CENTRO DE ESPIRITUALIDAD PAULINA – MÉXICO PAUTAS DE RETIRO DEL MES DE JUNIO DE 2009 PEDRO Y PABLO 1. ¿Quién fue Pedro y Pablo? Pedro1, el galileo y antiguo pescador (Mc 1,16; Mt 4,18; Lc 5,4), es el primer testigo de pascua y pasa a ser así el apóstol primigenio de las comunidades judeo-cristianas pospascuales (1Cor 15,5; Lc 24, 34). No fue un azar que llegara a ser ambas cosas, porque ya antes de la muerte de Jesús fue el portavoz en el grupo de los doce discípulos (cf. Mc 3,16; 8,29; Hech 1,13). Es considerado confidente de Jesús (Mc 5,37; 9,2; 13,3; 14,33). Pablo es un judío fariseo de la diáspora, no conoce personalmente a Jesús de Nazaret, llega a ser un perseguidor fanático de la comunidad cristiana de Damasco y, después de recibir en visión el llamamiento al apostolado, pasa a ser el misionero de los paganos por excelencia. Dos hombres muy diferentes, pero considerados ya en este período primitivo del cristianismo como apóstoles destacados (Gál 2,7-9). Por eso la cuestión sobre sus relaciones mutuas revistió especial importancia desde antiguo. Después de pascua encontramos a Pedro en Jerusalén (Hech 1-5), donde se mostró al menos tolerante con el círculo de Esteban, cuya actividad misionera posterior será uno de los factores previos de la misión paulina (Hech 6s). No es probable, en cualquier caso, que se formara este círculo y hubiera podido adoptar su postura liberal ante la ley contra la voluntad de los apóstoles de primera hora. Pablo se encuentra con Pedro por primera vez en Jerusalén, en visita privada, que hace para conocer personalmente al apóstol originario (Gál 1,18). Pasa alrededor de quince días con Pedro y es su huésped. No conocemos más sobre este encuentro. Pablo no considera esta visita como tiempo de aprendizaje de su (escaso) conocimiento de la tradición sobre Jesús; y tampoco le sirvió de instrucción catequética acelerada sobre la fórmula primitiva de profesión de fe. Pablo no evoca ese encuentro, en modo alguno, en términos conflictivos. Parece ser que los dos personajes se aceptaron mutuamente. Según Hechos, antes de la asamblea de los apóstoles, Pedro visitó, partiendo de Jerusalén, las comunidades cristianas existentes en las ciudades judías de Lidia y Jafa (Hech 9, 32-43); más tarde bautiza en Cesarea al simpatizante Cornelio, persona muy considerada entre los judíos (10, 1.22.44-48), y esto le crea problemas con la comunidad primitiva de Jerusalén (10,28). La comunidad es perseguida por Herodes Agripa I (43/44 d.C.), y Pedro se escapó de la prisión y volvió de nuevo a Cesarea (12, 1-25). No obstante, para la asamblea de los apóstoles está de nuevo en Jerusalén (Hech 15). La fiabilidad de estos datos es muy discutida; pero quizá cabe constatar dos puntos: parece que Pedro se sintió responsable, en este tiempo, de las comunidades judeo-cristianas; por eso las visitas; y además interviene activamente para que un simpatizante incircunciso reciba el bautismo; esto le sitúa en una relación de proximidad con la misión del círculo de Esteban (Hech 8; 11, 9-30). Cabe preguntar si Hech 10 figura antes de la asamblea de los apóstoles por el interés de Lucas en hacer del primer apóstol 1 BECKER Jürgen, Pablo, el apóstol de los paganos, Sígueme, Salamanca 1996, 128-131. el fundador de la misión entre paganos. Posiblemente, el bautismo excepcional sin previa circuncisión sea una acción petrina posterior a la asamblea. Le cuadra a un Pedro que comparte por primera vez en Antioquía la mesa con pagano-cristianos bautizados. ¿Es esta actitud, con las consecuencias correspondientes, lo que explica que Pedro no aparezca ya junto al judeo-cristianismo seguidor de la ley de Jerusalén encabezado por Santiago? Hech 15 y Gál 2, 1ss coinciden en lo relativo a la conducta de Pedro durante la asamblea: éste reconoce la misión de Pablo no subordinada a la ley, pero sigue siendo el símbolo del judeo-cristianismo. Sólo en la visita a la comunidad que vive al estilo pagano-cristiano en Antioquía se produce la ruptura entre Pedro y Pablo, porque el primero, por instigación de los partidarios de Santiago, restablece la primacía del judeocristianismo al imponer a los pagano-cristianos el cumplimiento, como mínimo, de Lev 17. Pablo abandona Antioquía y Pedro lo hace poco después. Y a partir de entonces desaparecen todas las huellas fiables sobre Pedro. Las noticias que podemos obtener en adelante lo presentan en relación con el área de misión típicamente pagano-cristiana. Según 1Cor 1,12; 3,22, parece que hubo en Corinto un grupo seguidor de Pedro. Esto no significa que Pedro hubiera estado personalmente en Corinto, aunque se sabe que visitaba con su esposa las comunidades y que también en Corinto se tenía conocimiento de este hecho (1Cor 9,5). En las áreas de misión paulina era considerado sin duda como primer testigo de pascua (1Cor 15,5). Pero cabe preguntar si, con sus antecedentes en Antioquía, pudo vivir en comunidades pagano-cristianas sin crearles nuevos problemas. Nada indica, y es muy improbable, que el grupo petrino viviera en Corinto al estilo judeocristiano o siguiera las normas de Lev 17. ¿O a caso modificó Pedro de nuevo su parecer después de los sucesos de Gál 2, 11ss? ¿Se mantiene en adelante y de modo definitivo fuera de Palestina obligado por las circunstancias? Sorprende que Pablo no prolongue en 1Cor 1-4 su disputa con Pedro en la línea de Gál 2,11ss. Habría tenido que hacerlo si Pedro o algunos cristianos en su nombre hubieran continuado la controversia antioquena en Corinto. También 1Cor 9, 1ss hace mención de Pedro en un sentido totalmente neutral. Si Pedro, poco después del incidente antioqueno, adoptó una orientación pagano-cristiana como el propio Pablo, cabe recordar quizá que también desempeñó un papel muy glorioso en el arresto de Jesús y durante su proceso, sino un papel definido por la veleidad (cf. Mc 14,50. 66ss). ¿Fue la disputa antioquena un mero episodio para Pedro? Hay otro indicio que permite situar a Pedro en el área pagano-cristiana: la tradición sobre su estancia en Roma y su martirio en la ciudad. En todo caso, sigue siendo la mejor hipótesis interpretar 1Clem 5 en el sentido de que esta carta enviada de Roma a Corinto alrededor de 96 d.C. afirma que Pedro y Pablo murieron ajusticiados en Roma bajo Nerón. Ignacio (IgnRom 4,3) puede apoyar esta afirmación alrededor de 110 d.C. También Jn 21, 15-19 alude al martirio de Pedro sin indicar el lugar. La estancia de Pedro en Roma se puede inferir también de 1Pe 5, 13 (ver nota en la Biblia de Jerusalén). Hay, pues, a finales de siglo una amplia tradición incontestada que cabe interpretar diciendo que Pedro y Pablo murieron mártires en Roma. Que el viaje de Pedro a Roma fue posterior al de Pablo, se puede inferir indirectamente: si al escribir la carta a los romanos Pablo hubiera contado con la presencia de Pedro en Roma, no habría omitido la salutación a Pedro siquiera por no ofender a la comunidad que albergaba al primer apóstol. Aunque después del incidente antioqueno apenas se volvieron a ver, ambos, separados uno de otro, fueron víctimas, en el mismo lugar, de las persecuciones romanas bajo Nerón. El apóstol Pedro2 es el protagonista de los hechos que narran los doce primeros capítulos del Libro de los Hechos de los Apóstoles. Sin embargo, desde 12,17, Lucas deja a su protagonista en la sombra y lo sustituye por Saulo-Pablo y sólo lo menciona en el Concilio de Jerusalén en el que se muestra claramente favorable a la postura de Pablo y Bernabé (He 15,7-12). Poco sabemos de su actividad misionera, fuera de su estancia en Antioquía y del enfrentamiento con Pablo (Gál 2,11-14). En Antioquía estalla por primera vez la controversia entre judeocristianos y paganos cristianos acerca de las condiciones para la admisión de los gentiles en el movimiento cristiano. Tanto el libro de los Hechos como la carta a los Gálatas hablan de una reunión entre Pablo y Bernabé con los apóstoles y presbíteros para tratar la cuestión (Hech 15,1-35; Gál 2,11-19). Las fuentes difieren en cuanto al objetivo y al estilo de la decisión. Los Hechos incluyen un solemne decreto promulgado bajo la autoridad de los “apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la asamblea” (15,22), que dicta algunas normas para los cristianos gentiles. Pablo, sin embargo afirma que Santiago, Cefas y Juan, tenidos como columnas, “nos dieron a mí y a Bernabé la mano como signo de conformidad para que nosotros predicásemos a los gentiles y ellos a los incircuncisos”; tan sólo “nos recomendaron que nos acordáramos de los pobres” (Gál 2, 6-10). Esta postura de los dirigentes fue bien recibida por la comunidad de Antioquía, que celebraba su integración plena en la nueva fe con comidas comunes, en las que participaba incluso Pedro, llegando de Jerusalén. Esto muestra que el acuerdo mencionado en Gál 2, 7-9 no establece dos misiones separadas, como se ha afirmado con frecuencia. Pablo tampoco cree que se haya prohibido hacer prosélitos entre los judíos (1Cor 9,20). Las frases paralelas de Gál 2,7-9 no son exclusivistas, sino que indican igualdad de derechos. Pero cuando aparecen en Antioquía personas próximas a Santiago, Pedro y Bernabé y demás judeocristianos evitan tales comidas “por miedo a los de la circuncisión”. Pablo se lo recrimina a Pedro. Pablo organiza por su cuenta la actividad misionera. Los apóstoles están fundamentalmente de acuerdo (He 15, 7,12). Posteriormente Pedro evangeliza a los gentiles y Pablo, en su táctica misionera, empieza siempre por los judíos. 2. ¿Por qué Pablo quiere conocer a Pedro?3 Tras abandonar Damasco para siempre, Pablo se dirigió de nuevo a Jerusalén. Dada la importancia que atribuía a su misión entre los gentiles, lo lógico habría sido que Pablo se dirigiera hacia el territorio virgen del noroeste, a las grandes ciudades paganas de la costa mediterránea. Pero como hizo lo contrario, es de suponer que se vio impelido por argumentos muy racionales. Por razones que se harán evidentes cuando hable de la carta a los Gálatas, Pablo utiliza conscientemente un verbo ambiguo para explicar los motivos que tenía para ir a Jerusalén. Pablo esperaba que sus lectores entendieran el versículo 18 del primer capítulo de la Carta a los Gálatas como “fui a Jerusalén a conocer a Pedro”, pero la ambigüedad del verbo original también incluye la aceptación “fui a Jerusalén a obtener 2 3 Cf. Carlos de Villapadierna, en Diccionario de San Pablo, Monte Carmelo, 872-874. Cf. MURPHY-O’CONNOR Jerome, Pablo, Su historia, San Pablo, Madrid 2008, 61-62. información de Pedro”. ¿Qué tenía que hablar con él? Es absurdo pensar que Pablo pasara dos semanas con Pedro hablando sobre el tiempo, la salud de la suegra de este, o su nostalgia por no poder pescar más en el mar de Galilea. Sólo había una pregunta básica en la mente de Pedro: ¿Cómo era realmente Jesús? Durante el tiempo que pasó en Damasco, Pablo tuvo que haber oído historias sobre Jesús. Pero ese conocimiento era de oídas y no podía dar respuesta satisfactoria a las perspicaces preguntas que bullían en la mente de Pablo. Seguro que sintió envidia del tiempo que los discípulos pasaron con el Señor durante su juventud. Me sorprendería que no se arrepintiera amargamente por haber malgastado todos aquellos momentos en lugar de seguir las enseñanzas de Jesús en Jerusalén. Pero ya era demasiado tarde para ello. Pedro era la persona que mejor le podía informar. Pedro había sido testigo ocular de las palabras y los hechos de Jesús. En el año 37 d.C., Pedro ya llevaba unos siete años predicando las enseñanzas de Jesús. Por las muchas repeticiones que de su historia tuvo que hacer, la narración de Pedro había adoptado ya forma fija. Así se resaltaban sólo los milagros y las parábolas más importantes de Cristo. Esto, claro, servía a Pedro de mucha ayuda. Aún así, lo más importante era que Pedro podía contestar cualquier pregunta que le hiciera Pablo. Es importante leer el Discurso de Pedro (Hech 15,7-12). 3. El martirio de san Pedro y san Pablo4. Pedro y Pablo estaban en Oriente, en Corinto, cuando conocieron la persecución desencadenada por Nerón contra la Iglesia de Roma. Enseguida fueron donde los fieles de la ciudad capital, de la Iglesia puntera, para consolarlos, confortarlos y sostenerlos. Pero la persecución estaba dirigida con toda astucia contra los jefes. Pedro y Pablo fueron atados y arrojados en la cárcel mamertita. Convirtieron a los guardianes, los santos Proceso y Martiniano, con otros cuarenta soldados. Después fueron sacados de la prisión, condenados a muerte y llevados al suplicio. Caminaban juntos. Es fácil imaginarse la exhortación recíproca de aquellos corazones que se habían hecho tantas confidencias, se amaban y veneraban el uno al otro como nadie al mundo. Llegados a un punto, una orden improvisa manda separarlos. Creían los dos apóstoles que les iba a unir una única muerte; se abrazaron fraternalmente, se besaron, los ojos de Pablo derramaron copiosas lágrimas sobre el Príncipe de los Apóstoles, y se saludaron. San Pablo dijo al jefe de la Iglesia: “La paz sea contigo, oh fundamento de la Iglesia, pastor de la grey de Cristo”. Y san Pedro respondió al Apóstol: “Vete en paz, predicador de las buenas obras, mediador y guía de la salvación de los justos”. Se separaron; pero el mismo día sus almas se unieron en el cielo acogidas juntas por el divino Maestro. En el lugar del beso, los fieles erigieron una capillita, llamada la “Iglesia del Beso”. 4 Cf. ALBERIONE Santiago, El apóstol Pablo inspirador y modelo, San Pablo, Roma 2008, 138-140. San Pedro fue crucificado en la colina del vaticano. A san Pablo aún le llevaron mucho más adelante, por la vía de Ostia hasta las Aguas Salvias. Le acompañaban algunos discípulos: Lucas, Dionisio y Timoteo. Por el camino abrió su corazón incluso a los soldados, tres de los cuales se convirtieron. Llegaron al sitio decretado. Había una discípula que lloraba. Pablo la animó. Luego encomendó su espíritu a Dios e inclinó ante él la cabeza, en acto de profunda adoración y de total sumisión. La espada del verdugo brilló al sol, cayó y truncó del cuerpo la santísima cabeza… De las venas cortadas brotó, con la sangre, leche purísima, símbolo de la limpidez y caridad del mártir. La lengua de san Pablo pronunció aún, repetidamente, palabras de devoción, confesando el nombre de Jesús. Su cabeza cortada se posó tres veces en la tierra dando tres saltos y haciendo surgir una fuente en cada punto donde tocó la tierra; todavía hoy existen esas tres fuentes que manan. “Resumiendo hasta el incidente de Antioquía Pedro y Pablo mantuvieron una buena relación. Pedro influyó de modo decisivo en la aceptación del concepto paulino de misión. Esta relación se vio perturbada en Antioquía porque Pedro se inclinó hacia la postura judeo-cristiana, más rígida, de los seguidores de Santiago. Posteriormente los dos apóstoles no volvieron a encontrarse. Pero es muy posible que Pedro se hubiera replanteado su opción antioquena para volver a una actitud más abierta ante los paganocristianos, en la línea de la resolución de la asamblea de Jerusalén. Pablo no deja traslucir ya en 1Cor ninguna reserva personal frente a Pedro”5. 1. 2. 3. 4. 5 4. Bibliografía: ALBERIONE Santiago, El apóstol Pablo inspirador y modelo, San Pablo, Roma 2008. BECKER Jürgen, Pablo, el apóstol de los paganos, Sígueme, Salamanca 1996. Carlos de Villapadierna, en Diccionario de San Pablo, Monte Carmelo. MURPHY-O’CONNOR Jerome, Pablo, Su historia, San Pablo, Madrid 2008. BECKER Jürgen, Pablo, el apóstol de los paganos, Sígueme, Salamanca 1996, 131.