Festival de cine "Memoria, Verdad, Justicia" Palabras de bienvenida del Embajador Matthias Sonn Han pasado ya cien años desde que Europa se tambaleó hacia la Primera Guerra Mundial en mil novecientos catorce. Un conflicto que en retrospectiva muchos lo ven como una guerra civil europea. Muchos no datan su fin en la tregua de mil novecientos dieciocho sino en la capitulación incondicional de Alemania en mayo de mil novecientos cuarenta y cinco. La consiguiente división del viejo continente finalizó hasta hace veinticinco años con la caída del muro de Berlín en mil novecientos ochenta y nueve. Una cosa es segura: ambas guerras mundiales del siglo veinte significaron el fin de una supremacía, antes indiscutida, de las entonces grandes potencias europeas en el mundo. En realidad todos los pueblos europeos fueron perdedores, aun aquellos cuyos países, agotados y en ruinas, formaban parte de las potencias victoriosas. La respuesta política y económica de los europeos, resultante de este entendimiento, es la actual Unión Europea. El análisis histórico de estos conflictos europeos no ha concluido, aunque hayan pasado ya cien años, posiblemente nunca concluirá completamente. El arte, en especial la cinematografía, tiene aquí un papel muy importante y esperamos que el Festival, cuya apertura estamos celebrando hoy, pueda contribuir de igual manera en el proceso histórico aquí en Guatemala. Los Acuerdos de Paz en Guatemala se firmaron pocos años después de la superación de la división europea. Sin embargo, la polarización de la sociedad continúa. Cada país tiene que encontrar su propio camino para superar los conflictos armados del pasado y para lograr sanar sus heridas. Los cineastas aquí no son los únicos actores. Permítanme compartir con ustedes brevemente algunas perspectivas sobre las experiencias y observaciones de la reconciliación de Europa con su pasado. En especial el caso de Alemania, sus esfuerzos de reconciliación con sus víctimas, sus vecinos y con el propio país. No espero que estas experiencias se puedan aplicar fácilmente pero que tal vez puedan ser útiles para Guatemala. Que sea un leve estímulo para reflexionar, no más. Punto uno: la “verdad” La “verdad” existe en hechos históricos verificables o falsificables, pero no lo hace en las evaluaciones históricas de lo ocurrido. Los actores y sus papeles, motivos, influencias, metas y justificaciones - todo esto y mucho más siempre depende de la perspectiva y de la interpretación. Por esto, después de conflictos armados siempre hay varias verdades históricas. Muchas veces son contrarias. Guatemala aquí no es una excepción. Aguantar diferentes verdades es un reto para toda sociedad traumatizada por un conflicto del pasado. Requiere de tiempo y de tolerancia. Un consenso sobre la justicia y la injusticia de todo el conflicto no lo podemos esperar en breve. La verdad de unos es propaganda de otros. El héroe de libertad de unos es el insurgente de otros. Punto dos: Democracia no requiere una versión oficial de la historia Por consiguiente, el intento de forzar políticamente un entendimiento sobre el pasado en sociedades democráticas siempre estará destinado a fracasar. En una democracia las autoridades políticas tienen, como todo ciudadano, el derecho y deber de formarse una opinión. La necesitan como base para decisiones políticas. Nuestras experiencias en Europa, sin embargo, nos han enseñado que la escritura de la historia mejor se la confiamos a los historiadores y al pluralismo de sus opiniones. Punto tres: Responsabilidad versus culpabilidad Existe la responsabilidad en forma individual y también la responsabilidad colectiva, por ejemplo en el caso de la responsabilidad histórica de Estados y pueblos. La responsabilidad de reconciliación es de la sociedad entera en toda su diversidad. Responsabilidad por parte del Estado, por ejemplo en el caso de víctimas de un conflicto armado, no implica haber pasado por un juicio. Diferente es con la culpabilidad. Esta siempre es individual. Responsabilidad jurídica-penal presupone una culpabilidad individual. Cuidémonos de no generalizar nuestras acusaciones, de imputarlas a colectividades. Punto cuatro: Justicia penal versus justicia moral o histórica Lo que pueden lograr los fiscales y los tribunales de justicia es en el mejor de los casos solo parte de la justicia pero una parte esencial para la reconciliación. Justicia penal no lo es todo, pero sin ella, la reconciliación no avanza. Es por ello que el tercer poder necesita el apoyo de toda la sociedad en su tarea tan difícil de sobreponerse a todos los intentos de instrumentalización política. No justificar y perdonar lo que no es justificable o perdonable pero tampoco dejarse usar de árbitro posterior, moral o histórico sobre el conflicto pasado - sino de aplicar la ley vigente. No más ni menos. La ley es suficientemente clara. La ley regula qué formas de violencia se permiten en conflictos armados y cuáles se prohíben. También regula cómo la responsabilidad individual por actos de guerra es atribuida individualmente. Lo que no regula la ley, es qué parte (cuando existiera una), tiene la razón. Por eso, una condena no es un veredicto histórico sobre un conflicto tanto como una absolución no es una justificación histórica. Como ya se ha dicho: existe responsabilidad colectiva pero no culpabilidad colectiva. Por cierto tampoco la inocencia colectiva. Punto cinco: Respeto a la independencia del poder judicial Jueces y fiscales que temen por sus vidas y por las de sus familias no pueden cumplir con esta tarea. Sus juicios serán una contribución eficaz, aunque limitada, en el momento en el que el Estado y la sociedad respeten los mismos como una aplicación de derecho. Solo si el Estado y la sociedad respetan los juicios como una aplicación de derecho, aunque, o más aún, cuando no estén de acuerdo con ellos. Es necesario un consenso social disciplinado de que únicamente los tribunales de justicia son los que deciden sobre asuntos jurídicos penales. Ellos no deciden sobre justicia o injusticia en sentido histórico. Solo bajo la protección de este consenso serán capaces de llevar a cabo un trabajo sólido, independiente y respetable. No se debe esperar de ellos que correspondan a uno u otro punto de vista histórico con los medios del proceso judicial. Su tarea ya es lo suficientemente difícil. Señoras y señores, les agradezco mucho su amable atención y su paciencia. Ahora disfrutemos de diversas muestras de la cinematografía que seguramente también serán un estímulo para reflexionar sobre cómo lograr la reconciliación con un pasado difícil. Nos esperamos distintos ángulos de diferentes verdades. Muchas de ellas son incómodas para muchos. En Europa también fue así. Es bueno que la democracia en Guatemala les dé un foro abierto a las perspectivas de los cineastas. Por eso me alegra mucho que mi país pueda hacer un aporte al Festival Memoria, Verdad, Justicia. Esto no significa que la Embajada o el Gobierno Alemán tomemos alguna postura a través de estos aportes cinematográficos, tampoco participamos en la elección y la presentación de dichos aportes. ¡Muchas gracias!