), año en el cual se había presentado el último déficit importante en la cuenta corriente. Esto sugiere que la gestación y desencadenamiento de esta crisis obedeció a la inconsistencia de las políticas fiscal y monetaria con el esquema de tipo de cambio fijo, tal como lo sugiere el modelo de Krugman. 17 Tercera crisis: 1986 En un contexto de controles cambiarios, instrumentados desde febrero de 1983, la economía venezolana experimenta durante 1986 una nueva sacudida en su sector externo. Esta vez, a la tradicional falta de disciplina macroeconómica se agregó el evento de un shock externo considerable. La secuencia de esta crisis siguió la siguiente cadena causal: El tipo de cambio estaba fijado administrativamente en 7,50 Bs/US$ para las principales transacciones comerciales de la economía. Desde 1985, después de un tímido esfuerzo de ajuste en 1984, el gobierno se embarca en una política fiscal abiertamente expansionista para reactivar la economía, la cual fue acompañada por una política monetaria de igual signo por parte de las autoridades monetarias. El BCV disminuyó su tasa de redescuento, propició una baja en la estructura de tasas de interés, al tiempo que incrementó en 100% la disponibilidad de crédito al sector bancario, en concordancia con lo previsto en el marco teórico de Krugman y Flood y Garber, relativo al agotamiento de las reservas internacionales por el crecimiento del crédito interno. En efecto, aunque el mercado petrolero mostraba indicios de debilitamiento a lo largo de 1985, el año pudo cerrar con un superávit en la cuenta corriente. Quizás por eso, las alertas provenientes de un mercado petrolero en baja no tuvieron eco en las autoridades económicas, toda vez que los planes y proyectos para apuntalar la reactivación, que dependían del influjo de recursos externos, continuaron el ritmo previsto. La caída ocurrió, inevitablemente, en 1986 cuando los precios del petróleo se desplomaron en 50,5%, contribuyendo a la conformación de sendos déficit en cuenta corriente (4,3% del PIB) y en la gestión fiscal (5,4% y 8,3% del PIB, para el gobierno central y el sector público, respectivamente). Las reservas internacionales del BCV acusaron los efectos del shock y el instituto emisor perdió aproximadamente 30% de sus activos externos defendiendo la paridad cambiaria preferencial. Finalizando 1986, no había otra alternativa que devaluar, lo que finalmente ocurrió en diciembre, cuando el tipo de cambio oficial fue ajustado en 93%. 18 Cuarta crisis: 1988-89 Los factores fiscales y monetarios generadores de potenciales desequilibrios externos continuaron acumulándose en medio de un control de cambios que cada vez era más laxo en el otorgamiento de las divisas. Durante 1987, las políticas fiscal y monetaria siguieron manifestando la prioridad del crecimiento económico por sobre cualquier otro objetivo, ayudadas por un mercado petrolero con expresiones de recuperación. Ese año la economía cierra con un déficit de 2,2% del PIB en la cuenta corriente y 6,3% del PIB en el sector público. Como en una reiteración de la crisis anterior, en 1988, último año de ejercicio presidencial, las políticas fiscal y monetaria, en perfecta sintonía con los planes de expansión económica, inducen un descuadre total en las cuentas fiscales, las cuales cierran con un déficit cifrado en 8,6% del PIB. La cuenta corriente, por su parte, finaliza el año con un déficit equivalente a 9,1% del PIB, causado principalmente por un incremento de las importaciones cercano al 40%, resultado de las expectativas de devaluación y del probable abandono del control de cambios. En tales circunstancias, ocurrió el ataque contra las reservas internacionales administradas por el BCV. Pero se trataba de un ataque sui generis por cuanto existía un control de cambio y la intervención del BCV en el mercado libre de divisas, donde no había restricciones para su adquisición, era marginal. El impacto sobre las reservas provino de las expectativas generadas en el sentido de que el sistema de controles cambiarios estaba llegando a su final y de que la unificación y desregulación del mercado eran inevitables. Ello motivó que los importadores y deudores se abalanzaran contra las reservas internacionales, haciendo que el BCV perdiera el 30% de sus activos externos y dejando comprometida buena parte del saldo restante en cartas de crédito y convenios para servir la deuda externa a la tasa de cambio preferencial. En marzo de 1989, con el advenimiento de una nueva administración, hubo que introducir modificaciones substanciales a 19 la política cambiaria: Se abandonaron los controles y se unificaron los tipos de cambio, tomando como referencia una tasa de cambio abiertamente subvaluada como era la prevaleciente en el mercado libre de divisas, lo que implicó de facto una depreciación del más del 90%. No fue tanto, como sí lo fue en el caso de la experiencia anterior, un elemento externo el que desencadenó esta crisis. Se trató, de nuevo, de una crisis estructurada alrededor de políticas fiscales y monetarias absolutamente incompatibles con la vigencia de un régimen de cambio fijo, aunque matizado por la existencia de controles cambiarios. Quinta crisis: 1993-1994 Dos modalidades de arreglos cambiarios se aplicaron en Venezuela al abandonarse los controles. Entre febrero de 1989 y septiembre de 1992 la política cambiaria consistió en una flotación administrada del tipo de cambio y luego, entre octubre de 1992 y mayo de 1994, en un sistema de minidevaluaciones. Este último se adoptó con el objeto de garantizar el sostenimiento de un tipo de cambio real que le confiriera viabilidad al sector externo, tradicionalmente vulnerable a shocks y al manejo inadecuado de la política macroeconómica. Sin embargo, durante 1992 la política fiscal mantuvo un marcado corte expansivo, atribuible, por una parte, a la presión política existente en Venezuela resultado de dos intentos de golpe de estado (febrero y noviembre) y, por la otra, al convencimiento de los gestores de la política económica de que el país debía orientarse a la consecución de altas tasas de crecimiento para recuperar los niveles de ingreso per cápita de la década de los setenta. Ello resultó en un déficit fiscal del sector público de 5,5% del PIB, cuyos efectos sobre la demanda agregada intentaron ser mitigados por una política monetaria de carácter contractivo. Los últimos meses de 1992 y todo el año 1993 estuvieron marcados por la incertidumbre política y por las expectativas inciertas acerca del curso que tomaría la política económica de cara a una nueva administración que asumiría a comienzos de 1994. Debe apuntarse que en 1993, como consecuencia 20 de la naturaleza restrictiva de la política monetaria en defensa del sistema de minidevaluaciones, se ponen de manifiesto dos resultados no conocidos en las crisis anteriores: tasas de interés reales fuertemente positivas y un creciente endeudamiento interno del BCV en su intento por esterilizar los impactos de la política fiscal. Durante 1993 las tasas de interés reflejaron una volatilidad extraordinaria con tendencia al alza, como consecuencia del corte restrictivo de la política monetaria, alcanzando 16% en términos reales. En circunstancias en las cuales el sistema bancario había registrado un crecimiento importante, durante 1990-1992, y en ausencia de una adecuada supervisión y de normas previsionales sobre la calidad de los activos, los bancos comenzaron a confrontar problemas de liquidez, que tendían a agudizarse por la pérdida de depósitos producto de la presión sobre el mercado cambiario. Así, la conjunción, durante 1994, de una crisis cambiaria con una financiera queda bien representada por el sistema de Calvo, donde el rol del banco central como prestamista de última instancia agudiza la pérdida de reservas internacionales. Por otro lado, el BCV colocaba sus títulos en el mercado a objeto de drenar liquidez y de darle sostenibilidad al arreglo cambiario. De esta forma, la relación entre títulos del banco central en circulación y la base monetaria pasó de 54% en 1992 a 60% en 1993. Colocados a tasas reales positivas, estos títulos empezaron a constituir un serio problema para la administración de la política monetaria, por el efecto expansivo que sobre la base monetaria causaba la cancelación de los intereses. A comienzos de 1994, con la asunción del nuevo gobierno, las perspectivas económicas de Venezuela eran inciertas, como resultado de un déficit fiscal potencial producto de la subestimación de gastos en el proyecto de presupuesto, de la disminución de los precios del petróleo durante el primer trimestre y de la renuencia por parte del gobierno a aplicar el recién aprobado impuesto al valor agregado. Todo ello conformaba un cuadro de tensión fiscal que exacerbó las presiones sobre el mercado cambiario, a lo cual 21 se añadía la falta de un programa que definiera claramente la orientación de la política económica. El BCV intentó conjurar tales presiones mediante diversas modalidades de subastas pero todas ellas resultaron inefectivas para detener la demanda de cambio extranjero. La inestabilidad del sistema financiero se potenció cuando el segundo banco más importante del país fue cerrado en febrero de 1994. Ello propició una corrida de depósitos que comprometió la solvencia de las instituciones financieras, a la cual respondió el BCV, en su rol de prestamista de última instancia, con inyecciones masivas de liquidez. Se creó de esta forma un círculo vicioso: Por una parte, el BCV otorgaba auxilios financieros al sistema bancario para evitar su intervención y cierre y por la otra tenía que emitir pasivos para recoger la liquidez excesiva que actuaba sobre el mercado de cambios. Al final, los bancos en problemas no pudieron ser rescatados y ocho de ellos fueron cerrados en junio de 1994. Al cierre de ese año, el endeudamiento del BCV, medido por la relación entre títulos emitidos y base monetaria, se cifró en 140%, mientras que el costo de la crisis financiera alcanzó 13% del PIB. En el contexto de la fuerte caída de la demanda de dinero observada, el ataque especulativo representó una pérdida de reservas internacionales de US$ 3.790 millones (equivalente al 45% de los activos externos) entre enero y junio. A mediados de año, el BCV estaba virtualmente imposibilitado para continuar defendiendo el esquema de minidevaluaciones, el cual fue desechado el 27 de junio, cuando se cerró, literalmente hablando, el mercado cambiario. A partir del 9 de julio se instaura un control de cambios integral con una paridad única de Bs/US$ 170 para todas las transacciones, lo que implicó una devaluación de la moneda doméstica de 23% respecto al tipo de cambio de mayo, pero de 63% en relación a la cotización de diciembre de 1993. 22 Puede argumentarse que la aparición de esta crisis cambiaria obedeció no tanto a la inconsistencia de la política macroeconómica con el esquema de minidevaluaciones, sino más bien a la falta de definiciones precisas de política económica y al incubamiento de una crisis financiera propiciada por el debilitamiento del entorno macroeconómico y por la falta de una adecuada supervisión de las instituciones financieras (García, et. al., 1998), todo ello agravado por un proceso de endeudamiento violento del BCV en su intento por salvar al sistema bancario y preservar el funcionamiento del sistema de pagos. II.2. Caracterización de las crisis cambiarias en Venezuela Para catalogar los eventos anteriormente descritos como crisis cambiarias, se utilizaron tres criterios básicos: Primero, una caída abrupta de las reservas internacionales netas (RIN), segundo y consecuencia de lo primero, una fuerte devaluación del tipo de cambio y tercero, un cambio de régimen en la política cambiaria. CUADRO 2 CARACTERIZACIÓN DE LAS CRISIS CAMBIARIAS EN VENEZUELA Disminución de RIN Devaluación nominal (%) Abandono del régimen cambiario 1959-60 39 35 Sí 1982-83 60 178 Sí 1986 28 93 No 1988-89 30 90 Sí 1993-94 45 63 Sí Fuente: BCV 23 De la información contenida en el Cuadro 2, es evidente que los criterios arriba definidos para definir una situación como de crisis cambiaria se satisfacen completamente, con la excepción de lo ocurrido en 1986, período en el cual no se abandonó el esquema de controles cambiarios vigente para el momento. Como hecho estilizado de las crisis cambiarias en Venezuela, se puede mencionar la inconsistencia de las políticas fiscal y monetaria con la existencia de un esquema de tipo de cambio fijo, para cuyo sostenimiento es indispensable que las cuentas del sector público se mantengan en equilibrio y que prevalezca la disciplina monetaria. Esto se desprende de las experiencias de 1982-83, 1986 y 1988-89. Sin embargo, en el caso de la crisis de 1959-60, fue principalmente un shock de naturaleza política el principal elemento que explica la generación y desencadenamiento de esa crisis, por cuanto las autoridades económicas siempre estuvieron comprometidas a respetar el equilibrio fiscal y a aplicar una prudente política monetaria. Por otro lado, en la crisis de 1993-94, además de algunos elementos de indisciplina fiscal, la evidencia sugiere que los factores que promovieron la irrupción de la crisis fueron la crisis financiera y la incertidumbre derivada de la falta de definiciones en materia de política económica. 24 III. Flujos de capital en Venezuela En el Cuadro 3 se presenta una cuantificación de los flujos de capital de corto plazo en Venezuela, medidos a través de los rubros de la cuenta de capital de corto plazo del sector privado más la partida de errores y omisiones. Estos flujos presentan una tendencia definida desde la década de los ochenta, situación que no parece haberse revertido con los intentos de liberalización y apertura económica iniciados a comienzo de los años noventa. CUADRO 3 FLUJOS DE CAPITAL DE CORTO PLAZO (MILLONES DE US$) PROMEDIOS ANUALES POR DÉCADA 1960-1969 -174 1970-1979 797 1980-1989 -1.918 1990-1997 -2.281 Fuente: BCV Hasta 1957, la economía venezolana no parecía haber experimentado salidas de capital de importancia, a juzgar por los saldos positivos de las transacciones de capital. Es a raíz de la incertidumbre que transitoriamente se generó en Venezuela entre 1958 y 1961, cuando pueden contabilizarse flujos importantes de capital destinados a la adquisición de títulos y depósitos en el exterior. Una vez 25 recuperada la estabilidad política y económica, Venezuela retoma en los años sesenta el camino del crecimiento con estabilidad de precios y equilibrio externo. Durante la década de los setenta, la economía venezolana recibió importantes influjos de capital tanto de largo como de corto plazo, explicados por el auge que experimentaba el sector petrolero y por los grandes proyectos de inversión en las empresas básicas del Estado, las cuales hacían suponer un crecimiento futuro sostenido. Sin embargo, un manejo macroeconómico inapropiado desde finales de los años setenta, que habría de reflejarse en altas tasas de inflación, comenzó a cuestionar la solidez de las cuentas externas. En efecto, en un contexto de tipo de cambio fijo, la moneda tendía a sobrevaluarse, lo que creaba expectativas de que en cualquier momento se efectuaría una corrección del tipo de cambio. Estas expectativas se acentuaron a comienzos de los años ochenta, cuando se hace presente, en 1982, la crisis de la deuda en México, lo que cerró los flujos de financiamiento a las economías de América Latina. De esta forma, la economía venezolana presenció una salida de capitales que parecía indetenible, no obstante las alzas de las tasas de interés que indujo el BCV en el segundo semestre de 1982, en un intento por recomponer el rol del bolívar como reserva de valor (Rodríguez, 1985). En febrero de 1983 las autoridades tuvieron que adoptar un control de cambios como instrumento para retener el ahorro interno. Cabe destacar, que bajo el esquema de tipos de cambios diferenciales adoptado, en el segmento de mercado libre se permitían sin ningún tipo de restricciones todas las transacciones comerciales y de capital que no tenían cabida en el mercado preferencial. Ello posibilitó, ante la falta de ajuste macroeconómico y la consiguiente persistencia de la inflación, que los capitales continuaran su tendencia a salir, no obstante la abierta subvaluación del tipo de cambio en el mercado libre. Un factor adicional que estimuló los flujos de capital en ambos sentidos fue el margen existente entre las tasas de cambios de am26 bos mercados, libre y controlado, cuya magnitud relativa llegó a alcanzar más del 100% durante prácticamente todo el período de vigencia del control de cambios. Obtener divisas en el mercado preferencial, mediante cualquier subterfugio, para luego transarlas en el mercado libre, se convirtió en una práctica habitual en vista de la elevada ganancia esperada. Después de la adopción de una nueva política cambiaria en 1989 en el marco de un plan de estabilización apoyado por el FMI, se registraron entradas de capital de mediano y largo plazo en presencia de la apertura de la economía y de los procesos de privatización iniciados. Sin embargo, la información disponible sugiere que los capitales de corto plazo no tuvieron el mismo comportamiento, no obstante el pronunciado diferencial de tasas de interés interna-externa. Ello es consistente con alguna evidencia empírica según la cual la economía venezolana muestra un grado importante de inmovilidad de capital (Guerra y Zavarce, 1993). Así, durante la década de los noventa, en el agregado, no se han revertido las salidas de capital de corto plazo que desde comienzos de los ochenta signan a la economía venezolana. Una cuantificación más detallada de esos flujos de capital, como la presentada en el Cuadro 4, permite aseverar que inmediatamente después de desmontarse los controles cambiarios que estuvieron vigentes entre junio de 1994 y abril de 1996 y adoptarse el sistema de bandas de fluctuación, se observó un importante influjo de capital motivado principalmente por la estabilidad del tipo de cambio y las altas tasas de interés internas. Ciertamente, la conjunción de un mercado petrolero favorable desde finales de 1995 y la firma de un acuerdo con el FMI, le otorgaron al sistema de bandas cambiarias las condiciones necesarias para garantizar la estabilidad del tipo de cambio en su interior. Adicionalmente, los elevados niveles de tasas de interés internas registrados al adoptarse un nuevo programa económico e instaurarse el nuevo esquema cambiario, hicieron que el arbitraje de tasas de interés favoreciera la entrada de capitales de muy corto plazo en búsqueda de altos rendimientos y sin grandes riesgos de devaluación. 27 No obstante lo anteriormente señalado, es importante destacar la alta volatilidad de esos flujos de capital de corto plazo y su alta sensibilidad a eventos económicos que ocurren más allá de las fronteras del país que recibe la inversión, como ha quedado recientemente evidenciado con la crisis asiática. CUADRO 4 FLUJOS DE CAPITAL DE CORTO PLAZO (MILLONES DE US$) 1996.I -1.023 1996.II 663 1996.III -205 1996.IV 1.236 1997.I 1.234 997.II -708 1997.III -925 1997.IV -2.165 1998.I -2.394 1998.2 -982 Fuente: BCV 28 IV. Control a los flujos de capital: justificación y dificultades1 Como se mencionó anteriormente, la economía venezolana recibió importantes flujos de capital al inicio del nuevo programa económico iniciado en abril de 1996, debido a la estabilidad del tipo de cambio y a las altas tasas de interés internas. La percepción de que esos influjos de capital podían tener efectos contrarios al objetivo de bajar substancialmente la inflación, motivó una discusión acerca de los efectos que esas entradas de capital causan sobre el equilibrio interno y externo de la economía. Es notoria la incapacidad de las pequeñas economías abiertas para absorber productivamente una masa de recursos financieros sin que se generen efectos reales y financieros indeseados. Esas corrientes de capital, canalizadas a través del mercado cambiario y bursátil, tienden a crear burbujas especulativas y a causar dilemas importantes de política a los gestores de la economía. Si las autoridades no intervienen en el mercado cambiario, el tipo de cambio nominal tiende a apreciarse, y consecuentemente el tipo de cambio real, deteriorando la cuenta corriente. Contrariamente, si las autoridades deciden intervenir, se acumulan reservas internacionales, lo que propicia una expansión monetaria capaz de generar un auge imprudente de la demanda agregada, con lo cual se compromete igualmente la viabilidad del sector externo, esta vez debido a las presiones inflacionarias. Por otro lado, si las autoridades optan por esterilizar los influjos de capital con el objeto de preservar la estabilidad monetaria, ello no estaría garantizado, toda vez que la esterilización mantiene altas las tasas de interés, reforzando las ya elevadas entradas de capital. Esto da lugar a un círculo vicioso según el cual en el intento por impedir la 1 Esta parte del trabajo se basa en BCV (1996a y 1996b). 29 monetización de las entradas de capital, el banco central termina acumulando un nivel de endeudamiento que posteriormente se expresará en expansión monetaria. Si ese nivel de endeudamiento es percibido como insostenible, los agentes económicos anticiparán su monetización y la inflación se acelerará. Tomando en cuenta los efectos indeseados anteriormente expuestos, la imposición de determinadas regulaciones a los flujos de capital parece una alternativa razonable para facilitar el manejo monetario en una pequeña economía abierta. Además, puede argumentarse que esos controles contribuirían a mejorar la calidad y el perfil del endeudamiento, al favorecer las obligaciones de largo plazo y la inversión directa. Asimismo, otorgarían margen para un manejo más independiente de la política monetaria, por cuanto la tasa de interés interna podría llegar a ser mayor que la internacional sin que ello implique influjos de capital, con sus efectos contrarios a los que se quisieron alcanzar con el alza de las tasas. A pesar de las aparentes ventajas que representa un control sobre las entradas de capital, el logro del objetivo no siempre resulta obvio. En primer lugar, no es fácil regular los flujos de capital de corto plazo, por cuanto ellos adquieren una diversidad de modalidades que no siempre resultan claras de identificar. En segundo término, surge la interrogante sobre cuáles criterios utilizar para clasificar una inversión como de corto, mediano o largo plazo. Finalmente, cabe destacar que esos controles acarrean costos y demandan la vigencia de un sistema estadístico que sea capaz de contabilizar al detalle las transacciones de capital objeto de regulación. Una de las restricciones que confronta el uso de regulaciones a los flujos de capital en Venezuela lo constituye el hecho de que el BCV se ha encontrado con trabas para exigir compulsivamente de las instituciones pertinentes la información sobre todas y cada una de las transacciones externas. Si esta información básica no se puede obtener, es difícil pensar que pueda imponerse algún tipo de control eficaz. Ello sugiere que, previamente a la instauración de cualquier tipo de control, deben introducirse reformas para fortalecer el mandato 30 legal del banco central, a fin de que éste pueda tener mejor acceso a la información relevante sobre la composición, plazo y destino de los flujos de capital. 31 Conclusiones Luego de describir varios modelos teóricos que explican desde distintos ángulos las crisis de balanza de pagos, en este trabajo se ha pasado revista a la experiencia cambiaria venezolana. Se destaca que, en Venezuela, como regla general, las crisis cambiarias han tenido su origen en la inconsistencia de la política macroeconómica con el sostenimiento del esquema de tipo de cambio fijo. En efecto, salvo lo acontecido entre 1959 y 1960, cuando imperaron factores políticos en el desencadenamiento del colapso cambiario, en cada uno de los episodios estudiados resalta como causa generadora de la crisis la incurrencia en déficit fiscales que terminan incidiendo sobre la viabilidad de la cuenta corriente y sobre la sostenibilidad del acuerdo cambiario. En consecuencia, o bien se ha aplicado un control de cambio acompañado de una devaluación de la moneda, o bien la depreciación ha resultado de la instauración, aunque sólo temporal, de un régimen cambiario flexible. También se han hecho algunas consideraciones en torno a los flujos de capital de corto plazo que en el pasado cercano se han observado en Venezuela, notándose como en las últimas dos décadas de poca estabilidad y desbalance económico, los flujos netos de capital de corto plazo han sido negativos, no obstante que en aquellas coyunturas consideradas favorables por los inversionistas se hayan registrado importantes entradas fugaces de “capitales golondrina”. Han sido precisamente las apariciones coyunturales de tales capitales y sus efectos indeseados sobre la estabilidad económica, lo que ha sugerido que la aplicación de eventuales controles sobre los flujos de capital pueda ayudar al manejo de la política monetaria, siempre que se introduzcan algunas reformas legales y de procedimiento que fortalezcan la posición del BCV como ente supervisor de las transacciones externas. 32 Referencias bibliográficas BANCO CENTRAL DE VENEZUELA (BCV), (1961): Memoria, 1961. BANCO CENTRAL 1981. DE VENEZUELA (BCV), (1981): Informe Económico, BANCO CENTRAL DE VENEZUELA (BCV), (1996a): Entradas netas de capital en Venezuela. Mimeo, agosto. BANCO CENTRAL DE VENEZUELA (BCV), (1996b): Entradas de capital en Venezuela: Identificación y lineamientos de política. Mimeo, octubre. CALVO G. (1995): Varieties of Capital Market Crisis. University of Maryland. Unpublished document. March. DORNBUSCH R. (1976): Expectation and Exchange Rate Dynamics. Journal of Political Economy. DORNBUSCH R. (1987): Collapsing Exchange Rate Régimes. Journal of Development Economics, Vol. 27. FLOOD R. Y P. M. GARBER (1984): Collapsing Exchange Rate Régimes: Some Linear Examples. Journal of International Economics, Vol. 17. GARCIA G., ET. AL. (1998): Lecciones de la crisis bancaria de Venezuela. Ediciones IESA. GUERRA J. Y ZAVARCE H. (1993): Movilidad de capital y política monetaria en Venezuela. Cuadernos BCV, Serie Técnica, Nº 3. GUERRA J. (1997): Síntesis de la política cambiaria en Venezuela. Monetaria, Vol. XX, Nº 1. Enero-Marzo. KRUGMAN P. (1979): A Model of Balance of Payments Crisis. Journal of Money, Credit and Banking, Vol. 11. 33 RODRÍGUEZ M. (1985): El verdadero origen del endeudamiento externo venezolano. Revista CEV, Nº 10, abril. S ALANT S. AND H ENDERSON D. (1978): Market Anticipation of Government Policies and the Price of Gold. Journal of Political Economy, N° 4. 34 Colección Banca Central y Sociedad Serie Documentos de Trabajo 1. Un indicador monetario adelantado de la actividad económica, Rosana Zerpa (Telf.: 801.58.23, Fax: 58-2-801.33.93-861.00.48). 2. El nivel óptimo de reservas internacionales, Enid Blanco y Alexi Córdoba (Telf.: 801.81.29, Fax: 58-2-801.33.93-861.00.48). 3. El mecanismo de transmisión de la política monetaria en Venezuela, José Guerra, Pedro César Rodríguez y Gustavo Sánchez (Telf.: 801.52.07, Fax: 58-2-801.33.93-861.00.48). 4. Un modelo del mercado laboral venezolano, Edgar Loyo (Telf.: 801.52.14, Fax: 58-2-801.33.93-861.00.48). 5. Relación de precios al mayor y detal: su contribución a explicar la dinámica del proceso inflacionario en Venezuela, José Ignacio Silva (Telf.: 801.55.64, Fax: 58-2-801.33.93-861.00.48). 6. Demanda de dinero mensual, Virginia Cartaya, Elba Roo y Gustavo Sánchez (Telf.: 801.55.25, Fax: 58-2-801.33.93-861.00.48). 7. Análisis comparativo del régimen laboral derogado y vigente, María Fernanda Hernández, (Telf.: 801.55.64, Fax: 861.00.48). 8. El papel de la estructura financiera en la transmisión de la política monetaria, Edgar Rojas, Pedro César Rodríguez, (Telf.: 801.57.62, Fax: 861.00.48). 9. El fondo de rescate de la deuda: ¿una estrategia de estabilización macroeconómica? Análisis crítico del caso Venezuela, Reinier A. Schliesser R., (Telf.: 801.55.33, Fax: 861.55.33). 35 10. Sobre la evolución y los determinantes de la pobreza en Venezuela, José Ignacio Silva y Reinier Schliesser (Telfs.: 801.55.6455.33, Fax: 861.55.33). 11. Credibilidad y persistencia de la inflación en Venezuela, Miguel Dorta, José Guerra y Gustavo Sánchez (Telf. 801.52.07, Fax: 801.33.93-861.00.48). 12. Política de intervención y formación de expectativas en el mercado cambiario, Rosana Zerpa, Fernando Alvarez, Hermes Pérez, Francisco Sáez y Régulo Sardi. (Telfs. 801.58.23, Fax: 58-2-801.33.93-861.00.48). 13. Modelos de series de tiempo para predecir la inflación en Venezuela, José Guerra, Gustavo Sánchez y Belkis Reyes (Telf.: 801.52.07, Fax: 801.33.93-861.00.48). 14. La evolución de la pobreza en Venezuela, José Ignacio Silva y Reinier Schliesser (Telfs.: 801.55.64-55.33, Fax: 861.55.33). 15. Crisis cambiarias y flujos de capital en Venezuela, José Guerra y Oswaldo Rodríguez (Telf.: 801.52.07, Fax: 801.33.93-861.00.48). 36 Este Nº 15 de la serie Documentos de Trabajo, en edición de 100 ejemplares, se terminó de imprimir en los Talleres de impresión del BCV, durante el mes de diciembre de mil novecientos noventa y ocho. 37