TIPOS DE PACIENTES PACIENTES QUE NO ACUDEN A TERAPIA El paciente que se salta la terapia. Este tipo de paciente, aunque pueda parecer extraño, es extremadamente típico psicológicos. ¿Por qué alguien pediría ayuda a un profesional y luego faltaría a las citas? Sin embargo, esto puede deberse a varias causas. Algunos pacientes suelen cancelar sus citas por causas legítimas, como dificultades económicas. Otros, sin embargo, actúan así habitualmente sin tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones. En tales circunstancias, es crucial hablar con el paciente para averiguar las causas de esta conducta. Puede ser necesario advertir al paciente de que, si no modifica la cita antes de una hora determinada, seguirá siendo responsable de pagarla. En otras situaciones, se puede decir al paciente que si sigue saltándose las visitas, su tratamiento terminará. Por supuesto, es importante comprender los factores que han llevado a un paciente a terminar la terapia antes de tiempo. Es nuestro deber como terapeutas hacer todo lo posible por ayudar a nuestros pacientes a resolver sus problemas. Por lo tanto, se puede aconsejar al paciente que acuda a una sesión para hablar de sus problemas o que busque la ayuda de otro terapeuta que se adapte mejor a él. También encaja en este tipo los pacientes que llegan tarde de forma recurrente. PACIENTES QUE SE RESISTEN A CAMBIAR Hay situaciones en las que el paciente rechaza el cambio durante la terapia. Esto es comprensible porque enfrentarse a uno mismo y aceptar la responsabilidad de la propia vida puede ser una experiencia aterradora. Además, el paciente podría ser reacio a compartir detalles íntimos por temor a que el terapeuta lo juzgue. Sin embargo, estas resistencias al cambio a veces no son culpa del paciente. En ocasiones, esta resistencia puede deberse a una falta de compenetración, a la incapacidad de identificar el problema más acuciante del paciente o a que el terapeuta se aferra demasiado al paciente. En este caso, los terapeutas deben informar al paciente de lo que están viendo y sugerirle que trabaje las creencias ilógicas que puedan estar impidiendo el cambio. Preguntar al paciente qué le llevó a la consulta en primer lugar es preferible si sigue resistiéndose al cambio. Es crucial tener en cuenta que cada paciente es diferente y que la terapia no siempre es sencilla. Como terapeutas, es nuestro deber respetar la rapidez y la capacidad de cambio del paciente y, al mismo tiempo, apoyarle y guiarle en el proceso de cambio. De este modo, podemos ayudar al paciente a superar sus ansiedades y descubrir un camino hacia una existencia más satisfecha y plena. Pero si aún así el paciente no quiere cambiar, es mejor ser sinceros y preguntarle ¿Cuál es el motivo que lo trae a consulta? PACIENTES QUE LLORAN DURANTE LA SESIÓN Seguramente llorar es uno de los gestos más frecuentes en terapia. Las razones por las que llora el paciente no son las mismas, por lo que el terapeuta ha de comportarse de distinta manera. Así, si el paciente llora porque está intentando contar algo que le resulta muy doloroso, el terapeuta ha de adoptar una buena empatía, debería permanecer callado y en cuanto el paciente se calme, ayudarle a que se exprese verbalmente. Otros pacientes, llegado un momento de la sesión permanecen en silencio para evitar llorar; en este caso puede ser adecuado que el terapeuta indique lo bueno que puede resultar desahogarse. Algunos pacientes pueden utilizar el llanto de modo habitual, en casos así el terapeuta debe intentar extinguir este comportamiento. PACIENTES QUE RESERVAN INFORMACIÓN RELEVANTE PARA LOS ÚLTIMOS MINUTOS DE LA SESIÓN En estos casos, los pacientes tienden a restringir la información que comparten con su terapeuta hasta el final de la sesión. Estos pacientes pueden mostrar cierta resistencia o dificultad para expresar sus sentimientos, pensamientos y experiencias de manera abierta y franca, lo que puede dificultar la labor del terapeuta. Es común que estos pacientes se sientan incómodos o ansiosos al hablar de ciertos temas o emociones y, por lo tanto, posponen su discusión hasta el final de la sesión. Esto puede deberse a una variedad de factores, como el miedo al juicio o rechazo, la falta de confianza en el terapeuta, o la dificultad para conectarse con sus propias emociones. El terapeuta puede tener que trabajar con estos pacientes para comprender y abordar las causas subyacentes de esta tendencia a restringir la información relevante. Esto puede implicar la creación de un ambiente de confianza y seguridad, así como la exploración de los posibles bloqueos emocionales o cognitivos que pueden estar limitando la capacidad del paciente para abrirse en la sesión. Además, el terapeuta puede ayudar a estos pacientes a aprender habilidades de comunicación efectivas para que puedan expresar sus sentimientos y pensamientos más fácilmente durante las sesiones. En este caso puede ser aconsejable que el terapeuta le comenté que en la próxima sesión tratarán esos temas. Una excepción a esta regla es si la información que proporciona es de vital importancia, tratándose en ese momento, por ejemplo: ideas de suicidio. PACIENTES QUE HABLAN DEMASIADO Referido a aquellos pacientes que suelen dominar la conversación en la sesión, hablando de forma prolongada sin dar oportunidad al terapeuta de intervenir o guiar la sesión. Estos pacientes pueden ser propensos a divagar, contar historias detalladas o hablar de sus preocupaciones en un tono ansioso o acelerado, lo que puede hacer que la sesión sea menos efectiva y productiva. La tendencia de estos pacientes a hablar en exceso puede ser el resultado de una variedad de factores, como la ansiedad, el deseo de ser escuchado, la necesidad de sentirse validado o simplemente la falta de habilidades para comunicarse de manera más eficaz. Sin embargo, es importante que el terapeuta aborde esta dinámica en la sesión, ya que puede impedir el progreso terapéutico y el logro de los objetivos de tratamiento. En este caso el terapeuta ha de cortar al cliente con la máxima cordialidad posible y redirigir la sesión hacia la información que resulta relevante para el tratamiento o hacia aquellos temas que permitan llevar a cabo los objetivos terapéuticos, dejándole claro la importancia de esto para su progreso. Para los casos más extremos el terapeuta puede trabajar con estos pacientes para fomentar una comunicación más efectiva y centrada en los objetivos de tratamiento. Esto puede implicar la implementación de estrategias que ayuden a limitar la cantidad de tiempo que el paciente habla, fomentando una escucha activa y ofreciendo reflexiones y preguntas significativas para guiar la discusión. Además, el terapeuta puede trabajar con el paciente para identificar las emociones subyacentes que impulsan su necesidad de hablar en exceso y desarrollar habilidades para manejar estos sentimientos de manera más efectiva. En última instancia, el objetivo es ayudar al paciente a comunicarse de manera más clara y eficaz, lo que puede conducir a un mayor autoconocimiento y progreso terapéutico. PACIENTES DESAFIANTES QUE DESCALIFICAN AL TERAPEUTA Se refiere a aquellos pacientes que, durante la sesión, parecen intentar poner trampas al terapeuta, descalificar sus intervenciones o respuestas y cuestionar su habilidad para ayudarles. Estos pacientes pueden tener un fuerte deseo de demostrar que son más aptos o conocedores que su terapeuta, lo que puede obstaculizar el proceso terapéutico y perpetuar su propio sufrimiento. Es probable que estos pacientes hayan desarrollado ciertos patrones de pensamiento y comportamiento que están en el núcleo de su neurosis, y que puedan sentir una amenaza en el hecho de cambiar estos patrones, lo que explicaría su resistencia al tratamiento. Además, pueden tener dificultades para confiar en su terapeuta, lo que puede llevar a una falta de colaboración y al sabotaje del proceso terapéutico. El terapeuta debe abordar esta dinámica de manera empática pero firme, estableciendo límites claros y fomentando una comunicación abierta y honesta. El terapeuta también puede ayudar al paciente a comprender cómo sus patrones de pensamiento y comportamiento están obstaculizando su propio progreso terapéutico y trabajando con ellos para desarrollar estrategias para superar estos patrones. En algunos casos, puede ser útil involucrar a la familia o amigos del paciente en el proceso terapéutico para ayudar a proporcionar apoyo y refuerzo positivo. Por último, el objetivo es ayudar al paciente a comprender cómo sus patrones de pensamiento y comportamiento están afectando su vida y su bienestar emocional y ayudarles a desarrollar nuevas habilidades para superar estos patrones. Con tiempo y paciencia, estos pacientes pueden comenzar a confiar en su terapeuta y trabajar juntos para lograr una mayor comprensión y bienestar emocional. PACIENTES QUE BUSCAN SOLUCIONES EXTERNAS Son aquellos pacientes que tienden a preguntar al terapeuta qué hacer en situaciones difíciles en lugar de tomar decisiones por sí mismos. Estos pacientes pueden sentirse incómodos con la toma de decisiones y la responsabilidad personal, y pueden buscar una figura de autoridad en el terapeuta para tomar decisiones por ellos. Es importante que el terapeuta aborde esta dinámica en la sesión y trabaje con el paciente para fomentar la responsabilidad personal y la toma de decisiones. Si el paciente no se hace responsable de su propio proceso terapéutico, es menos probable que se comprometa con el trabajo necesario para hacer cambios positivos en su vida. El terapeuta puede ayudar al paciente a comprender que las respuestas a sus problemas se encuentran dentro de sí mismos y no en el terapeuta, y que el papel del terapeuta es guiar y apoyar al paciente en su propio proceso de toma de decisiones. Esto puede implicar la implementación de estrategias que fomenten la reflexión personal y la exploración de valores y objetivos personales, lo que puede ayudar al paciente a tomar decisiones más informadas y conscientes. Además, el terapeuta debe ser cuidadoso de no permitir que el paciente evada la responsabilidad personal durante la sesión. Si el paciente intenta desviar la responsabilidad o buscar soluciones externas, el terapeuta debe señalarlo y guiar al paciente hacia la toma de decisiones personal. Con el tiempo y la práctica, el paciente puede desarrollar una mayor confianza en su propia capacidad para tomar decisiones y responsabilizarse de su propio proceso terapéutico. PACIENTES CON DIFICULTADES PARA ESTABLECER CONTACTO TERAPÉUTICO La categoría de pacientes se refiere a aquellos pacientes que presentan un estado de ánimo bajo y apático durante las sesiones terapéuticas, pero que tienen dificultades para identificar las causas de su estado emocional. Estos pacientes pueden parecer distantes, desconectados o incluso desinteresados en el proceso terapéutico. Es importante que el terapeuta tenga en cuenta que este tipo de pacientes pueden estar experimentando síntomas de depresión, pero que pueden tener dificultades para expresar sus emociones o conectarse emocionalmente con el terapeuta. Es posible que el paciente no se sienta cómodo hablando de sus sentimientos o experiencias, o que tenga miedo de ser juzgado o rechazado. Es importante que el terapeuta trabaje con el paciente para establecer un ambiente seguro y acogedor en la sesión, y fomente el establecimiento de un vínculo terapéutico sólido. El terapeuta puede animar al paciente a expresar sus sentimientos y preocupaciones, y puede trabajar con el paciente para identificar las posibles causas de su estado de ánimo. Si el paciente no es capaz de establecer contacto emocional con el terapeuta, es posible que se requieran estrategias terapéuticas adicionales, como la terapia de arte o la terapia de juego, para ayudar al paciente a expresar sus emociones. Es importante que el terapeuta tenga en cuenta que la falta de conexión emocional con el paciente no indica necesariamente una esquizofrenia, sino que puede ser un síntoma de otras dificultades emocionales o psicológicas que deben ser abordadas en la terapia. PACIENTES CON ACTITUD INMADURA Son aquellos pacientes que presentan actitudes y comportamientos que son incongruentes con su edad de adulto. Estos pacientes pueden mostrar una falta de respeto hacia el terapeuta, negarse a seguir las pautas de tratamiento o realizar acciones que sean contrarias a sus intereses y objetivos. El terapeuta debe ser capaz de reconocer las actitudes desafiantes e inmaduras del paciente y ser capaz de manejar estas situaciones de manera efectiva. En algunos casos, estas actitudes pueden ser una forma de resistencia al tratamiento, y pueden ser el resultado de traumas pasados o problemas de apego que el paciente ha experimentado. Es importante que el terapeuta establezca límites claros y consistentes en la relación terapéutica, para asegurarse de que el paciente entienda que hay consecuencias por sus acciones y para prevenir cualquier daño que pueda ser causado por el comportamiento del paciente. PACIENTES JÓVENES CON ACTITUDES DE DESGASTE Y DESÁNIMO Pacientes que, a pesar de ser jóvenes, presentan actitudes que son más comunes en personas mayores cansadas de la vida. Estos pacientes pueden mostrar signos de apatía, poca ilusión por tener una mejor calidad de vida, quejas constantes y, en general, una actitud negativa hacia su vida. Es importante que el terapeuta pueda reconocer estas actitudes y trabajar con el paciente para entender la causa subyacente de su desánimo. A menudo, estas actitudes son el resultado de problemas psicológicos subyacentes como la depresión, la ansiedad, el estrés crónico o traumas del pasado que no han sido tratados. El terapeuta debe ser capaz de ayudar al paciente a identificar las posibles causas de sus actitudes de desgaste y desánimo, y trabajar con ellos para desarrollar habilidades de afrontamiento más efectivas y formas más saludables de expresar sus emociones y necesidades. Es importante que el terapeuta ayude al paciente a establecer objetivos alcanzables y realistas para mejorar su calidad de vida y encontrar la motivación necesaria para lograrlos. El terapeuta también puede ayudar al paciente a cambiar sus patrones de pensamiento negativos y a desarrollar una actitud más positiva y esperanzadora hacia su vida. Esto puede incluir enseñar al paciente técnicas de relajación, manejo del estrés y mindfulness. EL PACIENTE SEDUCTOR Este tipo de paciente busca crear un vínculo emocional con el terapeuta en lugar de abordar los problemas que lo llevaron a la terapia. A menudo, utilizan técnicas de seducción para obtener la atención y la aprobación del terapeuta, y pueden llegar a expresar sentimientos de amor hacia él o ella. A pesar de que el terapeuta debe mostrar empatía y comprensión hacia el paciente, es importante mantener límites claros para evitar que se forme una relación inapropiada. La seducción en estos casos puede ser una forma de resistencia al cambio y una manera de evitar enfrentar problemas emocionales subyacentes. El paciente puede tener miedo de sentirse vulnerable, abandonado o rechazado por el terapeuta, o puede tener dificultades para establecer relaciones saludables fuera del contexto de la terapia. Por lo tanto, es importante que el terapeuta se enfoque en ayudar al paciente a identificar y abordar los problemas subyacentes en lugar de fomentar o permitir una relación inapropiada. En algunos casos, puede ser necesario derivar al paciente a otro profesional si se considera que el vínculo terapéutico se ha vuelto contraproducente. PACIENTE CON EXCUSAS CONSTANTES Este tipo de paciente tiende a evitar hacer frente a sus propios problemas al desviar la atención hacia situaciones ajenas a su vida. Pueden ser expertos en encontrar excusas y justificaciones para no abordar las dificultades que están enfrentando, ya sea en su vida personal o en la terapia. En lugar de enfrentar directamente sus problemas, este paciente puede distraerse con problemas ajenos, como la situación política del país, las acciones de otra persona o una situación global. También puede culpar a otras personas o circunstancias externas por sus problemas y su estado emocional. Es importante que el terapeuta ayude a este paciente a reconocer y aceptar su responsabilidad en su propia vida y a fomentar la motivación para cambiar. En lugar de permitir que el paciente evada sus problemas, el terapeuta debe ayudar a identificar y enfrentar los obstáculos que están impidiendo el progreso. Esto puede incluir la identificación de patrones de pensamiento negativos o creencias limitantes que están contribuyendo a la evasión, y el desarrollo de estrategias efectivas para superarlos. PACIENTES CRÓNICAMENTE INSATISFECHOS Este tipo de paciente se caracteriza por tener una actitud negativa y pesimista en todas las áreas de su vida, lo que lo lleva a estar constantemente insatisfecho y a quejarse de todo. Por lo general, tiene una baja tolerancia a la frustración y tiende a ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno. En terapia, este tipo de paciente puede ser difícil de tratar, ya que su actitud negativa puede obstaculizar el proceso y dificultar la búsqueda de soluciones. Por lo tanto, el trabajo terapéutico se enfoca en ayudar al paciente a identificar y cambiar sus patrones de pensamiento negativos y a aprender a enfocarse en lo positivo. También se busca trabajar en su tolerancia a la frustración y ayudarlo a aceptar las situaciones que no puede cambiar y encontrar formas de manejarlas de manera más efectiva. PACIENTE QUE BUSCA RESULTADOS INMEDIATOS Este tipo de paciente se caracteriza por tener una impaciencia extrema, una necesidad de solucionar sus problemas rápidamente y la creencia de que el proceso terapéutico es una pérdida de tiempo. A menudo, se sienten incómodos en las sesiones y buscan resultados inmediatos, lo que puede llevarlos a frustrarse y abandonar el proceso antes de que realmente comience a tener efecto. Es importante que el terapeuta explique desde el principio que el proceso terapéutico puede llevar tiempo y que es necesario trabajar de manera constante para lograr cambios significativos. También es importante que el terapeuta ayude al paciente a identificar y abordar las creencias y patrones de pensamiento que pueden estar impulsando su impaciencia y su deseo de soluciones rápidas. En algunos casos, puede ser útil explorar la historia de vida del paciente para comprender por qué tienen tanta urgencia por solucionar sus problemas. PACIENTES CON RESISTENCIA AL TRATAMIENTO Este tipo de paciente, a pesar de buscar ayuda terapéutica, parece no responder al tratamiento y, de hecho, hace lo posible por empeorar su situación emocional. En ocasiones, estos pacientes pueden manifestar una resistencia inconsciente al proceso terapéutico, lo que dificulta su progreso y requiere un manejo especial por parte del terapeuta. Es importante tener en cuenta que la resistencia al tratamiento no significa que el paciente no quiera mejorar, sino que puede estar motivada por el miedo al cambio o a enfrentar emociones dolorosas. El terapeuta debe trabajar de manera cercana y colaborativa con estos pacientes, fomentando la confianza y la empatía, para ayudarles a identificar y comprender los motivos detrás de su resistencia y trabajar juntos para superarla. El manejo de la depresión en estos pacientes es crucial, ya que a menudo pueden sentirse desesperados y desanimados, y el terapeuta debe tener una buena comprensión de las herramientas terapéuticas y técnicas necesarias para ayudarles a superar la resistencia y avanzar en su proceso de curación. PACIENTE AGRESIVO O VIOLENTO Este tipo de paciente puede tener dificultades para controlar sus emociones, especialmente si se siente desafiado o si siente que el terapeuta está tratando de controlarlo o limitarlo. La violencia o la agresión pueden tomar muchas formas, desde el lenguaje hasta los comportamientos físicos, y pueden representar una amenaza real para la seguridad del terapeuta y del paciente. Es importante que los terapeutas sean conscientes de los signos de agresión potencial y estén preparados para lidiar con situaciones difíciles. También es importante que los terapeutas establezcan límites claros y expliquen los protocolos de seguridad antes de comenzar la terapia. La seguridad del terapeuta y del paciente es de suma importancia en todo momento EL PACIENTE SOBERBIO O AUTORITARIO Este tipo de paciente puede presentar una actitud desafiante y autoritaria hacia el terapeuta, en la que se siente en control de la situación y considera que el terapeuta está ahí para satisfacer sus necesidades. Puede ser crítico con el terapeuta, sus ideas y sugerencias, y no aceptar responsabilidad por su propia salud mental o bienestar. Este tipo de comportamiento puede reflejar una profunda inseguridad y falta de autoestima en el paciente, que intenta compensar estas deficiencias adoptando una actitud dominante hacia el terapeuta. También puede ser una forma de resistencia al tratamiento, en la que el paciente trata de mantener el control y evitar la exploración de temas más profundos. El terapeuta debe establecer límites claros y mantener una postura profesional, al mismo tiempo que intenta comprender las motivaciones subyacentes del paciente y abordarlas de manera adecuada. Es importante que el terapeuta no se sienta intimidado o ceda ante las demandas del paciente, pero también es necesario trabajar con el paciente para ayudarlo a desarrollar una relación más saludable con su terapeuta y con los demás. PACIENTE OBSESIVO Y CONTROLADOR Este tipo de paciente se caracteriza por necesitar tener todo bajo control antes de poder trabajar en sesión. Cualquier cosa que esté fuera de su control, como el ruido de la calle, la iluminación de la habitación, la temperatura, la postura en la que está sentado, entre otros, puede distraerlo y dificultar su capacidad de concentración. Este comportamiento puede ser un síntoma de trastornos obsesivo-compulsivos o de ansiedad. El terapeuta debe tener en cuenta que la rigidez en la necesidad de tener todo bajo control puede ser una forma de controlar situaciones externas para lidiar con la ansiedad interna. Es importante abordar la ansiedad del paciente en la terapia y trabajar juntos para encontrar formas de manejarla de manera efectiva. También es útil trabajar en la flexibilidad y la tolerancia a la incertidumbre para ayudar al paciente a aprender a lidiar con situaciones impredecibles en su vida. PACIENTE CON PENSAMIENTOS PARANOICOS Este tipo de paciente se caracteriza por tener pensamientos paranoicos y delirantes relacionados con el proceso terapéutico. Suelen creer que el terapeuta está conspirando en su contra o que está siendo vigilado. A menudo, pueden sentirse perseguidos o creer que hay una conspiración en su contra por parte de la institución o el personal de la clínica. La paranoia puede ser un síntoma de trastornos mentales como la esquizofrenia, el trastorno delirante o el trastorno paranoide de la personalidad. En algunos casos, la paranoia puede ser inducida por el consumo de drogas o sustancias psicoactivas. Para manejar a este tipo de pacientes, es necesario ser comprensivo y proporcionarles un ambiente seguro y acogedor. Es importante que el terapeuta no refuerce sus delirios, sino que les ayude a comprender que sus pensamientos son irracionales y no tienen una base real. La terapia puede centrarse en la identificación y la resolución de los miedos y las preocupaciones del paciente. Es fundamental el trabajo en equipo con el personal de la clínica y en algunos casos puede ser necesario el uso de medicamentos antipsicóticos. PACIENTE CHISMOSO Este tipo de paciente se caracteriza por traer a sesión comentarios sobre lo que otras personas dicen de otros, siendo un ávido recolector de información. Puede conocer detalles de la vida de muchas personas, y busca mostrarle al terapeuta que también está interesado en su vida. El terapeuta debe ser cuidadoso al interactuar con este tipo de paciente, ya que puede caer en el juego del paciente y terminar compartiendo información personal que puede ser utilizada en su contra en el futuro. Es importante que el terapeuta se centre en el paciente y en sus problemas, evitando discutir temas que no estén relacionados con su proceso terapéutico. Además, es fundamental que el terapeuta establezca límites claros con este tipo de paciente y no se sienta obligado a responder preguntas personales o comentarios que no están relacionados con la terapia. Al mismo tiempo, puede ser útil explorar por qué el paciente tiene un fuerte interés en la vida de los demás y cómo esto puede estar afectando su propia vida y su capacidad para relacionarse con los demás EL PACIENTE VÍCTIMA Este tipo de paciente tiende a sentir que el mundo está en su contra y que siempre ha sido víctima de circunstancias ajenas a su control. Puede que hayan sufrido situaciones difíciles en el pasado, pero tienden a generalizar y culpar a los demás de sus problemas sin asumir su propia responsabilidad. El paciente víctima puede ser difícil de trabajar porque se resiste a tomar acción y asumir el control de su propia vida. En lugar de eso, busca a alguien a quien culpar por sus dificultades, y puede sentirse incómodo cuando se le pide que asuma responsabilidad por su propia situación. Es importante que el terapeuta ayude al paciente víctima a tomar conciencia de su pensamiento negativo y su tendencia a culpar a otros. El terapeuta puede guiar al paciente a través de la exploración de sus patrones de pensamiento y su historial de vida, y ayudarlo a desarrollar una perspectiva más realista y constructiva. Al trabajar con el paciente víctima, el terapeuta debe ser paciente y empático, alentando al paciente a tomar pequeñas medidas hacia la acción y la responsabilidad. Referencias Héctor Salama Penhos “Gestalt 2.0. Actualización en Psicoterapia Gestalt” Alfaomega Grupo Editor, S.A. de C. V., México. ISBN: 978-607-707-319-Página: 35 Luis A. Oblitas. “¿Cómo hacer psicoterapia exitosa?” Los 22 enfoques más importantes en la práctica psicoterapéutica contemporánea y de vanguardia. PSICOM Editores. Bogotá D.C. Colombia 2004. Pág. 23