Filosofem > Filosofía > 1º BACH: Bloque 3. El conocimiento > Pensamiento, Lenguaje y Realidad Pensamiento, Lenguaje y Realidad ¿Es lo mismo el concepto "luna", la parabra "luna" y el objeto "luna"? ¿Qué relación hay entre el concepto, la palabra y el objeto?? Sábado 23/08/2008, por Àngels Varó Peral “Nada existe. Si alguna cosa existiera, sería incognoscible; y si la pudiéramos conocer, no la podríamos comunicar” (Gorgias) Con este tema nos acercaremos a los conceptos "pensamiento", "lenguaje", "realidad y a las relaciones existentes entre ellos. Sobre este tipo de cuestiones se ocupan la filosofía del lenguaje y la filosofía de la ciencia. 1. Definición de los conceptos ’pensamiento’, ’lenguaje’ y ’realidad’ 1.1 Pensamiento A menudo entendemos “pensar” y “pensamiento” como si fueran sinónimos. Pero, a veces, diferenciamos entre la actividad de pensar y los resultados obtenidos de esta actividad para comprender mejor qué es el “pensamiento”. Pensar. Es el proceso mental por el cual, los seres humanos, en contacto con la realidad material y social, elaboramos conceptos, los relacionamos entre sí y adquirimos nuevos conocimientos. La tradición filosófica ha considerado la abstracción como la actividad con la que elaboramos los contenidos del pensamiento. La abstracción es una operación de la mente que separa, de los objetos percibidos por los sentidos, una característica, esencial o accidental, que no tiene existencia independiente del objeto al que pertenece, pero que representa su naturaleza o una propiedad suya, o lo que hay de común entre varios objetos. El resultado de la abstracción (aquello que se abstrae) es el concepto, que nos permite entender qué son las cosas. Pensamiento. Es el resultado del proceso mental que hemos denominado "pensar". No hace falta que sea una realidad independiente de la mente; pero sí tiene que ser comunicable o expresable con el lenguaje. Las formas básicas de pensamiento contempladas por la lógica tradicional son el concepto, el enunciado (idea) y el razonamiento (argumentación). Los conceptos nos sirven para: Clasificar los objetos encuadrándolos en nuestra experiencia anterior del mundo. Esto nos permite reconocer como un perro, como un árbol, como un triángulo... las distintas cosas que vemos. Adaptar más fácilmente nuestra conducta ante los objetos, de acuerdo con nuestra experiencia anterior. Por ejemplo, si vemos una cosa y la reconocemos como una paloma, sabemos que podemos pasar por su lado sin correr ningún peligro. Ambas ventajas –reconocimiento de objeto y conducta apropiada ante él– van unidas. Operar. La posesión y la utilización de conceptos posibilita hacer operaciones mentalmente que nunca podrían ser realizadas física y directamente sobre los objetos mismos. Por ejemplo, cuando hagamos una afirmación de carácter general como "todos los perros son mamíferos", realizamos conceptualmente una operación cuya realización física consistiría en reunir a todos los perros e introducirlos en el conjunto de los mamíferos. 1.2 Lenguaje El lenguaje es una facultad propia de los seres humanos, instrumento del pensamiento y de la actividad, y el más importante medio de comunicación. Es un instrumento sumamente elaborado y complejo, organizado en varios niveles y creativo, con el cual podemos expresar verbalmente una cantidad no limitada de ideas, sensaciones, situaciones, etc.; y también aludir las cosas y las situaciones en su ausencia. Con el lenguaje, reducimos y ordenamos las percepciones del entorno. Edward Sapir, en El lenguaje (1966) dice que: El lenguaje es un método exclusivamente humano, y no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos mediante un sistema de símbolos producidos de manera deliberada. Estos símbolos son, antes que nada, auditivos, y son producidos por los llamados "órganos del habla". Por su parte, Noam Chomsky, en Lingüística cartesiana, afirma: El lenguaje humano está libre del control de los estímulos y no sirve para una simple función comunicativa, sino que más bien es un instrumento para la libre expresión del pensamiento y para la respuesta adecuada ante situaciones nuevas. Utilizamos el lenguaje cómo: Medio de expresión: el uso temprano consiste en sonidos que expresan sentimientos; más tarde utilizamos palabras; Medio de regulación de la acción: la acción queda bajo control verbal; los y las niñas se dan instrucciones a sí mismos sobre lo que están haciendo, tanto más cuanto más difícil es la tarea; a partir de los 6-7 años, este hablarse a sí mismo es sustituido por el pensar silencioso; Medio de comunicación; Medio de representación: pensamiento simbólico, para el que es necesario la palabra. 1.3 Realidad En general, denominamos realidad aquello que es o existe de una manera actual u objetiva, por oposición a lo que es una apariencia, una ilusión o una ficción, o a lo que es meramente posible o ideal, o subjetivo. Normalmente, y desde la cordura, se entiende que la realidad es aquello que pertenece al mundo dónde vivimos y, por lo tanto, lo que existe en el espacio-tiempo. Ahora bien, la aplicación rigurosa de esta noción espontánea nos lleva a confundir la realidad con aquello “independiente” de la mente o con lo que es material o empírico, es decir, aquello que puede ser conocido por los sentidos. Si la realidad fuera esto, muchas de las cosas por las cuales los seres humanos nos interesamos e incluso luchamos carecerían de realidad. Así, pues, aunque la cordura percibe la realidad como aquello observable empíricamente, no sólo lo observable empíricamente es real. En efecto, denominamos “real” a aquello cuya existencia externa es objetivamente independiente de nuestro pensamiento y de nuestra observación a través de una verificación intersubjetiva. Así, no sólo son reales los objetos externos, sino también algunas de sus propiedades (realismo científico) y de sus principios materiales internos: no sólo es real, por ejemplo, la mesa, sino también los elementos químicos que la componen y las partículas atómicas y subatómicas a las cuales se reducen sus elementos químicos. No podemos afirmar, pues, que la realidad se identifica sin más con lo que es físico, material o empírico. 2. Interrelaciones entre pensamiento, lenguaje y realidad ¿Cuál es la relación entre el pensamiento y el lenguaje? ¿Son el mismo? Si no lo son, ¿cómo se relacionan? Como ya hemos visto, el pensamiento se caracteriza por la utilización de conceptos y los seres humanos poseemos una amplia red de conceptos y, con ella, un sistema de clasificación de los objetos, calidades, etc. que componen el mundo. Añadamos ahora otro hecho obvio: esta red de conceptos se encuentra registrada y fijada en las palabras que componen el vocabulario de la lengua que hablamos. De aquí que nos preguntamos por las relaciones entre el pensamiento y el lenguaje. Cuatro han sido las posturas tomadas ante este problema: El pensamiento es lenguaje. John B. Watson (conductista), afirmó la identidad de ambos procesos y negó la posibilidad de pensar a todos los seres que carecen de lenguaje. El pensamiento depende del lenguaje. Sapir y Whorf sostuvieron que el lenguaje no es un simple instrumento de comunicación de ideas, sino que determina la formación de ideas. El lenguaje depende del pensamiento. Jean Piaget, cognitivista, subordinó el desarrollo del lenguaje al desarrollo del pensamiento. Interdependencia entre pensamiento y lenguaje. Lëv S. Vygotski sostuvo que ambos procesos dependen el uno del otro. Cómo se relacionan el lenguaje y la realidad. Es el mismo la palabra "luna" que lo objeto "luna"? Qué relación hay entre el "significado" y el "referente". Teorías del significado (las teorías del significado son teorías sobre las relaciones entre el lenguaje, el conocimiento y la realidad). Teoría referencial Bertrand Russell (1872-1970): “Cuando preguntamos qué constituye el significado..., preguntamos, no quién es el individuo significado, sino qcuál es la relación entre la palabra y el individuo que permite a la primera significar el último” (Análisis de la mente). La teoría referencial defiende que el significado del lenguaje sólo puede ser aclarado cuando indicamos aquello a que se aplica (denotación) o aquello de lo que puede afirmarse (connotación). No podemos decir, simplemente, que el significado es el referente, pero sí que no conocemos el significado de las palabras hasta que no conocemos a las personas o las cosas de las que se habla. La “teoría de la representación” de Ludwig Wittgenstein (1889-1951): En el Tractatus Logico-Philosophicus (1918) sostiene que el lenguaje tiene la propiedad de representar, como un espejo, la realidad del mundo; el lenguaje es imagen del mundo porque tiene capacidad pictórica, o capacidad de representación o configuración (Abbildung); cuando mediante proposiciones describe hechos, sus elementos “reproducen” y “representan” la misma relación que establecen los objetos en los hechos atómicos. Lo que hace posible este isomorfismo entre lenguaje y realidad es la participación en una misma figura lógica. Teoría verificacionista. Sobre el significado, el positivismo lógico sostenía: Los enunciados analíticos se verifican o se falsan simplemente al apelar a las definiciones de los signos usados en ellos. Si resultan ser tautologías, serán verdaderos; si resultan ser contradicciones, serán falsos. Los enunciados sintéticos, que amplían el conocimiento sobre el mundo, pueden ser verificados o falsados por observación empírica, esto es, por la evidencia de los sentidos. No son más que hipótesis sobre nuestra experiencia futura. Los enunciados de la ciencia, de la historia y de la cordura son significativos de acuerdo con este criterio. Los enunciados de la filosofía no serían verificables en ninguno de los dos sentidos, por lo que no son empíricos, no producen información y no son significativos: al contrario, carecen de sentido. Teoría causal o psicológica. El significado del lenguaje tiene que ver con su disposición a causar, o estar causado, por ciertos procesos psicológicos en quienes escuchan, o en quienes hablan. El significado como uso: el segundo Wittgenstein En Investigaciones Filosóficas (1949), el lenguaje no refleja el mundo ni tiene como único objetivo describir el mundo: no es sino una forma de conducta entre otras, con pluralidad de funciones: ordenar, describir, informar, hacer conjeturas, contar historias, hacer teatro, contar chistes, adivinar enigmas, etc., cada una de las cuales puede describirse como un “juego de lenguaje” (Sprachspiel). Las proposiciones son significativas no porque sean (sólo) “figuras” de la realidad, sino porque son expresiones de estos “juegos de lenguaje”. Por eso, el significado hay que buscarlo, no en la verificabilidad de lo que se dice, sino en el “uso” que se hace de las palabras: “El significado de una palabra es el uso que de la misma se hace en el lenguaje” (IF, 43). En definitiva, es el contexto el que da sentido a las palabras. El segundo Wittgenstein: reflexiones sobre el lenguaje. La relación entre pensamiento y realidad. ¿El pensamiento puede "representar" la realidad? ¿Podemos conocer la realidad? ¿Cuál es el origen y cuáles son los límites del conocimiento? ¿Cómo conocemos? ¿Cómo sabemos que la Tierra es como una pelota flotante en el Espacio? Y, ¿cómo sabemos que esto es verdad? ¿Cuáles son los criterios de verdad? El conocimiento. El conocimiento se produce en la relación que se establece entre un sujeto y un objeto cuando el sujeto aprehende la realidad del objeto. Origen y límites del conocimiento. Racionalismo. El racionalismo es la actitud filosófica de confianza en la razón, que exalta su importancia y la independiza de su vínculo con la experiencia. La actitud racionalista parte del convencimiento que la realidad es inteligible y, por lo tanto, el pensamiento puede dar explicación de ella. El racionalismo moderno (Descartas, Espinosa y Leibniz) representa una visión general del mundo y del conocimiento armoniosa, ordenada, racional, geométrica y estable, basada en el pensamiento metódico (de la duda o del método more geométric), la claridad de ideas (principio de evidencia) y la creencia en la estabilidad de las ideas (la doctrina sobre la sustancia). Las principales características del racionalismo moderno son: plena confianza en la razón, búsqueda de un nuevo método, subjetivismo y mecanicismo. Para el racionalismo, el poder de la razón radica en la capacidad de sacar de sí misma las verdades primeras y fundamentales (ideas innatas, en el caso de Descartas, Espinosa y Leibniz; verdades a priori en el caso de Kant), a partir de ellas, y mediante deducción, es posible obtener todas las otras verdades, y construir el "sistema" del mundo. La razón es una facultad sistemática y coincide con la realidad. La doble característica de la presencia de verdades universales y necesarias, por un lado, y de la posibilidad de deducir otras verdades de unas primeras innatas o a priori, dio al racionalismo su carácter dogmático: el Entendimiento es capaz de conocer todas o muchas verdades, con certeza deductiva. El conocimiento humano no posee límites reconocidos. Es posible conocerlo todo si utilizamos correctamente nuestra razón. La confianza en la razón es tal que se acepta su valor sin previa crítica; es, como dirá Kant, una razón dogmática. Empirismo. Actitud filosófica que afirma que las ideas, y el conocimiento en general, provienen de la experiencia. Representa una visión del mundo dinámica, interesada por la utilidad del saber, innovadora en teorías del conocimiento y de la sociedad. El empirismo clásico (John Locke, 1632-1704; George Berkeley, 1685-1753; y David Hume, 1711-1776). Tesis fundamentales : No hay ideas innatas. Antes de toda experiencia, el Entendimiento es una tabula rasa. Las ideas simples se originan por la experiencia externa (sensación) o por la interna (reflexión); a partir de ellas, el Entendimiento hace ideas complejas. Todas nuestras ideas vienen de la experiencia: lo que denominamos “ideas” no son sino lo que queda en la mente después de una “impresión” sensorial directa (es decir, las ideas son como “recuerdos debilitados” de percepciones). Pensar es hacer asociaciones entre ideas. Así, el empirismo afirma a la vez la prioridad temporal del conocimiento sensible (el conocimiento empieza con la experiencia) y su prioridad epistemológica (la experiencia tiene que justificar el conocimiento. Apriorismo. El apriorismo sostiene que la verdad de un enunciado no se establece a posteriori, recurriendo a la experiencia, sino a priori, es decir, como una verdad universal y necesaria independiente de la experiencia. Immanuel Kant (1724-1804). El conocimiento no puede ser explicado sólo con la Razón ni tampoco con la sola experiencia: Todo conocimiento empieza con la experiencia, pero no todo él procede de la experiencia. Es decir, sólo podemos conocer aquello que podemos percibir (a favor del empirismo). Pero al analizar el contenido de nuestro conocimiento encontramos elementos que no pueden proceder de la experiencia, sino que son independientes de ella. Lo que es independiente de la experiencia (en nuestro conocimiento) es denominado por Kant el a priori del conocimiento, y es algo puesto por la mente. En este punto, Kant se separa del empirismo: para éste, la mente es como una tabula rasa; para Kant, la mente posee formas o estructuras cognoscitivas propias y, por lo tanto, no es una tabula rasa. Pero estas estructuras a priori no son “ideas innatas” (contra el racionalismo), sino únicamente estructuras vacías que se tienen que llenar con los datos aportados por la experiencia. Por ejemplo: cuando decimos “el frío congela el agua”, hemos formulado un conocimiento basado en la experiencia; pero si analizamos este enunciado encontraremos elementos que no proceden de la experiencia. El enunciado presupone los conceptos (que Kant denomina categorías) de “causa” (frío) y “efecto” (congela), de “sustancia” (el agua). De aquí el apriorismo: con anterioridad a toda experiencia posible, la mente humana aporta la posibilidad misma de que algo sea conocido como objeto, al hacerlo objeto del espacio y del tiempo, y al someterlo a las reglas del pensamiento. Conocer es ordenar lo caótico mediante la sensación y el pensamiento; y no hay experiencia, y ni siquiera Naturaleza, sin la acción ordenadora de la mente humana. ¿Conocemos la realidad misma o sólo su representación? Los problemas planteados son: ¿Qué es lo que conocemos directamente? ¿Las cosas? ¿Las ideas? ¿Son las idees copias exactas de las cosas? Si no es así, ¿qué relación existe entre las cosas y las ideas? Las corrientes filosóficas que responden a estas cuestiones son: El realismo. El realismo sostiene que hay un mundo exterior (realismo ontológico) que puede ser conocido (realismo epistemológico) El realismo filosófico afirma la existencia de un mundo real independiente del pensamiento y de la experiencia, pero reconoce que no percibimos las cosas tal como son en la realidad. La relación entre la representación y su objeto es de correspondencia. Las llamadas cualidades sensibles de las cosas (color, olor, sabor...) no son más que “interpretaciones” sensoriales de estímulos físicos reales que proceden de las cosas. El antirrealismo: Idealismo. Afirma que no conocemos directamente la realidad (las cosas), sino únicamente su representación. Coincide con el realismo filosófico en que nuestras representaciones se corresponden con las cosas en sí mismas. Nos representamos las cosas “como son” (aunque no las conozcamos directamente). Nuestra mente es como un teatro donde se “re-presenta” el mundo. Fenomenismo. El fenómeno (lo que podemos percibir de las “cosas en si”) es la única realidad y la única cosa que puede ser conocida (Kant). Instrumentalismo. Las teorías científicas no son ni verdaderas ni falsas, sino instrumentos para predecir. Se opone al realismo científico. Según el realismo científico, las teorías científicas describen “realidades” con conceptos observacionales. Por lo tanto, las teorías científicas pueden ser verdaderas o falsas. Para el instrumentalismo, las ciencias no pueden ser una descripción verídica de la realidad, porque distinguen entre conceptos observacionales (por ejemplo, ’rojo’) y conceptos teóricos (por ejemplo, ’átomo’): los primeros, pueden describir “verdaderamente” el mundo real; los segundos, no son más que simples ficciones útiles para efectuar cálculos con comodidad. El criterio de verdad Verdad, del latín voretes –que indica la exactitud y el rigor en el decir– traduce la palabra griega alétheia, que significa “lo que está oculto”, “lo que es patente”. Primitivamente, la verdad fue entendida como una propiedad de las cosas. Más tarde, fue considerada una propiedad del Entendimiento: es él el que tiene que “desvelar” qué son las cosas. Tal concepción apareció claramente con Aristóteles y fue aceptada por buena parte de la filosofía posterior. Teorías de la verdad. ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que un enunciado es verdadero? La verdad como correspondencia. Entiende la verdad como una relación de correspondencia entre una proposición y un hecho. La verdad es una propiedad de los enunciados, que consiste en una relación de coincidencia entre el enunciado y el hecho, o entre el pensamiento y la realidad. Un enunciado es verdadero si su significado describe los hechos tal como los conocemos o interpretamos; es falso si no lo hace. En consecuencia, la verdad es, antes que nada, una propiedad del discurso declarativo; la verdad o la falsedad pertenecen a los enunciados o proposiciones y no a los hechos. Es, pues, un concepto puramente epistemológico. La correspondencia puede entenderse en dos sentidos: Sentido estricto (correspondencia como congruencia): el enunciado es una copia de la realidad, es como un espejo donde se refleja la realidad, y la estructura del enunciado corresponde a la estructura de la realidad. (Platón y Russell). Sentido amplio (correspondencia como correlación): el sentido global del enunciado coincide con el hecho. (Aristóteles y J.L. Austin). Teoría de la verdad como coherencia. Teoría sostenida, principalmente, por las ciencias formales, según la cual una proposición o enunciado es verdadero cuando es compatible con un conjunto coherente de proposiciones o enunciados, o deducible de los axiomas. Así, por ejemplo, la verdad del teorema de Pitágoras no depende de su aplicabilidad a la realidad, sino de que se deduce de los axiomas y postulados de Euclides; dentro de otro conjunto de axiomas podría ser falso o vacío de significado. Cuando este criterio de verdad se aplica a otros ámbitos, no meramente formales, el conjunto de enunciados aludido es el conjunto de los enunciados que se consideran verdaderos. Teoría pragmática de la verdad. El significado de un concepto o de un enunciado se ve en la práctica. William James (1842-1910), entiende la verdad como una propiedad de toda proposición o enunciado –James habla de “creencias”– que en la práctica funcionan, resultan o tienen consecuencias útiles. Esta utilidad no tiene que entenderse en un sentido meramente tecnológico o práctico de alcance inmediato, sino en un sentido mucho más amplio. Criterios de verdad. El criterio de verdad es una norma, método o regla que nos permite decidir cuando un enunciado es verdadero o no. Los criterios que hasta ahora han sido propuestos son: La coherencia. Este criterio es adecuado para los enunciados formales (los que no hacen referencia a la realidad) de la lógica y de las matemáticas. Un enunciado es “verdadero” cuando se deriva correctamente de los principios o axiomas establecidos y no está en contradicción con el conjunto de enunciados del sistema. También se aplica a enunciados sobre la realidad. Así, en la ciencia física, un enunciado puede ser “verdadero” cuando está de acuerdo con el conjunto de enunciados ya aceptados como fiables. La evidencia. Es decir, la absoluta claridad (“evidencia” deriva del latín videre, ver) con la que una cosa se nos presenta como verdadera. El consenso universal. Este criterio ya fue reconocido como una garantía de verdad por Aristóteles y, sobre todo, por el estoicismo, que afirmó la existencia de “nociones comunes” en todos los hombres. El eclecticismo, y en particular Cicerón (-106 / -43), lo consideró el criterio definitivo de verdad. Thomas Reid (1710-1796) lo denominó “cordura” y lo concibió como un conjunto de verdades innatas ubicadas en el “sano Entendimiento humano” (verdades como la existencia del mundo exterior, de un yo, etc.). Actualmente, este criterio se considera una variante de la teoría pragmática de la verdad, atribuible a Jürgen Habermas, según esta teoría ’verdad’ no es un predicado o propiedad de una proposición o enunciado, sino una exigencia ideal del mismo, que reclama de los otros el asentimiento, o el consenso intersubjectivo, una vez presentadas las justificaciones con las que se afirma el enunciado. El éxito en la acción. Según el pragmatismo, la verdad no tiene que estar separada de la acción: el hombre no es un ser teórico, sino un ser activo; la verdad se tiene que medir, pues, por los resultados de la acción (utilidad). Para Williams James, “adecuarse con la realidad” no es sino “estar en tan activo contacto con ella, que se la maneje mejor que si no estuviéramos adecuados a ella”. También Marx afirmó que “es en la praxis donde el hombre tiene que probar la verdad, es decir, la realidad y el poder de su pensamiento”: el conocimiento surge de la praxis y tiene que ser contrastado con ella para ser considerado verdadero. Posibilidad de la verdad. La certeza. Cuando una proposición nos parece verdadera con claridad, decimos que es “evidente”. La evidencia es, pues, una propiedad de las ideas claras y distintas (Descartas). Esta propiedad le permite a la mente adherirse, con absoluta seguridad, a la proposición. Esta seguridad con que la mente afirma la verdad de una proposición se denomina certeza. La certeza es, pues, un estado de la mente. Así, “dos más dos son cuatro” aparece como evidente y lo podemos afirmar con certeza. La pregunta sobre la posibilidad de la verdad es una pregunta sobre la posibilidad de la certeza. Casi nadie ha negado nunca tal posibilidad en el ámbito de la matemática. Otra cosa diferente ha ocurrido en lo relativo a las afirmaciones sobre la realidad. La actitud más pesimista es el escepticismo. Concepción epistemológica que sostiene que la mente humana no es capaz de justificar afirmaciones verdaderas. Opuesta al escepticismo, encontramos el dogmatismo. Mantiene la verdad de un enunciado sin justificarla demasiado, o sostiene que son muchos los enunciados cuya verdad podemos saber. Son dogmáticos el estoicismo y el epicureísmo porque, frente el escepticismo, sostuvieron la posibilidad de defender con razones la verdad de las propias opiniones (dógmata): dogma versus suspensión del juicio, o epojé. Para Kant, el dogmatismo es la pretensión de avanzar en el conocimiento filosófico sin haber sometido a crítica las capacidades cognitivas de la Razón. Sus opuestos son, por lo tanto, el criticismo y el escepticismo. Desde Kant, dogmático es lo contrario de crítico. En un sentido parecido equivale a “no científico”. Posturas intermedias: Criticismo. La filosofía crítica examina las capacidades de la Razón humana para conocer algo a priori. Al estudio de estas condiciones o posibilidades de conocimiento por parte de la Razón, también lo denomina Kant “filosofía trascendental”. El relativismo. Afirma que no hay verdades universalmente válidas e independientes de la apreciación de los sujetos. Por lo tanto, el conocimiento depende de varios condicionamientos, que pueden ser el individuo, la sociedad o la cultura, ya sea en el aspecto psicológico, sociológico o histórico. Comparado con el escepticismo, el relativismo afirma menos. El escepticismo dice que no hay verdades o, si hay, son escasas. El relativismo sostiene que las verdades tienen un valor relativo al –en dependencia con el– sujeto. ACTIVIDADES Redacción filosófica con el título "El conocimiento de la realidad". P.-S. Bibliografía William P. Alston Filosofía del lenguaje. Alianza Universidad. Madrid. Bontempo y Odell Ed. (1957) La lechuza de Minerva ¿Qué es filosofía? Ed. Cátedra. Madrid. 1979. Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu. Diccionario de filosofía en CD-ROM. 1996. Editorial Herder S.A., Barcelona. Ferrater Mora, J. Diccionario de filosofía. Alianza Universidad Hudson, W.D. La filosofía moral contemporánea. Madrid. Alianza editorial, 1970, cap. 2 Pinillos, J. L. Principios de psicología. Madrid. Alianza Editorial, 1977, cap. 6 Ortega y Gasset, J.(1958) ¿Qué es filosofía? Rev. de Occidente en Alianza Editorial. Madrid 1980. Russell, B.(1912) Los problemas de la filosofía Ed. Labor. Barcelona 1981. Cap. 15 "El valor de la filosofía". Ver en línea : la unidad didáctica