Justo precio. Carácter que le da esa calidad en la compraventa. (Corte de Apelaciones de Rancagua, sentencia de 28 de diciembre de 2004, Rol Nº 22.441) Rancagua, 28 de diciembre de 2004. Y teniendo en su lugar y además presente: 1.- Que el justiprecio de la cosa, en un contrato de compraventa de bienes raíces, no está ni puede estar dado por la tasación fiscal del inmueble, que tiene un objetivo completamente distinto al comercial. La Ley, cuando habla de “justo precio” se refiere al valor que en el negocio de que se trataba – esto es en la compraventa – resultaba justo. Y la justicia o injusticia de un precio está dado por lo que en el mercado era posible y razonable pagar o recibir por ese bien, porque eso es precisamente un precio: el dinero que se paga por la cosa en un negocio jurídicamente denominado contrato de compraventa. Nada tiene que ver con el precio, y por ende con su justicia, el valor que el Fisco asigna a los bienes para los efectos de calcular el importe de un impuesto. 2.- Que, por lo demás, de seguirse la peregrina teoría consistente en atender al valor de tasación fiscal, la mayoría, sino la casi totalidad, de las compraventas de bienes raíces que se celebran en Chile estaría viciada de lesión enorme sufrida por el comprador, pues es un hecho conocido que los valores comerciales, y por tanto los precios fijados en las compraventas, exceden por mucho – a menudo por más de doble – al valor del avalúo fiscal. 3.- Que en la especie era al actor a quien correspondía probar el justo precio de la cosa, para determinar así que en verdad había recibido menos de la mitad de ese valor y, por ende, que se configuraba la lesión enorme que reclama. Pero ese justo precio, para compararlo con el recibido, debía establecerse según el valor comercial que tenían los bienes a la época de celebración del contrato, porque justamente es característica propia del precio de las cosas su fluctuación, derivada de los avatares del mercado. 4.- Que los demandantes no lograron probar el monto de ese precio justo, pues al respecto no hay sino la pericia de fs. 34 a 36, y ella no es bastante, por las razones que se dirán. 5.- Que ante todo es preciso hacerse cargo de que el apelante insistió en estrados en que el peritaje no había sido objetado, por lo que en su concepto producía plena prueba, apreciación en la que se equivoca, pues la objeción no dice ni puede decir relación con el valor probatorio de fondo, cuya apreciación es privativa y obligatoria siempre para el juez. La objeción sólo puede referirse a cuestiones formales que aquí no se han observado y por ende es el Tribunal - la corte en este caso – quien debe apreciar esa probanza conforme a las reglas de la sana crítica, para determinar su mérito. 6.- Que en la especie el peritaje no basta para determinar el precio justo porque no contiene ningún valor referencial de propiedades similares, correspondiente a precios pagados en la misma época, ni en verdad en ninguna otra. Toda la pericia es una estimación agronómica de la calidad y naturaleza de los suelos y una estimación de las construcciones, en este punto sin mayor argumentación, pero en cualquier caso sin referencia concreta al mercado, que, como se sabe, fluctúa, según múltiples factores que se añaden a la calidad de la tierra o a la naturaleza de las construcciones. Es más, el propio perito dice a fs. 36 que tomó en cuenta los precios de mercado, pero no incluye ninguna muestra y en ese sentido no permite al Tribunal apreciar la seriedad del estudio; máxime cuando esta pericia es el único medio probatorio que existe sobre el punto en disputa. La sana crítica indica, además que una pericia efectuada en el año 2003 respecto de un precio pagado en 1999, debería señalar con precisión los valores a la fecha de la venta, pues ese es el precio que interesa y no el actual. El informe nada dice sobre el particular y si se atiende a que la mitad de lo que sería el justo precio según el cálculo del perito, supera sólo en $383.846 al precio pagado, imperativo es preguntarse si esa diferencia no puede corresponder el natural aumento del valor de lo vendido a la fecha del informe, dado que éste es posterior en cuatro años a la compraventa. La sola circunstancia de que esa interrogante quede sin respuesta de la lectura de la pericia, basta para comprender que apreciada ésta conforme a las reglas de la sana crítica no puede producir plena prueba. Y puesto que no hay ningún otro medio que la complete, no puede darse por aprobado el precio justo y, por lo mismo, no queda acreditada la lesión enorme alegada, lo que basta para desechar la demanda. 7.- Que si todo lo anterior es suficiente para confirmar la decisión de primer grado – aunque variando por completo sus fundamentos – ello es sin perjuicio de lo dudoso que a todo evento resulta que pueda declararse la rescisión de un contrato sólo respecto de algunos de los vendedores, de quienes no se sabe tampoco qué parte correspondía en la comunidad, dueña en su tiempo de un porcentaje de los derechos sobre los bienes, que fue lo que en realidad se vendió. Y vistos además lo dispuesto por los artículos 186 y siguientes y 425 del Código de Procedimiento Civil, se confirma la sentencia apelada de dieciséis de junio de dos mil cuatro corriente de fs. 46 a 49, sin costas de la instancia, por no haberse causado. Redacción del Ministro señor Mera. Pronunciada por la primera Sala de esta Corte de Apelaciones integrada por los Ministros señores Raúl Mera Muñoz y Ricardo Pairicán García y Abogado integrante señor Luis Dintrans Schafer.