ANTECEDENTES HISTORICOS DEL SECTOR AGRARIO EN EL PERU 1969 Etapas del desarrollo de la actividad agropecuaria peruana Hablar del sector agrario peruano, sin hacer las necesarias distinciones por regiones naturales y magnitud de su desarrollo, puede dar lugar a una simplificación del problema y conducir a una interpretación errónea del mismo. Es por ello necesario caracterizar la situación agraria del país, teniendo como punto de referencia el proceso de reforma agraria iniciado en el país en 1969. Efectivamente la Reforma Agraria marca claramente, por lo menos tres grandes períodos en la historia agraria reciente del país: a) la etapa previa a la reforma agraria, hasta 1969, caracterizada por la predominancia del sistema de hacienda señorial, con su secuela de latifundio - minifundio; b) el período comprendido entre 1970 y 1989 en el que se llevó a cabo la reforma agraria y se hicieron evidentes los resultados, poco favorables para el agro, de tal proceso; c) la década de los 90, en que se inicia todo un proceso encaminado a revertir la crisis agraria, teniendo el mercado como base del modelo de desarrollo para el agro, dejando la producción del mismo a cargo del sector privado, mientras que el Estado asume el rol de desarrollar políticas redistributivas y de regulación frente a posibles excesos. a) La etapa previa a la reforma agraria, hasta 1969 Hasta mediados de la década de los 60 aproximadamente, la distribución de la tierra, tenía como características básicas, una combinación de minifundios y haciendas señoriales, junto con un sector importante de comunidades campesinas, concentradas principalmente en la sierra. Según el Censo de 1961 "…se calculó la existencia de 878,667 explotaciones agrícolas; de ellas el 0.4% tenían más de 500 Has y abarcaban al 76% del área estudiada. Al otro extremo, el 83%de los fundos tenían menos de 5 Has y daban cuenta del 5.5% del área total, mientras que 290,900 fundos (33%) con menos de una Ha. comprendían el 0.6% de la superficie2". La agricultura en la costa, se realizaba principalmente bajo riego, con predominio de grandes y medianas haciendas muy ligadas a los sectores de mayor concentración de capitales en el país, donde la mano de obra empleada era fundamentalmente asalariada y la producción estaba destinada principalmente al mercado nacional e internacional. Los principales cultivos eran, maíz, caña de azúcar, algodón, arroz y alimentos diversos. Se trataba de una producción en gran escala, lo que dio un gran impulso al desarrollo de la agroindustria con la transformación de la caña y el algodón principalmente. Accedía al crédito formal y empleaba una tecnología avanzada, lo que le permitía lograr altos rendimientos hombre /hectárea. La Costa tenía escasa ganadería intensiva, siendo la más importante el ganado vacuno para la producción de carne, leche y derivados3. En la Sierra, solamente el 21,5% de la agricultura se realiza bajo riego, el resto es agricultura de secano. El sistema de explotación de la tierra se caracterizaba por la presencia del latifundio - minifundio, con predominio de relaciones no salariales y con una importante presencia de las Comunidades Campesinas. Existían también grandes y medianas explotaciones agrícolas y ganaderas vinculadas a los grandes capitales regionales y nacionales. La agricultura se desarrollaba en los valles interandinos y la ganadería en las praderas altoandinas y su destino era, tanto el mercado internacional, vía exportación de lana principalmente, como nacional mediante la circulación de los productos en los mercados locales y para el autoconsumo donde el trueque era la forma habitual de intercambio de los productos de la zona. La agroindustria era incipiente y el uso del crédito formal era escaso y la tecnología pobre, siendo baja la productividad por hombre/Ha. Se cultivaba, principalmente papa, maíz, trigo, cebada. La producción ganadera se refería a la crianza de vacunos, ovinos y camélidos sudamericanos, alpacas especialmente CONCLUSIONES La reforma agraria peruana resultó radical en términos de redistribución de tierras, pero esa no fue una condición suficiente para lograr el desarrollo rural. La reforma agraria ha dejado de ser en el Perú un tema de agenda política y social. El fracaso de las empresas asociativas —CAP y SAIS— y su posterior parcelación en unidades familiares consolidaron un campo con abrumadora mayoría de pequeña agricultura. Sin embargo, el Estado no ha realizado mayores esfuerzos para que esta sea viable en un contexto de liberalización de los mercados. Antes bien, las políticas neoliberales se han orientado a estimular una agricultura que requiere de inversiones imposibles de lograr no solo por la pequeña sino también por gran parte de la mediana agricultura, y a orientar la producción hacia los mercados externos. Ello ha estimulado también una concentración, todavía moderada, de la propiedad de la tierra, particularmente en la costa, así como una concentración de la inversión. Hay un proceso de consolidación de una nueva polarización, basada en la combinación de tierras y capitales. Mientras lo anterior sucede básicamente en la costa, una parte importante del gasto público orientado a las áreas rurales de las otras regiones —selva y sierra— tiene por propósito principal aliviar la pobreza con transferencias antes que contribuir a la implementación de una estrategia de desarrollo rural, con lo que ayudaría a consolidar las grandes distancias en el desarrollo socioeconómico interregional. Buena parte del “problema de la tierra” en el Perú está hoy referido más a las amenazas a los derechos sobre los recursos de las poblaciones rurales pobres que a problemas propiamente redistributivos. Las tierras comunales están amenazadas por los denuncios de grandes empresas mineras y por las externalidades ambientales negativas; las de las poblaciones nativas, por intereses madereros, petroleros y mineros, pero también por inmigrantes en busca, ellos mismos, de mejorar su suerte; las de los pequeños agricultores, por las reglas implacables de un mercado en el que están involucrados en inferioridad de condiciones. En este contexto, el desarrollo rural es un objetivo inalcanzable. El mercado no puede resolver estos problemas, pues en muchos casos forma parte de ellos. Su resolución pasa por una intervención sostenida del Estado para reorientar el proceso de modernización del campo en el contexto de un modelo global de desarrollo incluyente y equitativo.