ha planteado problemas al llevar a sus límites sus argumentos idealistas postulando que “el estatuto de lo real sólo existe como percepción o idea” (Grimson, 2011, p. 21), lo cual termina negando la existencia de fenómenos sociales que afectan a las personas y llegando a postular, mediante la autonomía de lo simbólico, que no hay correspondencia entre los procesos materiales y simbólicos. Esta tensión es la que permite que en las humanidades emerja una tendencia que rescata lo intersubjetivo como principio de la producción de conocimiento. En esta nueva lectura la ciencia, como mecanismo que genera conocimiento, debe releer, cuestionar, transformar sus posturas, sus metodologías, para que esté en la capacidad de acceder a los argumentos que exponen estas posturas, lo cual es necesario si tenemos como objetivo producir nuevo conocimiento, nuevas lecturas más acordes a la realidad a la que asistimos. Reflexiones como la anterior nos llevan a plantear otro elemento que hace de la pedagogía un campo investigativo con características compartidas por otras ciencias sociales, que deben ser tenidas en cuenta y reflexionadas en el ejercicio de la investigación. Un elemento compartido está en que el conocimiento producido en ella es utilizado para modificarla. Debemos reconocer que, al tener relaciones con los objetos de estudio, los investigadores están transformando el contexto en el que se encuentran. Si las posiciones radicales del subjetivismo fueran ciertas, no habría posibilidad de acceder a lo social, a lo educativo. Empero, lo hacemos, transformamos el currículo, establecemos políticas y definimos el accionar de los directivos, los maestros y los estudiantes; esto nos lleva a plantear la pedagogía como una ciencia interactiva; lo somos porque accedemos y transformamos constantemente lo que estudiamos. Pero, si seguimos a John Searle en su texto La construcción de la realidad social, tendríamos que estar de acuerdo en que nuestra realidad educativa puede ser ontológicamente subjetiva o, como lo plantearía Alejandro Grimson en su texto Los límites de la cultura, lo social sería ontológicamente intersubjetivo; pero, sin lugar a dudas, epistemológicamente objetiva, en la medida en que como investigadores observamos, delimitamos, definimos lo que vamos a investigar.