Ser discípulos de Jesús -Ser cristianos en comunidad1. Oración Inicial. + En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Amén. Dios Padre bueno, de quien procede todo bien. Te doy gracias por el don de la vida, por tu Amor, por darme a tu Hijo Jesucristo y fortalecerme a través de tu Espíritu. Concédeme la gracia y el amor, para que, aún y con todas mis deficiencias y errores, brote en mí el deseo de seguirte cada día. Ayúdame a conocerte y amarte más. Que cada día anhele estar unido a ti, y así poder dar testimonio de ti. Padre bueno, te pido por todas las personas que me rodean, para que te busquen y te conozcan; y encontrándote te amen más cada día. Señor, ayúdame a ser tu discípulo, ayúdame a dejarme instruir por ti y amar con tu Amor a todos mis hermanos. Amén. 2. Aprendiendo de la Vida. Uno del grupo lee en voz alta Recuerdo que de niño, veía a mis hermanos mayores entusiasmados por ir a la escuela. Por la tarde, al llegar a casa hacían la tarea y al terminar, jugaban, veían la tele y ayudaban en los quehaceres a mis padres. Yo tenía ganas de ser mayor para ir con ellos a la escuela, quería estudiar y soñaba con ser doctor, mecánico o abogado. Papá y mamá, me decían que podía llegar a ser lo que quisiera, pero que para ello tendría que estudiar muy duro, debía poner esfuerzo y empeño para alcanzar mis metas. En la secundaria vi cómo algunos de mis compañeros abandonaban la escuela y dejaban truncos sus estudios. Recuerdo a un amigo que era muy bueno para la escuela, se llamaba José, sin estudiar salía bien en las calificaciones, pero era descuidado y flojo, tenía problemas con sus papás y decía que para qué estudiaba. Ahora estoy en la preparatoria, y en una clase de Psicología, el Prof. Guillermo nos dijo que necesitamos ver con claridad nuestras metas, descubrir nuestros recursos, definir los medios que vamos a utilizar para alcanzar nuestros logros y comprometernos en nuestro proyecto de vida. En ocasiones –nos dice- será necesario sacrificar muchas cosas, pero al final tendremos la satisfacción de haber logrado lo que queríamos. También nos ha dicho que seamos sencillos y sepamos escuchar el consejo de nuestros mayores; que valoremos el esfuerzo y apoyo de nuestros padres; que los respetemos y busquemos que se sientan orgullosos de nosotros. Yo he visto cómo en mi familia, todos vamos saliendo adelante juntos, ayudándonos unos a otros. Estoy por terminar la preparatoria y me esfuerzo en llevar una buena relación con mis papás; soy honesto con ellos y trato de hacerles caso. Los admiro mucho porque son personas trabajadoras y entregadas, honradas y generosas. A mis hermanos mayores también los admiro porque trabajan y estudian, ya casi terminan sus carreras, son buenos hijos y buenos hermanos. Yo tengo muy buenos ejemplos en mi casa y busco aprender de mi familia, de hecho, creo que en muchas cosas soy como ellos, por algo tenemos la misma sangre y llevamos el mismo apellido. Mi familia es todo para mí. 3. Despertando. El coordinador expone brevemente la siguiente reflexión. La familia, “patrimonio de la humanidad”, constituye uno de los tesoros más valiosos de los pueblos latinoamericanos. Ella ha sido y es espacio y escuela de comunión, fuente de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente… La familia está llamada a introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana. La familia, pequeña Iglesia, debe ser, junto con la parroquia, el primer lugar para la iniciación cristiana de los niños. Ella ofrece a los hijos un sentido cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida, como discípulos misioneros. Es además, un deber de los padres, especialmente a través de su ejemplo de vida, la educación de los hijos sobre el amor como don de sí mismos, y la ayuda que ellos le presten para descubrir su vocación de servicio, sea en la vida laical como en la consagrada. De este modo, la formación de los hijos como discípulos de Jesucristo, se opera en las experiencias de la vida diaria en la familia misma. Los hijos tienen el derecho de poder contar con el padre y la madre para que cuiden de ellos y los acompañen hacia la plenitud de la vida. (cfr. DA 302-304) Creemos que “la familia es imagen de Dios que, en su misterio más íntimo no es soledad, sino una familia”. En la comunión de amor de las tres Personas divinas, nuestras familias tienen su origen, su modelo perfecto, su motivación más bella y su último destino. (DA 434) Para reflexionar…. 1. ¿Cuál crees que es la diferencia entre una familia cristiana y otra que no lo es? 2. A veces podemos sentir que nos “ahogamos” en nuestra familia, como que necesitamos más “espacio”. Sin embargo, hay un pensamiento que dice que las piedras en el río, al golpearse unas con otras se van puliendo. ¿Desde este punto de vista, cuál sería la misión de una familia cristiana? 3. Recuerda una manera cómo en tu familia te han transmitido tu fe cristiana y te han ayudado a ser discípulo de Jesús. 4. Su Palabra en tu corazón. Alguno del grupo lee la cita bíblica. Hacemos un breve momento para meditar la Palabra de Dios. “Subió a la montaña, fue llamando a los que él quiso y se fueron con él. Nombró a doce, a quienes llamó apóstoles, para que convivieran con él y para enviarlos a predicar con poder para expulsar demonios. Nombró, pues, a los Doce. A Simón lo llamó Pedro; a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, a quienes llamó Boanerges, que significa: Hijos del trueno; a Andrés y Felipe; a Bartolomé y Mateo; a Tomás, Santiago de Alfeo y Tadeo; a Simón el cananeo y a Judas Isacriote, el que incluso le traicionó”. Mc.10, 13-19 Alguno del grupo lee la reflexión en voz alta. El evangelio describe la acogida y la misión de los doce apóstoles. Jesús comienza con dos discípulos a los que añade otros dos (Mc 1,16-20). Poco a poco el número fue creciendo. Sabemos que había el grupo de los 12 y también otro grupo llamado “los 72” (Lc 10, 1). Jesús llama para dos cosas: a) Quiere que estén con él, esto es, quiere formar una comunidad en la que él, Jesús, sea el eje. b) Los enviará a predicar con poder para expulsar los demonios, esto es, anunciar la Buena Nueva y luchar en contra del poder del mal que arruina la vida de la gente y aliena a las personas. Marcos dice que Jesús subió al monte y, estando allí, llamó a los discípulos. Con esto quiere significar que la llamada es una subida, como cuando Moisés subió al monte para encontrarse con Dios (Ex 24,12). Con la elección de los 12 apóstoles nace la primera comunidad del Nuevo Testamento, comunidad modelo que va creciendo alrededor de Jesús a lo largo de los tres años de su vida pública. Llama mucho la atención que a cada uno le habla por su nombre y poco a poco se irán “identificando” con Él. Es por esto que después podrán ser enviados a hacer lo que Jesús hacía. Si Jesús predicaba la Buena Nueva, curaba a los enfermos y expulsaba demonios, sus discípulos predicarán, curarán y expulsarán demonios. Ahora bien, la comunidad de los discípulos de Jesús no es una comunidad cerrada. Al inicio sólo eran cuatro (Mc 1,16-20). Poco después la comunidad crecerá en la medida en que va creciendo la misión. Llega el punto de que no tendrán tiempo ni para comer y para descansar (Mc 3,2). Por esto, Jesús se preocupaba de proporcionar un descanso a los discípulos (Mc 6,31) y de aumentar el número de los misioneros y misioneras (Lc 10,1). En la comunidad no nada más hay hombres, pues sabemos que también había un grupo de mujeres que los acompañaban y apoyaban. De este modo, Jesús fue formando una comunidad que mantuvo el doble objetivo inicial: estar con él y enviarlos a predicar. La comunidad que se forma alrededor de Jesús tendrá dos características que pertenecen a su naturaleza: a) Es una comunidad de discípulos que opta por la persona de Jesús y su proyecto de vida, por lo que sus integrantes se irán transformando en otros “Cristos”; b) Es una comunidad abierta a la misión pues busca llevar la Buena Nueva de Jesús a sus hermanos, de manera especial a los más necesitados. 5. Hablando con Dios. Hacemos un momento de silencio para hacer oración. Busquemos aquietar nuestros sentidos y platicar con Dios. Meditemos de manera personal la siguiente reflexión. Señor Jesús, te doy gracias porque nunca me has dejado solo. Desde mi nacimiento me has dado una familia de sangre y desde mi bautismo me has dado una familia en la fe. Muchas veces no he entendido lo que significan una y otra, y no siempre he sabido apreciar su amor y servicio. ¡Gracias por todos y cada uno de ellos! A veces me han dado ganas de andar solo y “aprender” por mi cuenta. Tengo que reconocer que soy individualista y que muchas veces he pensado el futuro como algo “mío”, y no como algo “nuestro”. Es común que me junte con otras personas para “hacer algo”, pertenezco a un grupo para tomar clases y me junto con algunas personas para hacer una tarea o un trabajo, pero ellos son algo accidental en mi vida; ahorita están, mañana no estarán. La realidad es que entiendo mi vida como algo mío y la proyecto como si solamente tuviera que ver conmigo. ¡Perdóname por mis egoísmos y mi falta de solidaridad con mis hermanos! Al verte a ti se ilumina mi entendimiento. Me doy cuenta de que tú siempre entendiste tu vida en unión con tu Padre (“Yo y mi Padre somos uno” Jn 10, 30), y no buscaste hacer otra cosa que su voluntad (Jn 6, 38). Esa unión la quisiste tener también con nosotros. Cuando llamaste a tus discípulos, lo primero que buscaste fue que estuvieran juntos. No los reuniste para hacer algo, sino para ser algo: una comunidad, ser personas que están unidas por la fe y el amor. Ser personas que experimentan una vida nueva porque están unidos a ti y están unidos entre ellos. Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros (Jn 17,21). Después los enviaste a anunciar a los hombres la Buena Noticia de que Dios “hace comunidad con nosotros”, que todos formamos parte de su familia, que nadie tiene porque marginarse ni ser marginado. ¡Gracias Señor por tu hermoso proyecto de comunión! Yo me siento invitado a estar contigo. Muchas veces y de diversas formas he escuchado una voz que me llama a caminar a tu lado; a escuchar tus palabras y saber más de ti; me siento atraído por tu manera de vivir. Sin embargo, no había comprendido que un punto esencial en el llamado a ser discípulo tuyo significa hacer comunidad con mis hermanos. Sentirme unidos a ellos, conocerlos y aprender a caminar juntos. Entender que esto no es algo entre tú y yo, sino entre tú, yo y ellos. Para esto tengo que cambiar mi manera de ver la vida, descubrir que mi familia en la fe es una verdadera familia, con lazos aún más fuertes que los lazos de la sangre, pues la sangre que nos une es la tuya. Esta comunidad cristiana no es un medio para algo, sino el fin para el cual hay que vivir. Todavía no tengo todas las cosas claras, pero alcanzo comprender que el sentido de mi vida tiene que ver con la comunidad y el crecimiento de ésta, una comunidad de brazos abiertos que sea capaz de abrazar a todos los hombres. ¡Señor, bendice la comunidad cristiana a la que pertenezco, ayúdame a descubrir mi misión dentro de ella, ayúdanos a ser una comunidad misionera! 1. ¿Has experimentado la soledad? ¿Qué se siente estar solo? ¿Estamos hechos para estar solos? 2. ¿A qué comunidad cristiana perteneces y cómo es la vida en ella? ¿Qué te gusta y en qué aspectos consideras que necesitan crecer como comunidad? 3. ¿Qué tan importante consideras que es formar una comunidad cristiana abierta y comprometida con la vida de la sociedad? 6. Caminando juntos. Compartamos con el grupo las preguntas que hemos reflexionado. Al terminar, el coordinador leerá el aterrizaje. Aterrizaje: Jesucristo nos invita a seguirlo y su llamada es personal. Te habla por tu nombre y quiere que formes parte de su comunidad de amor. Una vez que te has encontrado con Cristo lo primero es has de buscar es vivir en la comunidad de sus discípulos. El Espíritu Santo está presente en toda comunidad cristiana y es el que mueve e inspira a cada uno de sus miembros, por eso podemos decir que con ellos y por ellos irás madurando y te irás configurando con Cristo. Sin embargo, esta comunidad está llamada a servir a los demás, está llamada a curar y liberar a los hombres de sus dolencias y esclavitudes. Está llamada a ser “Luz del mundo y sal de la tierra”. Tu vocación tiene que ver con esta misión. Tu vocación tiene que ver con la vida comunitaria de tu Iglesia y el servicio que ésta está llamada a dar al mundo. 7. Oración final. Señor Jesús, nos ponemos en tus manos y con confianza te presentamos nuestras súplicas. - Te pedimos por todos los seres humanos, para que caigamos en la cuenta de que estamos llamados a vivir como hermanos, pues todos tenemos a un Padre común. Ayúdanos a tener actitudes de respeto, comprensión, acogida y compromiso en el servicio ante las necesidades de nuestros hermanos. - Te pedimos por la Iglesia, para que seamos una comunidad abierta a todos los hombres Ayúdanos a anunciar con alegría la vida nueva que tú nos ofreces. - Derrama sobre nosotros el Espíritu Santo, constructor de la unidad Y danos docilidad para poder en todo cumplir tu Voluntad. Oremos juntos diciendo: Padre Nuestro … Dios te salve María … Tel. 1158-2838 www.vocacion.com