Relatoría “Hacia una pedagogía de la respuesta” de José de Jesús Sedano González. Carlos Alfonso Nieto Henrry Alberto Riveros I. El eterno corazón del hombre La interacción de las aspiraciones individuales con las metas o fines colectivos ha sido planteada históricamente como una de las reflexiones más importantes que debe emprender toda comunidad humana interesada en una vida mejor. Sin una comunicación adecuada entre la multiplicidad de identidades e intereses diversos, e inclusive contrapuestos, no puede construirse un régimen de tolerancia sostenible en el tiempo. Esa premisa general ilumina la obra de Fray José de Jesús Sedano “hacia una pedagogía de la respuesta” a partir de cuyas lecturas se da inicio al nuevo ciclo del seminario permanente de formación docente denominado en esta ocasión “lecturas dialógicas en torno a la pedagogía de la respuesta”. Las consecuencias de esa separación radical entre el yo y los otros han sido magníficamente tratadas desde la antigüedad: Sófocles, en una de las piezas trágicas más conocidas de la literatura griega, Antígona, pone de manifiesto que resulta ineludible el desenlace funesto de las vidas humanas cuando los intereses de unos se distancian y se superponen tiránicamente a los intereses de los otros. En esta obra teatral, cuyos personajes centrales son los hijos de Edipo: Antígona, Ismene, Eteocles y Polinices, se pone de manifiesto como la desmesura (ὕϐρις) del nuevo gobernante, Creonte, conmina una serie de hechos fatídicos que terminan por la destrucción de su propia vida. Para el poeta, el desconocimiento del otro, representado en las acciones de Creonte, implica a la postre una negación de sí mismo que se hace patente cuando las acciones desmesuradas hacia los otros terminan extendiendo sus tentáculos y generando en carne propia un dolor similar al infligido en esos otros. El sufrimiento de la heroína trágica tiene lugar, como se lo relata a Ismene, porque “Creonte ha acordado otorgar los honores de la sepultura a uno de nuestros hermanos y en cambio se la rehúsa al otro. (…)” (Sofocles, trad. 1986. p. 34). Etéocles muere en defensa de la mítica ciudad de Tebas, mientras que Polinices muere atacándola en lucha por conquistar el trono, por esa razón, continúa Antígona: (…) A Etéocles, según parece, lo ha mandado enterrar de modo que sea honrado entre los muertos bajo tierra; pero en lo tocante al cuerpo del infortunado Polinices, también se dice que ha hecho pública una orden para todos los tebanos en la que prohíbe darle sepultura y que se le llore: hay que dejarlo sin lágrimas e insepulto para que sea fácil presa de las aves, siempre en busca de alimento (…). (p. 34) Pero este mandato desborda lo que es justo y razonable para Antígona. Por eso, ella reta a Ismene a desobedecer la orden del Rey: (…) He aquí lo que el excelente Creonte ha mandado pregonar por ti y por mí; sí, por mí misma; y que va a venir aquí para anunciarlo claramente a quien lo ignore; y que no considerará la cosa como baladí; pues cualquiera que infrinja su orden, morirá lapidado por el pueblo. Esto es lo que yo tenía que comunicarte. Pronto vas a tener que demostrar si has nacido de sangre generosa o si no eres más que una cobarde que desmientes la nobleza de tus padres. (p.34) Antígona prefiere la muerte antes que doblegarse ante el mandato del Rey y decide darle sepultura a su hermano. Creonte, una vez identifica a la transgresora, ordena su emparedamiento, y no su lapidamiento como había anunciado, para mostrarse piadoso. De cualquier forma, ordena darle como castigo la muerte y esa decisión trae consigo el suicidio de Hemón, su propio hijo, quien se inmola al ver la tragedia de Antígona, su prometida, y de Euridice, la esposa del Rey, quien no resiste la desgracia acaecida sobre su hijo. La tiranía de Creonte, muestra la obra, se ha devuelto en su contra. En la pieza trágica se evidencia el nudo que teje la respuesta ética individual de los personajes frente a sus destinos comunes. Antígona se opone a los designios del nuevo rey y asume la defensa de su postura ética de un modo radical. Su decisión implica, más que la defensa del honor familiar y de las instituciones sagradas, la defensa de sí misma, de su valía como individuo. Ismene, por el contrario, ha adoptado la postura gregaria de aceptar acríticamente la orden real, pero Antígona no puede hacerlo porque ello sería una renuncia a si misma, a sus obligaciones morales. Ante su inminente muerte así lo expresa la heroína: Mis propias manos, después de vuestra muerte, os han lavado, os han vestido y han derramado sobre vosotros las libaciones funerarias; y hoy, Polinice, por haber sepultado tus restos, ¡he aquí mi recompensa! No he hecho, sin embargo, a juicio de las personas sensatas, más que rendirte los honores que te debía. (p.50) Antígona encuentra la realización de su ser en su postura radical. Su responsabilidad en su opción personal, sin la cual ella sería otra, pero no Antígona. Este ejemplo literario permite adentrarnos en la reflexión que plantea Sedano frente a la necesidad de fomentar, desde los espacios educativos, la asunción de una postura ética que emerja del encuentro consigo mismo. La construcción de un telos definitorio de la existencia humana aparece en la obra de Sedano como una necesidad vital que es correlato de la vida misma, en cuanto ella se entiende como una pregunta (2012, 49). Sin la construcción de una respuesta a la pregunta que plantea el reto de vivir, la vida misma del hombre dejaría de ser humana porque, argumenta Sedano desde la tradición eudemonista aristotélico-tomista, “El hombre, todo hombre está naturalmente dotado de un insaciable apetito de felicidad” (p.44). Esa búsqueda de realización personal, de la plenitud de su propio ser es una característica ineludible del ser humano, que es entendido como ““esperanza”, “perpetuo anhelo” “búsqueda” de perfección” (p. 45). Antígona, la heroína que se encuentra consigo misma y desde allí asume su enérgica respuesta vital, encuentra en la muerte la esperanza de seguir siendo ella misma. Por ello, esa búsqueda permanente de realización, entendida como un encuentro con el ser, con su propio ser, topa con un primer escollo y es que, parafraseando al ya mentado genio griego, el ser se dice de muchas maneras. Si el ser se dice de tantas maneras la realización del mismo implica, por antonomasia, la necesidad del florecimiento de todas ellas, so pena de un desenlace funesto como el presentado en la tragedia griega. Esta necesidad de realización personal del hombre, entendido ontológica y éticamente como un proyecto, pone sobre el tapete de modo inmediato el problema de la coexistencia de los múltiples proyectos encarnados en cada ser humano. El hombre es proyecto en Sedano porque la estructura de su propia naturaleza esta colmada de “ricos filones” que han de ser descubiertos y ello, a su vez, implica que está en constante movimiento “hacia la plenitud de su desarrollo integral, hacia su propia finalidad, que es el ideal de su perfección” (p. 44). Esta antropológica filosófica que plantea Sedano resuelve el problema de la diversidad de los sistemas de fines humanos en el encuentro con la ley natural escrita en el corazón del hombre: La ley natural –participación o resultado del designio de Dios al crear el hombre- está primordialmente arraigada, como fuerza vital que impulsa a la plenitud humana, en la misma naturaleza humana; solamente el entendimiento humano a través de mucho tiempo y con muchos errores y también aciertos, va detectando y descubriendo los diversos dinamismos e inclinaciones que, con ansias de realización, impulsan los comportamientos humanos (…). (p. 58) La importancia de detectar y descubrir los verdaderos impulsos humanos, la verdadera lex índita de que está dotado el hombre es radical para construir una respuesta vital. Según afirma el autor: “incluso la misma letra del evangelio mataría, como mata la ley escrita en las “tablas de piedra”, cuando no nos lleva a la “ley escrita en nuestros corazones” (p.59). Esa ley natural, que se entiende constituyente del ser humano en la apuesta filosófica de Sedano, preexiste a la misma ordenación positiva de los pueblos y es seguramente la misma que defendió Antígona ante las determinaciones tiránicas de Creonte. Aquí puede comprenderse la necesidad que plantea Sedano de rescatar del dominio de los juristas el sentido del término responsabilidad (p.30), por cuanto la dimensión sancionatoria imperante en el mundo jurídico, abandona la dimensión de compromiso sin necesidad de coacción que la ley natural incuba en el hombre mismo. Ahora bien, si la asunción de una respuesta es definitoria de lo humano, porque implica llegar a ser lo que eres, como lo señala Sedano, esa lex indita de la cual emerge la respuesta se convierte en un asunto de problematización necesaria. Ser lo que eres, como una exigencia ética, convierte en agente principal de interacción del discurso Sedaniano el problema mismo de la constitución de la identidad del hombre contemporáneo. Para Sedano la respuesta al encuentro consigo mismo descansa en una premisa fundacional del pensamiento cristiano, la bondad de la creación. En palabras de Sedano citando un pasaje bíblico y parafraseando a Tomas de Aquino: (…) como decía sin pretensiones metafísicas el maestro Jesús de Nazareth: “un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos” (Mt, 7, 18). Precisamente según este principio, Tomás de Aquino reafirma su antropología, positivamente optimista, que ve la realidad del ser humano, como toda realidad creada, tal como la ve dios desde su creación, radicalmente buena. (p. 60) La bondad inscrita en el corazón del hombre, con la cual debe reencontrarse para llegar a ser lo que es en potencia, encuentra en la fe su pilar fundamental. Es por esto que el análisis epistemológico de la propuesta Sedaniana resulta infecundo, porque implicaría repensar problemas de orden teológico, mas que moral y sumergiría la discusión de lo que es una reflexión urgente en el pozo de los pseudo problemas filosóficos. En su lugar, es necesario recabar en el trasfondo de su propuesta ético-pedagógica, pues en ella aparece manifiesta la ineludible tarea de construir un mejor destino, que responda a las necesidades de nuestro tiempo. El verdadero problema, como bien lo plantea Sedano, consiste en atrevernos a enfrentar nuestra realidad, “a escuchar las preguntas y clamores que, a fuer de reto, nos lanza nuestro pueblo, para discernir nuestra respuesta, comprometida, en situación; si no, desertamos de nuestra misión en América Latina” (p. 175). Ahora bien, una vez demarcado el entorno ético y pragmático de la intención emancipadora de Sedano, las lecturas dialógicas de nuestro seminario, esas conversaciones entre el autor y sus interlocutores, se presentan, en efecto, como discusiones en torno al compromiso responsable frente a la construcción de un régimen de tolerancia adecuado a la diversidad del mundo contemporáneo. En este orden de ideas la interacción entre la pedagogía de la respuesta y la observancia necesaria de los derechos humanos, entendidos como aspiraciones de la sociedad contemporánea, se entiende acompasada con esa necesidad vital de asumir la vida responsablemente. II. La dignidad humana como nuevo fundamento vital. Vamos a tratar de leer el texto de Sedano Gonzales en la clave de derechos humanos, pero de manera especial, desde algunos de ellos que se encuentran en nuestra constitución política, la Constitución de 1991. Ya tenemos claro que Hacia una pedagogía de la respuesta, no es un tratado pedagógico en sí, sino más bien una filosofía de la educación, “enraizada en el pensamiento ético-político de Tomás de Aquino” (p.7) como lo manifiesta Argüello Parra, el prologuista de esta obra. Con Sedano y la Carta Política se puede abrir un diálogo que busque contribuir a volver realidad aquellos anhelos y aspiraciones que se han quedado en el papel y que sólo a cuenta gotas los grupos dominantes en el mando del estado, le conceden a la comunidad dueña del Poder Soberano, quien lo pierde, algunas veces a la fuerza, otras de manera fraudulenta y, otras, engañado por la promesas electoreras de algunos delincuentes de cuello blanco a quienes los encontramos enraizados, en algunas ocasiones, en los más altos niveles de la ramas del poder. Con este trabajo, se quiere contribuir a desarrollar unos criterios éticos fundamentales, a partir de los contenidos que se presentan en los derechos humanos constitucionalizados, sin desconocer los otros valores o principios morales que se encuentran dentro de la Carta Política, en diálogo con Sedano González a partir de la filosofía política y el pensamiento ético, uno de lo ejes transversales de Hacia una pedagogía de la respuesta. ¿Qué nos mueve o nos impulsa a hacer esta propuesta? Encontramos dos factores fundamentales que nos permiten aproximarnos a los contenidos tanto de la filosofía política, la filosofía del derecho y la filosofía de la educación que muestran su contenido en los textos guías de esta relatoría y el otro aspecto la concepción antropológica implícita en los documentos objeto de estudio. Empezamos con la concepción antropológica: toda relación del hombre consigo mismo y con los demás, dependen de una idea-fuerza: el concepto que se tenga sobre la persona humana. Nuestra ley de leyes contiene una concepción personalista siguiendo los dictados de Emmanuel Mounier en su obra titulada el personalismo y en el texto de Gustavo Rabruch llamado Filosofía del derecho. Esta concepción personalista exalta al hombre teniendo en cuenta su dignidad humana: El hombre es un microcosmos, porque en él se encuentra la suma de todos los niveles y valores de la creación y forma la cima de la misma, que ejerce señorío sobre sí y sobre los demás seres” Palabras de Alonso Antonio que nos sirven para seguir fundamentando una concepción sobre el personalismo. (1964. p. 30). Nuestra carta política, en su artículo 5° al afirmar que “El estado reconoce, sin discriminación alguna, la primacía de los derechos inalienables de la persona (...)”, está indicando que la persona es el fin esencial de toda actividad estatal y, por lo tanto, el Estado es el medio por el cual se establece esta primacía de los derechos inalienables que ella posee, junto con el artículo primero al indicar que Colombia es una República “(...) fundada en el respeto de la dignidad humana(...)”, ya se puede determinar la concepción antropológica que hemos escogido y se alcanza a vislumbrar un marco teórico para la ética que se debe seguir en la relación Persona-Persona, la cual debe tener como base “el reconocimiento de los derechos inalienables de la persona” (Artículo 5° C.N.) y “el respeto de la dignidad humana” (Artículo 1° C.N.). Para reconocer el verdadero sentido del hombre como persona es necesario resolver los siguientes aspectos: 1. La dignidad. La dignidad humana tiene gran importancia en la concepción ética civilista, ya que a partir de ella se establece la finalidad del hombre. La dignidad humana es la excelencia que toda persona tiene por su modo de ser superior y por la grandeza de su misión en el mundo. Cuando se niega o se prescinde de la excelsa dignidad del hombre, se cae en los desequilibrios y la destrucción del individuo. La dignidad humana es el fundamento de los derechos del hombre, de sus derechos fundamentales. Por dignidad humana se entiende aquello que reclama de sí mismo y de los demás: respeto, estimación, cuidado y realización. La dignidad humana la posee la persona desde el primer momento de su vida. Todos los hombres por el hecho de ser personas poseen la misma dignidad, por lo tanto, no hay unas personas más dignas que otras. La dignidad humana no permite la discriminación por motivos sociales, por razón de su sexo, edad, raza, religión, educación y otras formas. Lo anterior demuestra que la dignidad humana determina que la persona sea un fin en sí misma.La dignidad humana exige, respeto, custodia y aceptación; cuando se viola alguna de estas exigencias, se llega a la violencia, a la guerra, a la corrupción, ya que estos principios son la base angular de toda convivencia humana, la cual debe estar fundamentada en el respeto integral a la persona. Desde el artículo 1°nuestra Carta Política nos recuerda que Colombia es una República Unitaria fundada en el respeto de la dignidad humana. 2. La vida. El primer derecho fundamental que se encuentra en la Constitución colombiana, es el de la vida. El artículo 11° dice: “El derecho a la vida es inviolable (...)”; este no es por simple clasificación, no, la vida es el bien más valioso que posee la persona. La vida es el fundamento de toda la realidad humana. El derecho a la vida, sin ser el más importante, es el más radical y fundamental del que dependen los demás. Toda concepción ética toma la vida como uno de sus principios básicos y, por lo tanto, ella siempre debe estar encaminada a favorecer todo lo que represente vida y a rechazar todo aquello que atente contra ella. El derecho a la vida, se debe ver en forma integral, por tal causa, cuando se habla de ella debe hacerse referencia, a la vida intelectual, a la vida moral, ya que, como se expresó anteriormente, el hombre es una totalidad y no se puede separar su totalidad o integralidad, cuando se hable de este derecho. Persona que no actúe con el fin de favorecer la vida, está atentando contra el derecho fundamental de todo ser humano. La Constitución, al determinar en su artículo 366, que “(...) el mejoramiento de la calidad de vida de la población son finalidades sociales del Estado (...)”, se acerca más al compromiso de proteger la vida. 3. La libertad. Otro contenido fundamental en la determinación del hombre como persona, es el de la libertad. Se entiende por ésta la facultad natural que tiene la persona para orientar su vida de acuerdo a su querer ser, escoger y tomar sus propias decisiones. El artículo 28° de la Constitución Nacional, dice: “Toda persona es libre”, esto no indica que la libertad está íntimamente ligada a la persona, ella es otra de sus dimensiones o atributos básicos. La ética siempre ha señalado que la libertad es otro de los contenidos primordiales de todo código de conducta. Todo hombre debe velar para que se creen las condiciones que hagan posible este valor y derecho. La Constitución presenta una amplia normatividad, con el fin de regular el conjunto de actividades en las cuales el hombre manifiesta su libertad, entre éstas se citan las siguientes: libertad de aprendizaje, artículo 27; libertad de asociación, artículo 38; libertad de circulación, artículo 24; libertad de cátedra, artículo 27; libertad de conciencia, artículo 18; libertad de cultos, artículo 19, libertad de educación, artículo 68; libertad de emigración, artículo 24; libertad de empresa, artículo 333, libertad de enseñanza, artículo 27; libertad de escoger profesión u oficio, artículo 26, libertad de expresión, artículo 20; libertad de información; artículo 20; libertad de investigación, artículo 27; libertad de migración, artículo 24; libertad de opinión, artículo 20; libertad de residencia, artículo 24; libertad de reunión, artículo 37; libertad económica, artículo 333; libertad personal, artículos 17 y 28 y libertad religiosa, artículo 19. La anterior normatividad indica, que la Constitución regula la libertad en casi todas las dimensiones del hombre. No puede una persona, cumplir la constitución y la ley, y, menos actuar de acuerdo a la ética, si atenta, en su mínima expresión, contra alguna de las manifestaciones de la libertad humana. Las limitaciones a la libertad solo se justifican cuando ellas tiene como fin principal, garantizar la convivencia entre los hombres, porque ésta exige la necesidad de asegurar el reconocimiento y el respeto de los bienes jurídicos de las demás personas y cuando debe prevalecer el interés general sobre el particular. Como lo expresa Suárez Díaz: “La libertad humana no puede concebirse sin relación a los demás, sin conciencia de vida común”. Las anteriores expresiones constitucionales nos muestran algunas de las dimensiones que caracterizan a la persona humana, algunas cimentadas en el texto Hacia una pedagogía de la respuesta, según los aportes y conclusiones que sobre la obra de Sedano desarrolló nuestro prologuista y, de forma especial, cuando dice: (…) la Pedagogía de la Respuesta es proyecto ético que apuesta por la formación de una conciencia crítica y autónoma para la libertad comprometida. Comprende al ser humano libre y responsable dominado por un telos direccionante que sirve a la promoción de la vida personal y a la posibilidad de la plenitud para el otro (ser mismo en comunidad) (sedano, 2012, p.10). Sedano establece una filosofía de la educación fundamentada en principios y valores que permiten responder, en forma individual y comunitaria, al desarrollo integral de la persona, lo cual significa desarrollo en todas sus dimensiones. Ya desde la antigüedad Platón en su gran obra La república, expresaba con claridad la responsabilidad que tiene la Polis de velar por una buena educación. Platón hace énfasis en la formación centrada en los principios, hasta llegar a una identidad moral entre el individuo y la polis. También en el Estagirita, Aristóteles, pregonaba que la educación de los niños es uno de los objetos principales que debe cuidar el legislador. “Donde quiera que la educación ha sido desatendida la polis ha recibido un golpe funesto” (libro V, capítulo II). Con pedagogía de la respuesta se enaltecen un conjunto de valores y principios fundamentales para el desarrollo de la polis, del estado, encarnados en la persona, en el ser en sí, como por ejemplo, el sentido de la responsabilidad, a partir del rescate de la palabra, como acción personal y personalizante, como autodeterminación ,compromiso y responsabilidad. Con Sedano González también se hace un recorrido ético- político ya que el hombre debe afrontar su incompletud “mediante sus relaciones con lo otro y con los otros” (p.13) Como polis tenemos mecanismos para responder a superar aquellas situaciones que impiden el desarrollo integral de la persona y de la sociedad, pero no lo hemos hecho porque tenemos limitaciones que no permiten dar la respuesta oportuna para que el hombre y la sociedad lleguen a ser lo que deben ser. La filosofía de la educación de Sedano nos algunas claves para responder en forma política coherente, para formar un nuevo hombre y una nueva sociedad, ese es su potencial. Bibliografía Alonso, A. 1964. Formando Hombres Nuevos. Bogotá: Ediciones Paulinas. Sedano, J. 2012. Hacia una pedagogía de la respuesta. Bucaramanga: Universidad Santo Tomás de Bucaramanga. Sófocles. 1986. Tragedias. Traducción y notas de Assela Alamillo. Madrid: Gredos. Platon. 1979. La república en Obras Completas. Madrid: Aguilar. Aristóteles. 2004. Política. Madrid: Tecnos.