EL PEQUEÑO GRAN PIANISTA Había una vez una niña que se llamaba Sandra. A Sandra le gustaba tocar el piano. Sandra y su padres habían adoptado un perro, era un dálmata. Los dálmatas son muy inteligentes. Lo llamaron Luck. Luck siempre estaba con Sandra. Ella era la que le daba de comer, lo llevaba de paseo y jugaba con él. El dálmata dormía a los pies de la cama de Sandra, se sentaba bajo la silla cuando hacía los deberes y le escuchaba tocar el piano. Un día, Sandra tocaba su instrumento favorito cuando su padre, Roberto, la llevó con él a la casa de su abuela. Luck, que se quedó solo en casa, se subió a la silla del piano y empezó a tocar las teclas, se acordó de cómo tocaba Sandra y la intentó imitar. Cuando Sandra y su padre llegaron a casa vieron a Luck tocando el piano y se sorprendieron mucho. Claro, es normal sorprenderse al ver que un perro toca una canción de Mozart. Sandra y Roberto les contaron a todos sus amigos y familiares que su cachorrito de dálmata de cuatro meses sabía tocar el piano. A Óscar, el tío de Sandra, se le ocurrió subir un vídeo de Luck a internet. El vídeo se hizo viral y fue pasando de red social en red social, de persona en persona. En pocos meses, prácticamente todo el mundo conocía y adoraba a Luck, el pequeño gran pianista. En muchos de los comentarios, la gente sugería que lo llevaran a un concurso de talentos. Sandra y Roberto, que siempre leían los comentarios, pensaron que era muy buena idea. Le pusieron una pajarita y lo sentaron al piano. Sacaron la cámara y vieron que no le gustaba. Cuando actúa bajo presión no toca bien. Pensaron que se encontraba mal. Guardaron la cámara y Luck empezó a tocar. Se dieron cuenta de lo mal que lo pasaba ante el público y tras pensar todo lo que Sandra había hecho con él y lo buena mascota que era, decidieron dejarle con derecho a ser un animal corriente. Fin