Hoy pude ver mi error. Escritores Actuales / Schmidt Oscar Por: Oscar Schmidt | Fuente: Catholic.net Si, hoy pude ver mi error, error de muchos as, casi una vida. El evento que me obliga reflexionar ocurridurante una jornada en que particip donde algo ascomo ciento cincuenta jenes se unieron para compartir un d escuchando y aprendiendo las cosas del Ser. Sin embargo, lo que tocmi alma fue ver a un grupo de unos veinte adultos sirviendo y asistiendo la jornada de modo totalmente desinteresado y con una notable dedicaci y esfuerzo. En realidad, yo era uno m de esos veinte adultos, y feliz corr de un lado para el otro apoyando, cuidando, moviendo cosas. En un momento estaba almorzando con un grupo de sacerdotes y seminaristas que nos vinieron a acompar y ser parte de la jornada, y una sera muy conocida por mi vino a la mesa a limpiar los restos, a servir bebidas, a traer m comida. Ella lo hizo una y otra vez con una sonrisa que era notable, reflejando una alegr inocultable. Quten de raro eso? Pues que la sera tiene una muy buena posici econica y social y pudiendo estar siendo servida ella misma en su casa o en cualquier otro lugar, eligiestar all sirviendo. Empeca mirar a mi alrededor y vi que hab muchas personas con distintos roles en el mundo, pero todos tenn la misma actitud. Por quellos estaban tan felices allen lugar de estar en sus cosas, su vida, sus distracciones, sus familias? Evidentemente esta gente hab descubierto un tesoro y lo disfrutaban a sonrisa abierta. De hecho, yo mismo estaba en ese grupo, gozando a cada instante tambi. Me senta reflexionar y a poco de ello caen la cuenta de mi error, un gran error. Dios me ha llamado varios as atr, y desde entonces me he preguntado una y otra vez por qu Por quteniendo tantas otras personas me hab buscado de modo tan ostensible a mpara que trabaje para . Esta se ha transformado a lo largo de los as en la m fundamental pregunta de mi vida. He pensado que talento ha puesto El en mque sea necesario para el bien de Su Obra. Que elemento de mi vida es parte de Su Plan para esta humanidad, en particular para estos tiempos de oscuridad en que vivimos. Una y otra vez he tratado de comprender cu es el rol de este engranaje que soy yo, en el dise que es el plan que Dios ha trazado alrededor de mi vida. Convencido de que algo misterioso se esconde detr de esta pregunta, me he puesto a orar una y otra vez pididole al Ser me ayude a discernir cual es el propito de mi existencia, a la luz de lo que El espera de m Y ayer pude ver cu ha sido y es mi error. Dios no me necesita, no a mi en particular, para llevar adelante Sus propitos. Ese pensamiento ha sido una muestra m de mi egocentrismo y soberbia. No. El me ha llamado porque quiere salvarme, a mi, en modo personal. El vio que estaba perdido en las aguas del mundo, sumergido en vanidades y regodeos de poder y dinero, que son los engranajes con que se mueve esa horrenda maquinaria que es el mundo. El vio claramente que estaba a riesgo de perderme, de condenarme, por toda la eternidad. As Dios quiso llamarme para tenderme una Mano Salvadora, Su Mano. Todas estas cosas que El me permite hacer como miembro de Su Obra, son nada m que las formas, los vehulos que El me entrega amorosamente para que evite mi propia condenaci, para que me salve. Cuanta vanidad y soberbia la de pensar que El me llamporque necesita usar mis talentos, porque necesita mi ayuda. Inflado como un sapo, me he pasado as tratando de dilucidar la pregunta correcta, pero planteada del modo equivocado. En esa gente que entregaba su d, su sonrisa, su esfuerzo, para mezclarse m allde edades, clases sociales o educaci, trabajando humildemente en lavar vasos, armar mesas, mover equipos y pegar carteles, en esa gente he comprendido el tesoro escondido en el llamado que Dios me hizo. Es un llamado personal, puedo contestar si o no, en mi estla respuesta. Pero en cualquier caso, lo que esten juego no es cuanto se beneficia Dios de mi cooperaci, sino si salvo mi alma, o me condeno eternamente en medio del egocentrismo y vanidad que me amenazan a cada momento. Esas personas me dieron una lecci, en nombre de Dios, que fue el que las utilizpara que comprenda. Y a ti, mi amigo, mi amiga, que est leyendo este texto, espero estas palabras lleguen a tu coraz tambi, para que empieces a luchar contra tu egocentrismo, tu vanidad, tu ambici, tu envidia, tus anhelos de mundo que sobrepasan de modo gigantesco tus anhelos de Cielo. No eres m que nadie, ninguno de nosotros es m que ningn otro. Si no nos vemos reflejados en la humildad del Maestro que lavlos pies de Sus disculos, por qucreemos que podrmos llegar a salvarnos? He vivido en el error. Perd Ser por ser tan ciego. Extiende por favor Tu Mano una vez m, y aydame a matar mi vanidad. Aydame a ser sencillo como vos, para poder disfrutar asde la verdadera pobreza de coraz, como es que T la predicas en Tu Palabra. Pobreza que est m allde nuestra cultura, dinero, o inteligencia, que son todos dones que T nos das. Tu pobreza de Coraz tiene en realidad mucho que ver con lo que hacemos con Tus Dones, si es que los usamos para nuestra condenaci, o para nuestra salvaci. El Ser le dijo hace muchimo tiempo al Profeta Isas: "Tus caminos no son Mis Caminos". Ahora comprendo cabalmente por quse lo dijo