XXIX.—Nuevo método de destrucción de la materia orgánica en el

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rius por Handlirsch, pues, de esta especie, dice su autor que
tiene el cuerpo mucho más gruesamente punteado que el
N. Fríesei, que presenta una banda amarilla entera sobre el
pronoto y que tiene las patas rojas, y el N. pratensis apenas
es más punteado que el dimidiatus (que lo es menos que el
Friesei), lleva sobre el pronoto dos manchas blanquecinas
y tiene las patas casi completamente negras.
(Continuará.)
XXIX.—Nuevo método de destrucción de la materia
orgánica en el análisis toxicológico.
POR JUAN BAUTISTA PESET Y ALEIXANDRE.
No se precisa encarecer la importancia del problema de la
destrucción de la materia orgánica, y de ella da razón la numerosa literatura con que en la actualidad se cuenta respecto
del asunto.
Las condiciones que deben concurrir en un procedimiento
adecuado para el caso, se clasifican en las categorías siguientes: a) la destrucción debe resultar lo más completa
posible, b) no ha de haber pérdida sensible de ningún metal
venenoso por causa de volatilización, c) los reactivos empleados no deben precipitar ningún 'metal calificado entre los venenosos, d) los mismos reactivos no han de introducir ninguno de ellos, e) ha de ser rápido; y/) que no ha de ser
nunca peligroso.
Entre los numerosos procedimientos inventados, no hay
ninguno que reúna todas las condiciones indicadas. El defecto
más frecuente de todos consiste en la posibilidad de dejar
precipitados uno ó varios metales acompañando al residuo de
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las materias orgánicas, lo cual obliga á someterlo á ulteriores
tratamientos. Los principales aniones empleados con objeto
de precipitar cationes venenosos, son los correspondientes
á los ácidos clorhídrico, sulfúrico y crómico. El primero, capaz de precipitar la plata, mercurioso y parte del plomo y
del talio, se emplea en los reacctivos de los procedimientos
de Duflos, Millón, Fresenius y Babo, Abreu, Ogier (ácido
clorhídrico y clorato potásico), Mai (ácido clorhídrico, clorato potásico y persulfato amónico), Kippenberger (ácido
clorhídrico, sal de manganeso y ácido nítrico), Jaquelain (cloro), Malagut y Zarzeau (agua regia), Gaultier (agua regia y
galvanismo), Schlagdenhausen (cloruro sódico, ácido sulfúrico y bicromato potásico), Drunty, Duflos y Hirsch (ácido
clorhídrico y cloruro calcico), etc. El ion sulfúrico, capaz de
precipitar el plomo, bario y estroncio, se emplea en los procedimientos de Flandín y Danger, Gautier, Filhol, Grigorgeu (ácidos sulfúrico y nítrico), Ponchet (sulfato ácido de potasio), Meillère (ácidos sulfúrico y nítrico y sulfato potásico),
Denigés (ácido sulfúrico ó nítrico y permanganato potásico)
y el citado de Schlagdenhausen. El cromión capaz de precipitar la plata, mercurioso, plomo y bario, entra en el último
citado.
Este mismo introduce, además,, el cromión venenoso, siendo imposible ya su investigación toxicológica. Introducen el
manganeso los procedimientas citados de Kippenberger, Villiers y Denigés.
Pueden producir pérdidas por volatilización todos los que
se fundan en la carbonización ó calcinación, ya sea sencilla,
en corriente de oxígeno (proc. de Verryken), precedida del
tratamiento por el ácido nítrico ó un nitrato (proc. de Rapp,
Thenard, Woehler y Siebol, Orfila, Chevalier) ó favoreciéndolo con la ayuda del ácido sulfúrico, como ocurre en los
métodos de Filhol y análogos.
Resulta lentísimo otro procedimiento recientemente propuesto en Alemania, y que consiste en tratar por. el ácido
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nítrico y someter á la corriente eléctrica. Hay veces que dura
siete ú ocho días.
Son, por otra parte, muy peligrosos, habiendo producido
la muerte de un químico parisién, los sistemas fundados en
el tratamiento por el ácido nítrico seguido de calcinación.
Acaso el método más recomendable, que cumple las condiciones a), b), d), e) y f ) , es el fundado en el empleo del clorato potásico y el ácido clorhídrico, según la modificación de
mi querido maestro el Dr. Ogier, Director del Laboratorio
de Toxicologia de París. La novedad consiste en hacer actuar el ácido clorhídrico gaseoso sobre la mezcla de las
materias y el clorato en recipiente cerrado, y así la operación
realízase sola á la temperatura ordinaria. Para más pormenores es preciso ver la obra de Química Toxicológica de este
autor.
Aunque parezca tener á mano sobrados procedimientos el
químico-legista, no creo inútil la publicación de mis trabajos
acerca de la materia, iniciados en el Laboratorio de Fresenius
y terminados en el de Ogier. Fúndase el nuevo método en la
acción oxidante combinada del ácido nítrico y de los vapores nitrosos nacientes, producidos añadiendo un nitrito alcalino. He aquí los experimentos llevados á cabo, y repelidos
para comprobar su eficacia.
Cosa de 20 gramos de embutido y otro tanto de pan se
colocan en una cápsula de porcelana, se mezclan con
100 c. c. de agua, se añaden cerca de 40 gramos de ácido
nítrico y se lleva la mezcla al baño de María. Agrégase agua
hasta formar una papilla clara y luego 3 gramos de nitrito
potásico ó sódico, agitando al mismo tiempo. De diez en diez
minutos se sigue añadiendo cada vez 0,5 gramos de nitrito
y agua para substituir la que se evapora. Pasadas tres horas,
redúcese por evaporación á pequeño volumen, para eliminar
gran parte de los gases nitrosos. Después se diluye, y á las
cinco horas resulta completa la destrucción de las materias
orgánicas. La masa queda convertida en un líquido amarillo,
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con ligero residuo blanco-amarillento y algo de grasa que
sobrenada.
Este método se puede practicar en recipiente cerrado,
como lo demuestra el experimento que sigue: Convertidos
en papilla 146 gramos de hígado, se mezclan con 6 gramos
de nitrito sódico y se añaden 20 c. c. de agua; colócase la
mezcla en un matraz provisto de un tapón con dos agujeros,
atravesado uno de ellos por un tubo-embudo de llave, que
penetra en el interior de aquélla, y el otro por un tubo de
desprendimiento, que puede ir á desembocar en una solución de potasa. Se calienta al baño de María. En el embudo se pone ácido nitrico, que se va añadiendo en pequeñas
porciones á merced de la llave. Al cabo de hora y media se
puso en el embudo una disolución de 6 gramos de nitrito sódico en poca cantidad de agua y se añadió paulatinamente.
La destrucción era completa á las cuatro horas. Filtrado y
pesado el residuo seco á la temperatura ordinaria, resultaba
ser de 13,008 gramos, ó sea 8,91 por 100 de la substancia
empleada, constituido en su mayor parte por grasas. Hecho
así el ataque, se evita el desprendimiento rápido de vapores
nitrosos, siempre molestos, favoreciendo al mismo tiempo
su más prolongado contacto, que acorta la operación.
A primera vista se comprende que el procedimiento indicado llena de modo bastante completo las condiciones exigidas y apuntadas al principio. En efecto, la destrucción es suficiente. Los reactivos empleados no son capaces de precipitar ningún metal. No introducen ninguno calificable de veneno, ya que el sodio ó el potasio, formando sales, no lo son.
No hay posibilidad de pérdidas, puesto que se hace en recipiente cerrado. Es bastante rápido y nada peligroso. Un exceso de ácido siempre es evitable por evaporación, puesto
que el ácido nítrico hierve á 86°.
El único metal cuya solubilidad resulta dudosa en la solución nítrica es el estaño, que en presencia del ácido nítrico
pasa á ácido metastánnico insoluble. Se consideran dos ca-
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sos: a) Que se halle en estado de sal soluble ó compuesto
cualquiera. Entonces no es de temer su precipitación, como:
indica el siguiente experimento: Una solución de cloruro estannoso tratada por otra concentrada de nitrito sódico, da
un precipitado blanco perfectamente soluble en el ácido nítrico. Lo mismo ocurre aunque se hidrate previamente con
potasa. Luego, en el caso interesante para la Toxicologia,
cuando el estaño se halla formando un compuesto que no
sea inofensivo, como el ácido metastánnico, queda disuelto
aplicando el método que se estudia, b) Carece de importancia en Toxicologia, pues no se han registrado casos de envenenamiento por el estaño metálico empleado como antihelmíntico. De todas maneras, conviene examinarlo con el
fin de dar mayor generalidad al sistema. Poniendo en un tubo
de ensayo un pedacito de estaño metálico y añadiendo una
solución concentrada de nitrito, permanece el metal inalterable; si esta mezcla se trata por el ácido nítrico, el primero
continúa igual mientras existe nitrito por atacar; cuando se
acaba, es atacado el estaño y convertido en ácido metastánnico insoluble. Para solubilizar este cuerpo, los autores recomiendan la fusión con cianuro potásico. Conviniendo en
el caso presente evitar las acciones violentas del fuego y el
empleo de productos tóxicos, se procede haciendo uso de
una propiedad de dicho cuerpo indicada por R. Fresenius:
el residuo de la destrucción de la materia orgánica que contenga ácido metastánnico, se hierve con ácido clohídrico
concentrado; se añade agua destilada abundante y se filtra.
El líquido filtrado contiene estaño directamente precipitable
con el ácido sulfhídrico. Se puede apurar previamente el residuo con éter para privarlo de la grasa.
Como en el organismo hay sulfatos y cloruros, podría ha"
berse producido la precipitación de algún metal, quedando
éste en el residuo. Los metales precipitables por el ácido sulfúrico normal en el organismo, que lo contiene en dosis exiguas, han de encontrarse en cantidad bastante para no ser
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precipitados por completo en el caso de producir efectos
tóxicos. Sise sospechara la»existencia del plomo, bastaríaagotar el residuo con solución de tartrato amónico ó con
ácido clorhídrico. en caliente. De los metales precipitables
por el ácido clorhídrico ó los cloruros normales en el organismo, el mercurioso se oxida por el ácido nítrico, pasando á mercúrico; el plomo siempre es soluble en parte,1 y
más en caliente (siendo probable que exceda á la cantidad
de ácido clorhídrico); el talio da cloruros solubles en agua
caliente y ácidos, y con esto queda limitado el estudio á la
plata, cuya presencia en el residuo siempre es delatada por'
su ennegrecimiento en presencia de la luz. He aquí cómo se
procede en los casos en que por dicha circunstancia ó por
la presencia de plata en el líquido obtenido queremos separar la pequeña cantidad de este metal, que inevitablemente
queda en el residuo. Disuelta la parte de plata reducida en
el ácido nítrico é incorporada esta solución á la ya obtenida,
agotado el residuo con éter y neutralizado con potasa, se
trata por una solución concentrada de hiposulfito sódico, y
después de abandonado algunas horas en su contacto, se
filtra. En el líquido filtrado se introduce una lámina de cobre, ó mejor de hierro (no tóxico), y la plata disuelta se
precipita. Se puede emplear el amoniaco en sustitución del
hiposidfito; pero tiene la desventaja de dar al residuo coloración naranja subida. Además, si bien en este caso la separación de la plata es más rápida, no resulta adhérente y hay
que filtrar. También podría emplearse el cianuro, pero es
agente tóxico, y siempre resulta preferible no utilizar reactivos de tal especie, aunque nadie pretenda investigar el ácido cianhídrico en los residuos.
Algunas observaciones, para terminar, acerca de los reactivos que han de emplearse: Da excelentes resultados
para purificar el ácido nítrico el destilarlo varias veces (cuatro ó cinco), después de añadirle el 10 por 100 de ácido sulfúrico , según propuso Bertrand. Las destilaciones se hacen
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en el mismo aparato y al baño de María, como ha recomendado Loekemann. Tampoco ha de olvidarse que el ácido nítrico conservado largo tiempo en frascos de vidrio, puede
tomar algo del arsénico contenido en éste, como demostró
Fresenius.
Para ensayar la pureza del nitrito he aquí el procedimiento: Se tratan 50 gramos por ácido clorhídrico puro, hasta
que termine el desprendimiento de vapores nitrosos. El residuo se diluye con agua y s« divide en dos partes iguales.
La primera se emplea para la investigación del arsénico en
el aparato de Marsh, á cuyo fin se evapora y calienta con
ácjdo sulfúrico hasta que desprende humos blancos voluminosos. La segunda parte se destina al ensayo general de los
metales. La presencia de cloruros y sulfates se ensaya disolviendo en agua 20 gramos de nitrito, y se divide el liquido
en dos partes, que se evaporan á sequedad en dos cápsulas
de porcelana ó de vidrio, luego de añadir, respectivamente,
nitrato^argéntico y bárico. El residuo se disuelve en el agua,
observando si queda parte insoluble. Esta reacción así practicada es de extremada sensibilidad.
Programa de premios para el Concurso del año 1910.
Artículo 1.° La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid abre Concurso público para adjudicar tres premios á los autores de las Memorias que desempeñen satisfactoriamente, á juicio de la misma Corporación,
los temas siguientes:
1,° «Determinar la figura definitiva que, por efecto de las
»presiones delgas interior, del aire exterior y de los sistemas
»efe suspensión de los diversos pesos, tomará un aeróstato
»fusiforme, construido con una tela flexible y elástica, supo-
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»riéndole en reposo en medio de una atmosfera tranquila, y
»calculando asimismo las tensiones correspondientes á cada
»punto de la tela.»
2° «Deducción y estudio de la ley de las fases, partien»cfo de las teorías químicas que suponen el átomo compuesto
»por un núcleo rodeado de una atmosfera de elementos eté»ra>s.»
3.° «Monografía de los minerales de plomo en España,»
El aspirante al premio no sólo ha de describir los minerales é indicar la procedencia y condiciones de los criaderos
en que se encuentran, sino que señalará las aplicaciones
que aquellos tienen en las Artes y la Industria, y presentará,
como justificantes de la obra, los ejemplares de menas, las
preparaciones microscópicas, los datos de ensayos y análisis,
las muestras de metal, etc., que juzgue pertinentes para la
mejor y más completa inteligencia de su trabajo.
Art. 2.° Los premios que se ofrecen y adjudicarán, conforme lo merezcan las Memorias presentadas, serán de tres
clases: premio propiamente dicho, accésit y mención honorífica.
Art. 3.° El premio consistirá en un diploma especial en
que conste su adjudicación, una medalla de oro de 60 gramos de peso, exornada con el sello y lema de la Academia,
que en sesión pública entregará el Sr. Presidente de la Corporación á quien le hubiere merecido y obtenido, ó á persona que le represente; retribución pecuniaria, al mismo autor
ó concurrente premiado, de 1.500 pesetas; impresión, por
cuenta de la Academia, en la colección de sus Memorias, de
la que hubiere sido laureada, y entrega, cuando esto se verifique, de 100 ejemplares al autor.
Art. 4.° El premio se adjudicará á las Memorias que no
sólo se distingan por su relevante mérito científico, sino también por el orden y método de exposición de materias. Su
redacción ha de ser bastante esmerada, para que desde luego pueda procederse á su publicación.
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Art. 5.° El accésit consistirá en diploma y medalla iguales á los del premio y adjudicados del mismo modo, en la
impresión de la Memoria, coleccionada con las de la Academia, y entrega de los mismos 100 ejemplares al autor.
Art. 6.° • El accésit se adjudicará á las Memorias poco inferiores en mérito á las premiadas y que versen sobre los
mismos temas, ó, á falta de término superior con que compararlas, á las que reúnan condiciones científicas y literarias
aproximadas, á juicio de la Corporación, á las impuestas
para la adjudicación ú obtención del premio.
Art. 7.° La mención honorífica se hará en un diploma especial, análogo à los de premio y accésit, que se entregará
también en sesión pública al autor ó concurrente agraciado ó
persona que le represente.
Art. 8.° La mención honorífica se hará de aquellas Memorias verdaderamente notables por algún concepto, pero
que, por no estar exentas de lunares é imperfecciones, ni
redactadas con el debido esmero y necesaria claridad para
proceder inmediatamente á su publicación, por cuenta y
bajo la responsabilidad de la Academia, no se consideren
dignas de premio ni de accésit.
Art. 9.° El concurso quedará abierto desde el día de la
publicación de este programa en la Gaceta de Madrid, y
cerrado en 31 de Diciembre de 1910, día hasta el cual se
recibirán en la Secretaría de la Academia, calle de Valverde,
número 26, cuantas Memorias se presenten.
Art. 10. Podrán optar al concurso todos los que presenten Memorias que satisfagan á las condiciones aquí establecidas, sean nacionales ó extranjeros, exceptólos individuos
numerarios de esta Corporación.
Art. 11. Las Memorias habrán de estar escritas en castellano ó latín.
Art. 12. Las Memorias que se presenten optando al premio se entregarán en la Secretaria de la Academia, dentro
d,el plazo señalado en el anuncio de convocatoria al concur-
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âo, y en pliegos cerrados', sin firma "ni indicación deV «ombre del autor, pero con uri lema perfectamente legible en el
sobre ô cubierta que sirva para diferenciarlas unas de otras.*
El mismo lema de la Memoria deberá ponerse en el sobre
de otro pliego, también cerrado, dentro del cual constará ,el
nombre del autor y las señas de su domicilio ó paradero.
Art. 13. De las Memorias y pliegos cerrados, el Secretario de la Academia dará, á las personas que los presenten
y entreguen, un recibo en que consten el lema que los distingue y el número de su presentación.
Art. 14. Los pliegos señalados con los mismos lemas que
las Memorias dignas dé premio ó accésit se abrirán en la sesión en que se acuerde y decida otorgar á sus autores una ú
otra distinción y recompensa, y el Sr. Presidente proclamará
los nombres de los autores laureados en aquellos pliegos
contenidos.
Art. 15. Los pliegos señalados con los mismos lemas que
las Memorias dignas de mención honoiífica no se abrirán
hasta que sus autores, conformándose con la decisión de la
Academia, concedan su beneplácito para ello. Para obtenerle
se publicarán en la Gaceta de Madrid los lemas de las Memorias en este último concepto premiadas, y, en el impro.
rrogable término de dos meses, los autores respectivos presentarán en Secretaria el recibo que de la misma dependencia obtuvieron como concurrentes al certamen, y otorgarán
por escrito la venia que se les pide para dar publicidad á sus
nombres. Transcurridos los dos meses de plazo que para
llenar esta formalidad se conceden sin que nadie se dé por
aludido, la Academia entenderá que los autores de aquellas
Memorias renuncian á la honrosa distinción que legítimamente les corresponde.
Art. 16. Los pliegos que contengan los nombres de los
autores no premiados ni con premio propiamente dicho, n
con accésit, ni con mención honorífica, se quemarán en la
misma sesión en que la falta de mérito suficiente de las Me-
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morías respectivas sé hubiere decidido. Lo mismo se hará
con los pliegos correspondientes á las Memorias agraciadas
con mención honorífica cuando, en los dos meses de que
trata la regla anterior, los autores no hubieren concedido
permiso para abrirlos.
Art. 17. Las Memorias originales, premiadas ó no premiadas, pertenecen á la Academia, y no se devolverán á sus
autores. Lo que, por acuerdo especial de la Corporación podrá devolvérseles, con las formalidades necesarias, serán los
comprobantes del asunto en aquellas Memorias tratado, como
modelos de construcción, atlas ó dibujos complicados de reproducción difícil, colecciones de objetos naturales, etc. Presentando en Secretaría el resguardo que de la misma dependencia recibieron al depositar en ella sus trabajos como concurrentes al certamen, obtendrán permiso los autores para
sacar una copia de las Memorias que respectivamente les
correspondan.
Madrid, 31 de Diciembre de 1908.
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