un vacio cuando se r c tir ~do. Es un m ona rca sin heredero, que dejará ciertamente muera - un \'~do e¡ u con gran probabilida d será cubierto por lo menos al principio por e l cao:-, y tal vez po r un caos violento. Su n egativa de ayer a conmutar las cinco condenas ~ mu rtc n u s ·rú olvidad por los va scos, los cata lanes o por cualquier españ ol. l.os que practi<'an la \'l'nganza incitan a los otros a hacer lo mismo. Tampoco puede argumcntar! >c, lt•¡;a lmcnte o de cualquier otra manera, que los cinco hayan mc-r rido morir. El juicio fue patentemen te injusto porque las oportunidad es de la defensa fueron ridículas. con\'crtidas en una burla por el tribunal. Naturalmen te que el policía ases inado tampoco merecía morir. Es probableme nte cierto que el terrori s mo va en aumento en España y que los terroris tas disparan contra policías. Pero es ta es la eterna consecuenci a de la represión. Y en los últimos meses t a mbién la r epresió n ha ido en a umento . La repres ión de los vascos el lleva da a tal es extremos qu e tampoco están ya seguros en Francia. R epres ión d e todos los españoles que pone n en tela de juicio a l n.:·g imen. Lo que Franco ha hecho con su pueblo en estos últimos años ha sido más brutal, más sistemático y - para Espai1a - más desastroso que casi cualquier otra cosa que ha cometido en su lar¡;a y siniestra carrera. El legado qu,..... dejará a su pueblo contendrá muchas semillas de odio. Y ahora contendrá una lista. todavía más larga de mártires. Sábado sangriento ,Newsweek ", 6. 10. 1975 (Nueva York) (, Blutiger Samstag") Andrew Nagorski-J oe G an delm a n en Madrid. - La esperenza por último se había desvanec ido. En la m a drugada d e l pa sado sá b a do, los aturdidos familiares de tres de cinco terroristas españoles que había n sido h a llados culpables de matar a policías, y condenados a muerte, h acía n cola ante las puertas de Carabanche l, la cárcel de máxima seguridad de lVIadrid. A pesar de un torrente de protes tas por toda Europa, los pari e ntes e r a n conscientes definitivam ente que sus súplicas no serían atendidas. ,Os colocáis un iform es y p asá is el ti em po disparando" , gritó la madre de uno de los condenados a los guardias. D sp u és, un convoy de doce jeeps de la policía y· tres camiones sin ventanillas, tr a n spor tando a los presos, arrancaron con es trépito para diri g irsé a un cumpo milita r al n orte d e Madrid . Allí, los tres fueron ej cutados ·por-" un pelotón de fu s il amien to - un destino que fue compartido por d os nacionali s ta. vascos la mis ma ma ña na, en ejecuciones separadas en Burgos y en Barcelona. La condena de los t e rrorista s por cons~jos de guerra había desencaden ado una t e mpestad de protestas que culminaron en a taques de furiosas muchedumb res contra embajadas españolas, líneas aér as y ofi c in as de EspaJ1a en París, Lisboa, Bruselas y otras ciudades europeas. Durante toda la semana, dirigentes políticos y jerarquías religiosas h a bía n s umad·o sus súplicas al gobierno español; el Papa Pablo S e xto solicitó , m agnan imidad" ; los obi spos españoles advirtieron que han de ser observados los d erechos de los acusados, y las nu eve na ciones del Mercado Común ins inuaron que podría n ir má s allá d e su protes ta formal conjunta y votar por una abrogación del acuerdo preferencia l de España con la Comunidad Económica Europea. El uctor francés Yves .Montand y un grupo de destacados intelectuale s france ses fueron inmedia t a mente e xpulsa dos de España cuando intentaron publicar un llamamient o a la clemencia. Por un momento, estas protestas parecieron surtir efectos: Francisco Franco conmutó las se ntencias de seis de los 11 terroristas que hablan sido condena2