1.2 La Escuela Social La escuela social requiere un aprendizaje personal, pero también, de manera colaborativa, de una constante búsqueda de ideas, conceptos o principios que se deben elegir de la información que nos ofrece la escuela, la sociedad, los medios de comunicación, la realidad, las relaciones sociales, los discursos, los conocimientos de los demás y la misma experiencia. La educación social implica trabajar con otros, confrontar ideas que la sociedad empieza o sabe manejar e interpretar, es decir, llegar a mejores formas de análisis en intercambio y comprensión. De esta manera, se debe tener la capacidad para resolver problemas sociales, reales y concretos, mediante los conocimientos adquiridos en la escuela y que impacten en el contexto de acuerdo con sus expectativas científicas fundamentadas. Es así como la educación social debe mediar el conocimiento empírico y teórico de la realidad. De lo expuesto, Paulo Freire fue quizás el especialista más influyente en cuestiones educativas y sociales de finales del siglo XX, y uno de los más populares en asuntos relacionados con los educadores informales, con la escuela social y la necesidad del diálogo, así como con las reivindicaciones de los sectores y grupos más vulnerables y desfavorecidos; su nombre garantiza sapiencia y creatividad en teorías de la educación. La misión de la escuela, dentro de su función social, es responder a las necesidades sociales de acuerdo con las demandas expresadas o problemáticas existentes. Esta misma función social es la que debe mantenerse en las escuelas, ya que de ella depende que los alumnos asistan a la escuela y se vuelvan actores protagónicos de su conocimiento. Para ello, se debe tener presente la siguiente estructura del contexto en que se desarrolla la educación con enfoque social: Objetivo Interpretar las relaciones que existen entre la escuela y la comunidad, en conjunto o por partes, para su estudio por medio de la práctica educativa y del análisis que se haga de los elementos económicos, políticos y culturales que intervienen e influyen uno del otro. El Maestro Explica su función social como maestro La Comunidad Influencia de la comunidad en la escuela La Escuela Comprende la función social de la escuela en la comunidad. Escuela y Comunidad Interpreta la relación entre la escuela y la comunidad en que se trabaja Esta relación de la escuela con la comunidad es central de la educación social, porque es el modo en que el maestro conoce el entorno en el que se desenvuelven los alumnos, y esta manera le resulte posible plantear estrategias que ayuden a resolver los problemas desde y fuera de la escuela, haciendo uso de las fortalezas y aprovechando oportunamente las herramientas con que cuenta cada contexto. Es indispensable que el maestro guíe a los estudiantes para que sean ellos mismos quienes planteen los temas sobre los cuales es necesario enfatizar y, a su vez, resuelvan y prioricen sus necesidades vitales, pues son ellos quienes pueden dar las mejores propuestas aplicadas a su comunidad, siendo el maestro solo un guía en este proceso, quien debe asegurarse que los jóvenes apliquen oportunamente sus aprendizajes. 1.2.1 La relación de la Escuela con la Comunidad El docente debe mantener una estrecha relación con el alumno, involucrando relaciones sociales afectivas. La perspectiva del docente hacia el alumno es el deber y respetar no solo los saberes con que llegan a los educandos, sobre todo los de las clases populares –saberes socialmente construidos en la práctica comunitaria–, sino también discutir con los alumnos la razón de ser de esos saberes en relación con la enseñanza de los contenidos (Freire, 2005). Por lo tanto, el alumno no debe ser un sujeto pasivo receptor del conocimiento, sino un individuo activo que se involucre en el proceso de enseñanza aprendizaje, pues son los educandos quienes deben indicar el punto de partida para generar situaciones o problemáticas de aprendizaje acordes a sus contextos, lo cual, sólo se puede lograr a través de una participación constante. La relación escuela-comunidad parte de que es un componente de un contexto mucho más amplio de toda una gama de interrelaciones de carácter social, educativo y político que incluye personas, grupos, organizaciones e instituciones de diversa índole, pero que en alguna medida convergen con un propósito común: mejorar la calidad de vida de las personas. En el caso específico de las necesidades educativas, la motivación surge a partir de la dificultad por acceder, mantener, ampliar o mejorar los servicios educativos en la comunidad. Se constata que en la medida en que estas necesidades colectivas han sido abordadas bajo condiciones de cooperación, compromiso y solidaridad, ha habido un mayor sentido de identificación con sus soluciones. Entonces, tenemos que cuando en las decisiones hay una mayor participación de los beneficiarios, las demandas son mejor articuladas, los vínculos se hacen más fuertes entre los comunitarios, y los programas y políticas institucionales adquieren un mayor grado de legitimidad en la medida en que las personas las consideran como propias, valorando mucho más su participación en la solución a los problemas. 1.2.2 Pedagogía Social y Educación Social La educación en general mantiene una tendencia a reformularse indiscutiblemente, reconceptualizarse en términos de educación a lo largo de la vida y en el ámbito de toda la sociedad, volver a lo social, reinventarse como educación social en la que los objetivos de integración y convivencia sean determinantes y en los que la escuela –es decir, el tipo de escuela que emerja de todo este proceso de transformación– sea una instancia más de ese continuum educativo, presente en toda la vida de los hombres en comunidad y no como algo separado y segregado de la misma. La Pedagogía Social es, o debe ser, reflexión e investigación de la praxis socioeducativa. Con todo esto, debemos decir que también se hace educación social desde otros enfoques científicos parciales. Por otra parte, también la Pedagogía Social precisa recibir materiales de las disciplinas sociales para sus síntesis y sincresis conceptuales, sus modelos, estrategias y técnicas para la praxis (Ortega Esteban, 2004). En general, expresa lo que toda educación es o debe ser social, ya que, aunque hablemos de educación del individuo e incluso individualizada, ésta no deja de hacerse en la familia, en la escuela o en la comunidad, para la sociedad en la que el individuo vive; no puede haber auténtica educación individual si a su vez no se forma al individuo para vivir y convivir con los demás. La educación supone una progresiva y continua configuración de la persona para ser y convivir con los demás; acontece y se desarrolla a lo largo de la vida, esto es, desde el que el individuo nace hasta que muere. No se da, pues, única ni exclusivamente en una determinada etapa de la vida ni sólo en la escuela. En este continuum de la "educación a lo largo de la vida" es donde se inserta la educación social. La cobertura conceptual o teórica de la educación social debería encontrarse, a nuestro entender, en su función promotora y dinamizadora de una sociedad que eduque y de una educación que socialice e integre, a la vez que ayude educando a evitar, equilibrar y reparar el riesgo, la dificultad o el conflicto social (Freire, 1993). 1.2.3 El Docente en la Escuela Social Los docentes necesitan formarse continuamente para desempeñar su función dentro y fuera del aula. Para ellos, los cambios sociales, históricos, culturales y científicos deben formar parte de esta formación, ya que la cultura moderna exige al hombre un conocimiento básico que le permita entender los notables alcances del mundo (Llosa, 2012). Las inexistentes actividades formativas dentro de las instituciones educativas puede tener dos repercusiones: en primera instancia, el fracaso de la educación en relación con las demandas sociales o a las necesidades educativas de la gente refiriéndose a causas endógenas, es decir, referidas a la propia institución donde las escuelas funcionan de forma insatisfactoria porque los programas, los edificios y los materiales didácticos son deficientes o inexistentes, los profesores no tienen las capacidades y conocimientos adecuados, las prácticas están burocratizadas, entre otros; en segunda, por un modelo de educación que no queda claro en las escuelas, por consiguiente la formación de maestros y profesionales es diversa al trabajar de acuerdo con el modelo institucional. Por lo tanto, las escuelas deben retomar el rol intelectual y social de los docentes como parte fundamental que debe destacar en principio por ser una función profundamente “humana”; es decir, humanizar lo social en relación a la acción educativa. El saber de los docentes es un saber social, porque es compartido por todo un grupo de profesores que poseen una formación común, trabajan en una misma organización y están sujetos, a causa de la estructura colectiva de su trabajo cotidiano, a condicionamientos y recursos comparables, como los programas, las materias que enseñan, las reglas del centro, entre otros. Entonces, la función docente debe caracterizarse por una praxis profundamente crítica de sí y del contexto, solo así se darán las condiciones para reconstruir una nueva sociedad (Santomé, 1994).