artículo original / original article Descripción anatómica del músculo vasto medial. ¿Existe realmente el músculo vasto medial oblicuo? Anatomical description of the vastus medialis. Does this muscle really exist? Enrique Vergara Amador1, Mauricio Alejandro Román Chalarca2 Objetivo: El vasto medial ha sido descrito como un músculo conformado por dos unidades. La anatomía y la electrofisiología sugieren una distinción entre fibras proximales y distales. Existe aún controversia respecto a la anatomía y la función del vasto medial. Métodos y Materiales: En 22 piezas se disecó el cuádriceps y se identificó el vasto medial. Se midió el ángulo de dirección de las fibras del vasto medial, su relación con el retináculo medial. Se identificó la inervación e hizo registro fotográfico y se guardaron los datos en una base de datos. Resultados: Se estudiaron 22 piezas de cadáveres frescos en edad promedio de 34 años (21-50 años). La dirección de las fibras musculares en los tercios medio, inferior y a nivel del borde superior de la rótula arrojó un promedio de 28,9°, 43,6° y 54,8° respectivamente. El nervio del vasto medial ingresaba en promedio 14 cm proximal al borde superior de la rótula. No se identificó en ninguna pieza diferenciación dentro del músculo vasto medial que correspondiera al vasto medial oblicuo. No encontramos inserción directa del vasto medial en la rótula, terminando la aponeurosis de este músculo dentro del retináculo medial. Conclusiones: Los resultados encontrados en la orientación de las fibras son muy cercanos a los reportados por Lieb y Perry de 45°, 56° y 56°, presentando el mismo aumento de superior a inferior. Respecto a la orientación de las fibras, penetración del músculo vasto medial en el retináculo y la inervación, nos sugieren que no existen dos músculos estructuralmente diferentes componiendo el vasto medial. Palabras clave: Músculo cuádriceps, vasto medial, nervio femoral, anatomía. Profesor asociado de Ortopedia y Traumatología, Universidad Nacional de Colombia (Colombia). emvergaraa@unal.edu.co 2 Residente de Ortopedia y Traumatología, Universidad Nacional de Colombia (Colombia). maromanc@unal.edu.co Correspondencia: Carrera 23 n◦ 45 C 31, consultorio 514. Bogotá (Colombia). Telefax 571 2870630 Fecha de recepción: 16 de abril de 2011 Fecha de aceptación: 4 de mayo de 2011 Resumen 1 Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 Vol. 27, N° 1, 2011 ISSN 0120-5552 73 Enrique Vergara Amador, Mauricio Alejandro Román Chalarca Abstract Objetives: The vastus medialis has been described as a muscle formed by two units. The anatomy and electrophysiology suggest a distinction between fibers proximal and distal. There are even controversy in the anatomy and the role of the vastus medialis. Materials and methods: In 22 pieces we dissect the quadriceps and identify the vastus medialis. Measured the angle of direction of the fibers of vastus medialis and its relation­ ship with the medial retinaculum were made. We identify the innervations and made photographic record and were stored in a data base. Results: in 22 pieces of fresh cadavers age 34 in average (21-50 years) were studied. The direction of the muscular fibers in the thirds means, inferior and at level of the upper pole of the patella had an average of 28,9°, 43,6° and 54,8°, respectively. The nerve of the vas­ tus medialis entered 14 cm on average proximal to the upper pole. It was not identified any differentiation within the vastus medialis muscle that corresponded to the vastus medialis oblique. We do not found direct insert of the vastus medialis in the patella, which means that the aponeurosis of this muscle ends inside the medial retinaculum. Conclusion: The results found in the orientation of the fibers are very close to those reported by Lieb and Perry of 45°, 56° and 56°, presenting the same increased from top to the bottom. Regarding the orientation of the fibers, penetration of the vastus medialis muscle in the retinaculum and the innervations, which suggests that there are not two muscles different structurally composing the vastus medialis. Key words: quadriceps mucle, vasto medial, femoral nerve, anatomy. INTRODUCCIÓN El músculo vasto medial, componente del cuádriceps femoral, se origina en la parte inferior de la línea intertrocantérica, línea espiral, el borde medial de la línea áspera, parte proximal de la línea supracondilar medial, el tendón del aductor largo y gran­ de y el septo intermuscular medial. El cuer­ po muscular es grueso y aplanado. Sus fi­ bras van hacia abajo y adelante en un án­ gulo de 15º al eje longitudinal del fémur, muchas de ellas en una aponeurosis de la superficie profunda del músculo, que se in­ serta en el borde medial de la rótula y ten­ dón del cuádriceps. Una expansión desde esta aponeurosis refuerza la cápsula de la rodilla y se inserta bajo el cóndilo medial de la tibia (1­2). Las fibras más inferiores son mucho más horizontales y forman una prominencia en 74 la parte medial y superior de la rótula. Al­ gunos autores distinguen esta parte como el vasto medial oblicuo, con fibras que se originan desde el tendón del aductor gran­ de y se insertan en el borde medial de la rótula (1). El vasto medial es parcialmente cubierto por el recto y el sartorio. En la parte central del muslo forma la pared lateral del canal de los aductores (Canal de Hunter). Tres ramas de la arteria femoral superficial: la superior, medial e inferior, irrigan el vasto medial (1). Es inervado por ramos musculares del nervio femoral que lo abordan por su cara superficial, descendiendo por fuera de la vaina de los vasos femorales (1). Duchenne (3), en 1866, fue probablemente el primero en estudiar la acción del cuá­ driceps. Describió los extensores de la rodi­ lla, recto anterior, vasto lateral y el vasto Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 Descripción anatómica del músculo vasto medial. ¿Existe realmente el músculo vasto medial oblicuo? medial y notó que este último tenía más poder en la extensión que el vasto lateral. Nicoll (3) demostró que los últimos 15° de extensión no se podían realizar, aun con mí­ nimo estrés, sin el vasto medial. Steindler (3) observó que el recto anterior no podía extender completamente la rodilla por sí mismo y que la fuerza final de la extensión era producida por el vasto lateral y medial, principalmente el medial. Brewerton (4), en 1955, encontró que todos los componentes del cuádriceps permanecen firmes en los últimos 15° de extensión de la rodilla pero el vasto medial se encontraba firme durante el arco de flexión a extensión completa. De acuerdo con Smillie (5), la disfunción patelo­femoral se asocia con atrofia del cuá­ driceps femoral, especialmente del músculo vasto medial, con limitación para la fase final de la extensión de la rodilla. Basado en sus observaciones clínicas concluyó que el vasto medial es responsable de realizar los últimos 15º de extensión de la rodilla. Lieb y Perry, investigando la anatomía y función del vasto medial, lo dividieron en dos independientes porciones: el vasto me­ dial oblicuo y el vasto medial largo (1), re­ firiendo que la función más importante del vasto medial oblicuo es el alineamiento de la rótula. Thiranagama encontró que el vasto medial oblicuo se divide en tres porciones (superior, media e inferior) y es inervado por dos ner­ vios provenientes del nervio femoral: la rama lateral inerva las fibras superiores y el nervio medial las fibras mediales e infe­ riores (6). Además, estas tres porciones tienen diferentes orígenes e inserciones. Gunal y colaboradores (7) reportaron una inervación adicional para el vasto medial proveniente del nervio safeno. Este nervio Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 podría inervar solo las ramas inferiores del vasto medial. También, Lin y colaboradores reportaron diferencias mecánicas y funcio­ nales entre sus componentes (8). El vasto medial tiene tres puntos motores, cada uno asociado a un grupo de fibras. La orientación de las fibras es de 45, 56 y 56° para las fibras proximales, mediales y dis­ tales, respectivamente, en relación con el fé­ mur y no con el centro de la rótula (9). Si se realiza la medición teniendo en cuenta la rótula, los hallazgos son similares a los de Lieb y Perry (9). Weinstabl y colaboradores encontraron 15 a 18° en la orientación de la fibras proximales (10). El vasto medial ha sido descrito como un músculo conformado por dos unidades: el vasto medial largo proximal y el vasto me­ dial oblicuo, distal. El vasto medial largo contribuye a la extensión de la rodilla y el vasto medial oblicuo da estabilidad a la rótula durante la extensión de la rodilla. La literatura médica describe morfológica y funcionalmente al vasto medial oblicuo como un músculo individual separado del vasto medial largo (1­3, 7,11­12). Otros au­ tores no están de acuerdo con este concepto (9,13­14). El objetivo general de este trabajo es des­ cribir la anatomía del vasto medial, la orien­ tación de sus fibras y su relación con la ró­ tula, inserción e inervación. Los objetivos específicos son identificar uni­ dades musculares que componen el vasto medial, enfocándose en la parte distal para tratar de identificar el vasto medial oblicuo, medir la orientación de las fibras del vasto medial a lo largo del muslo y su relación con la rótula, determinar la profundización 75 Enrique Vergara Amador, Mauricio Alejandro Román Chalarca del vasto medial en el retináculo medial e identificar la inervación del vasto medial. MATERIALES Y MÉTODOS Se trata de un estudio de investigación anatómica, en 22 piezas de cadáveres fres­ cos, realizado en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de la ciudad de Bogotá. La talla y el peso se to­ maron de los datos registrados por el Ins­ tituto. Se calculó el índice de Masa Corporal (IMC), que se obtiene al dividir el peso sobre la talla elevada al cuadrado. Se midió el diámetro del muslo a 18 cm del borde su­ perior de la rótula. Se disecó a través de una incisión desde la región inguinal an­ teromedial, extendiéndose por la línea media anterior, hasta la tuberosidad anterior de la tibia, con exposición completa del aparato extensor de la rodilla. Se identificó el vasto medial, el tendón del cuádriceps y la rótula. Se identificó la orientación de las fibras musculares del vasto medial y se midió el ángulo de la orientación de las fibras en su tercio medio e inferior tomando en con­ sideración una línea anterior siguiendo el eje longitudinal del fémur hasta el borde superior de la rótula (figura 1). Se observó la profundización del vasto medial en el reti­ náculo medial y se identificaron los nervios para el vasto medial, midiendo la entrada de estos al músculo respecto al borde su­ perior de la rótula (altura); lo mismo que su grosor. Se registraron todos los casos con fotografía digital. Los datos obtenidos se archivaron en una base de datos (Excel), y luego se ana­ lizaron con el programa estadístico STATA 8.0. Se estimaron estadísticos descriptivos de las variables (media, desviación estándar) y se realizaron correlaciones, regresiones lineales bivariados y multivariadas entre las distintas variables. Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 1. R: rótula, TC: tendón cuádriceps, VM: vastus medialis. 76 Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 Descripción anatómica del músculo vasto medial. ¿Existe realmente el músculo vasto medial oblicuo? Ética El estudio se realizó en el Instituto de Me­ dicina Legal de Bogotá, teniendo en cuenta la Resolución 008430 de 1993, capítulo VI, de la investigación en órganos, tejidos y sus derivados, productos y cadáveres de seres humanos, en sus artículos 47 y 48. Este estudio fue aprobado por el comité de ética médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia. de 65,9 kg (52­90 kg), una media en la talla de 1,65 m (1.60­1.80 m). En cuanto a las mediciones anatómicas de las muestras, se encontró que el promedio de la longitud del muslo (medido de la es­ pina iliaca anterosuperior a la rótula) fue de 45,6 cm y el diámetro promedio del muslo, de 37,9 cm (Tabla 1). Tabla 1 Mediciones anatómocas de las muestras Variable n° casos media Desviación estándar Mínimo Máximo 16 16 22 22 22 22 17 22 22 22 22 22 22 22 22 5 5 2 45,6 37,9 4,3 4,3 4,8 3,1 3,4 1,2 1,1 28,9 43,6 54,8 14 1,6 1,3 16,4 13,6 9,5 3,16 3,82 0,74 0,4 0,68 0,73 0,63 0,4 0,33 7,55 8,75 10,74 3,72 0,7 0,65 4,34 3,65 3,54 42 29 3 3,5 3 1 2 1 0,8 15 30 40 10 0,6 1 12 10 7 51 44 5,5 5 6 4,5 4 2,3 2 40 60 80 22 3 3 22 18 12 Medida EIAS a Rot Diámetro muslo (cm) Longitud Rot (cm) Ancho Rot polo sup (cm) Ancho Rot polo med (cm) Ancho Rot polo inf (cm) Distancia vasto medial parte media de Rot (cm) Distancia vastomed polo sup Rot (cm) Porción vasto medial en retináculo (cm) Dirección fibras sup (°) Dirección fibras med (°) Dirección fibras polo sup Rot (°) Ingreso nervio tercio proximal (cm) Grosor nervio (mm) Cantidad de nervios 1a altura 2a altura 3a altura EIAS: Espina Iliaca anterosuperior. Rot: Rótula Fuente: Datos tabulados por los autores. RESULTADOS Se disecaron 22 piezas anatómicas que co­ rrespondían a 11 cadáveres frescos de hom­ bres y 1 de mujer. La edad promedio fue de 34 años (21­50 años), con un peso promedio Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 La dirección de las fibras musculares en los tercios medio, inferior y en la línea que pasaba por el borde superior de la rótula arrojaron un promedio de 28,9°, 43,6° y 54,8° respectivamente (Figura 2). Se realizaron regresiones bivariadas y multivariadas pa­ 77 Enrique Vergara Amador, Mauricio Alejandro Román Chalarca ra cada orientación y la talla, el IMC (que representa mejor la relación entre talla y peso), el diámetro del muslo y las dimen­ siones de la rótula (estas últimas variables relacionadas específicamente con la orien­ tación de las fibras inferiores). 0,82 con p< 0,0001), se encontró que resul­ taba significativa la asociación entre esta variable y la dirección de las fibras del ter­ cio superior, con un coeficiente de deter­ minación ajustado de 0,14 y una p de 0,05 para el coeficiente de la regresión (Tabla 2). Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 2. Se observa la dirección de las fibras del vastus medialis. R: rótula Se obtuvo que en cuanto a la talla presen­ taba coeficientes de correlación de 0.1812 (p= 0.4197), ­0.3003 (p= 0.1745) y ­0.2720 (p= 0.2208) para los tres tercios del músculo vasto medial (medio, inferior y línea del borde superior de la rótula); todos no significativos. En cuanto a los modelos de regresión, se hicieron tres bivariados, cada uno con cada porción del músculo para correlación de talla y dirección de las fibras. Ningún coeficiente de la variable independiente “talla” fue significativo para cualquier asociación con la dirección de las fibras de los tres segmentos del músculo vasto medial. Al realizar el mismo análisis pero con el índice de Masa Corporal (IMC), debido a la alta correlación existente entre el pe­ so y la talla (Coeficiente de correlación de 78 No se encontraron hallazgos significativos al asociar el diámetro del muslo con la di­ rección de las fibras musculares. Aunque al hacer el modelo con la dirección del tercio inferior se obtiene un coeficiente de deter­ minación ajustado de 0,14, pero el valor de p es de 0,086. También se analizó la relación entre las cua­ tro dimensiones de la rótula (largo, ancho superior, ancho medio y ancho inferior) y se determinó que la longitud de la rótula se asocia con la dirección de las fibras del tercio inferior del músculo de manera sig­ nificativa, donde las rótulas más largas tenían una mayor inclinación de las fibras del vasto medial, en promedio de 54.8 grados, para una longitud promedio de rótula de 4.3 cm (Coeficiente de determinación ajus­ Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 Descripción anatómica del músculo vasto medial. ¿Existe realmente el músculo vasto medial oblicuo? tado de 0,17 en el modelo multivariado, que incluía todas las variables relacionadas con las dimensiones de la rodilla, y de 0,24 en el modelo bivariado, con una p para el coeficiente en ambos modelos de 0,01) (Ta­ blas 1 y 3). Tabla 2 IMC y dirección de fibras superiores Source SS Model Residual Total direc fib superiores IMC _cons gl Number of obs MS 213,453624 983,137285 1196,59091 1 20 21 Coef. 1,148246 1,371662 Std. Err. 0,5510299 13,27749 F( 1, 20) Prob > F R-squared Root MSE 213,453624 49,1568642 56,9805195 T 2,08 0,1 P>|t| 0,05 0,919 22 4,34 0,0502 0,1784 7,0112 [95% CI]. -0,001182 2,297674 -26,3247 29,06803 Fuente: Datos tabulados por los autores. Tabla 3 Modelo multivariado dimensiones rótula­ dirección de fibras inferiores Source Model Residual Total direcc fib inferiores longitud_rot rot_polo_sup rot_polo_med rot_polo_inf _cons SS gl 799,729078 1624,13456 MS 4 17 199,93227 95,5373269 2423,86364 21 115,422078 Coef. Std. Err. t t P>|t| 8,661148 3,1288 2,77 0,013 -6,499179 5,860979 -1,11 0,283 2,418548 5,107955 0,47 0,642 -1,79875 4,718255 -0,38 0,708 39,90108 25,88322 1,54 0,142 Number of obs F( 4, 17) Prob > F R-squared Adj R-squared Root MSE [95% CI] 2,059956 -18,86476 -8,358296 -11,7534 -14,70773 22 2,09 0,1266 0,3299 0,1723 9,7743 15,26234 5,866406 13,19539 8,155899 94,5099 Fuente: Datos tabulados por los autores. En cuanto a la inervación, se encontró que el nervio ingresaba en promedio a 14 cm (10­22 cm) proximal a la línea del borde su­ perior de la rótula (Figura 3). El grosor del nervio era de 1.6 mm en promedio (0.6­3.0 mm). De las 22 piezas, tres presentaron dos nervios y dos presentaron tres nervios, siem­ Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 pre con una rama de mayor grosor (Figuras 4 y 5). En un solo caso de los dos que tenían tres nervios se encontró una rama nerviosa pequeña que entraba en la parte más distal del músculo vasto medial. 79 Enrique Vergara Amador, Mauricio Alejandro Román Chalarca Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 3. Se observa la entrada de un sólo nervio al músculo vastus medialis (flecha), en el tercio medio del muslo. Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 4. Observamos la entrada de 3 nervios al vastus principal con flecha blanca. La flecha roja, más distal, señala un nervioso que entra directamente en la parte más distal del músculo vastus medialis. Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 5. Entrada intramuscular del nervio principal para el vastus (flecha delgada). Se observa un pequeño ramo nervioso entrando proximalmente (flecha gruesa). 80 Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 Descripción anatómica del músculo vasto medial. ¿Existe realmente el músculo vasto medial oblicuo? No se identificó en ninguna pieza diferen­ ciación dentro del músculo vasto medial por un septo o aponeurosis, que pudiera pensarse correspondiera a alguna unidad muscular que nos sugiera otro músculo descrito como el vasto medial oblicuo (fi­ gura 6). No encontramos inserción directa del músculo vasto medial en la rótula terminan­ do la aponeurosis de este músculo dentro del retináculo medial. Esta penetración del músculo en el retináculo medial era en pro­ medio de 1.13 cm (0.8­2 cm (figura 7). Esta porción final muscular se encontraba a 1.2 cm (1­2.3 cm) del borde medial y superior de la rótula. Se observó confluencia de las fibras distales hacia la esquina superior y medial de la rótula en todos los casos (Figu­ ras 8 y 9). Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 6. Sección del vastus medialis. No se aprecia separación por septo o oponeurosis en el mismo, que sugiera otro músculo. Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 7. Se ha seccionado el retinóculo medial (Ret) con la parte mas distal del vastus medialis. La flecha indica la penetración real del vastus medialis en el retinóculo. Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 81 Enrique Vergara Amador, Mauricio Alejandro Román Chalarca Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 8. Distancia del borde superior y medial de la rótula con la parte fenal del vastus medialis. Fuente: Imagen tomada por los autores. Figura 9. Se observa la confluencia de las fibras de la parte distal del vastus medialis hacia la esquina superior y medial de la rótula con la rodilla en flexión. DISCUSIÓN Los resultados encontrados respecto a la orientación de las fibras del vasto medial son muy cercanos a los reportados por Lieb y Perry de 45, 56 y 56°, presentando el mismo aumento en gradiente de superior al inferior (3). Estos autores refieren que al haber un cambio abrupto de las fibras inferiores puede ser considerado como una unidad muscular independiente, llamán­ dola “vasto medial oblicuo”. Además, en las 6 piezas de cadáveres que disecaron solo 82 encontraron en un caso una separación del músculo por un plano fascial areolar. Otros autores refieren que anatómicamente no hay evidencia de un plano fascial separando las porciones proximales ni distales (9,13­ 14). Estos autores reportan que la orien­ tación de las fibras del vasto medial es oblicua, y esta oblicuidad incrementa en sentido distal. Hubbart y cols. disecaron 374 extremidades inferiores, enfocándose en el vasto medial, y en ninguna de las pie­ zas encontraron evidencia de existencia del vasto medial oblicuo (14). En nuestro Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 Descripción anatómica del músculo vasto medial. ¿Existe realmente el músculo vasto medial oblicuo? trabajo tampoco encontramos evidencia de un septo ni fascia, ni plano aponeurótico o de una conformación muscular diferente que pudiera ser llamada “vasto medial obli­ cuo”. hacia el músculo, en dos casos la rama más distal salía a 2 cm de la rama principal, sien­ do esta muy pequeña, y en el otro caso era proximal a la rama principal, siendo muy pequeña en su grosor. No encontramos en este estudio inserción directa del vasto medial en la rótula, ha­ ciéndolo exclusivamente a través del pla­ no aponeurótico del retináculo medial y superior. Pudimos observar que la orien­ tación de las fibras distales del vasto medial tendían a confluir en un punto localizado en el borde o superior y medial de la rótula (Figura 10). De otra parte, al hacer tracción de la zona de inserción del vasto medial no se apreció desplazamiento medial de la rótula, más bien el efecto fue de tracción superior. Si nos referimos a la inervación, para pensar en una unidad neurológica independiente dentro del músculo vasto medial, solo en­ contramos este en un solo caso de las piezas, lo que no soporta el concepto de inervación independiente para el vasto medial oblicuo (Figura 5). Se realizó la correlación de talla y dirección de las fibras del vasto medial para deter­ minar si en muslos delgados de pacientes longilineos el ángulo tendía a disminuir y ser paralelas las fibras respecto al eje lon­ gitudinal del muslo en comparación de pa­ cientes de estatura baja, pero esta no mostró con ninguno de los tres segmentos anali­ zados del músculo vasto medial. Respecto a la inervación del vasto medial, se encontró que en 17 casos solo estaba presente un nervio proveniente del nervio femoral, que ingresaba al músculo sobre la cara medial en el tercio medio del muslo, a 14 cm en promedio proximal al borde superior de la rótula. En dos casos encontramos 3 ramas: una grande proximal y 2 pequeñas, que ingresaban un poco más distal, a 4 cm cada una respectivamente, en un caso, y en el otro, la rama distal entraba en la parte más distal del vasto medial. En los 3 casos restantes en los que encontramos 2 nervios Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 CONCLUSIÓN Los resultados obtenidos en este trabajo con respecto a la orientación de las fibras, pene­ tración del músculo vasto medial en el re­ tináculo y la inervación, nos sugieren que no existen dos músculos estructuralmente diferentes componiendo el vasto medial; sin embargo, los hallazgos de la orientación de las fibras distales podrían sugerir una dife­ renciación funcional en el vasto medial que ejerce tracción más superior que medial. Estamos realizando estudios electrofisio­ lógicos con análisis de marcha para llegar a resultados más conclusivos respecto al vas­ to medial y al vasto medial oblicuo. REFERENCIAS (1) Harold E, Jeremih C. Gray`s anatomy. The anatomical basis of clinical practice. 38th edi­ tion. Elsevier; 2005. pp.1464. (2) M. Latarget, A. Ruiz Liard. Anatomía humana. 4ª ed., tomo 1. Editora Panamericana; 1995. pp. 824­26. (3) Lieb F, Perry J. Quadriceps Function. An anatomical and mechanical study using amputated limp s. 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Barranquilla (Col.) 2011; 27 (1): 73-84 NOTA CLÍNICA Plasticidad del sistema nervioso central y estrategias de tratamiento para la reprogramación sensoriomotora: comparación de dos casos de accidente cerebrovascular isquémico en el territorio de la arteria cerebral media M.J. Díaz-Arribas a, P. Pardo-Hervás a, M. Tabares-Lavado b, M. Ríos-Lago c, F. Maestú d PLASTICITY OF THE CENTRAL NERVOUS SYSTEM AND TREATMENT STRATEGIES FOR SENSORY AND MOTOR REPROGRAM: COMPARISON BETWEEN TWO CASES OF CEREBROVASCULAR DISEASE IN THE MIDDLE CEREBRAL ARTERY TERRITORY Summary. Introduction. Injury to the central nervous system causes a series of symptoms, which lead to a process of cerebral plasticity. Propioceptive and exteroceptive information processing from the outside to the brain, influence the development of neuroplasticity, which contributes to either the recovery or maintenance of sensory-motor alterations after a stroke. Case reports. Two patients with cerebrovascular accident in the left middle cerebral artery territory, one of them ischemic and the other hemorrhagic, whose sensory and motor therapy applied show big differences. Conclusions. Treatment strategies for functional rehabilitation following a cerebrovascular accident, must be established in relation to current hypotheses on cerebral neuroplasticity and central nervous system pathways, which shows less damage or better sensory motor response. The assessment of neurological signs and symptoms, can indicate which tracts show more or less damage and which ones show greater response to motor recovery treatment. Nevertheless, functional neuroimaging diagnosis provides us with the data in a more reliable way. Even so, among patients that show similar lesion zones, according to diagnosis of computerized tomography or magnetic resonance imaging, there exists a significant clinical variability among different cases, in which case we confirm, in reference to physical treatment, that there are no patients alike, or identical patients even if they have the same clinical diagnosis of the disease. [REV NEUROL 2006; 42: 153-8] Key words. Cerebrovascular accident. Functional reorganization. Motor activity. Neural pathways. Neuronal plasticity. Physical therapy (specialty). INTRODUCCIÓN La acción que realiza el ser humano tiene como base una conducta sensitivomotora, coordinada y controlada por el sistema nervioso central (SNC). A través de la propiocepción y exterocepción [1], el SNC solicita a las estructuras del cuerpo para realizar una serie de funciones que den lugar a una acción [2]. Una de las patologías más frecuentes de alteración en las vías sensitivomotoras son los accidentes cerebrovasculares (ACV) producidos en la zona de la arteria cerebral media (ACM). Este tipo de lesiones provoca alteraciones morfofuncionales muy variadas, según diversos factores: la zona que abarca la lesión, el tipo de ACV (isquémico, hemorrágico, transitorio, etc.), el nivel de desarrollo del SNC de la persona antes del suceso, la edad, etc. Sin embargo, uno de los condicionantes principales para la mejora funcional de los pacientes es la mayor o menor afectación de las vías del SNC. Por medio de la exterocepción y propiocepción es posible facilitar o inhibir la actividad de las vías que presentan mejor respuesta al tratamiento de la función motora, en orden al proceso neuroplástico [3-5]. Aceptado tras revisión externa: 07.11.05. a Departamento de Medicina Física y de Rehabilitación. Escuela Universitaria de Enfermería, Fisioterapia y Podología. Universidad Complutense de Madrid. b Centro de Fisioterapia Neurológica ENCEFIS. c Unidad de Daño Cerebral. Hospital Beata María Ana. d Departamento de Psicología Básica II. Centro de Magnetoencefalografía Dr. Pérez Modrego. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, España. Correspondencia: Prof. María José Díaz Arribas. Departamento de Medicina Física y de Rehabilitación. Escuela de Enfermería, Fisioterapia y Podología. Universidad Complutense de Madrid. Apdo. Correos 2. E-28792 Miraflores de la Sierra (Madrid). Fax: +34 913 941 516. E-mail: mjdiazar@ med.ucm.es Se exponen los casos de dos pacientes con ACV en la región de la ACM: uno isquémico y otro hemorrágico. En el primero de los casos, la vía corticoespinal presenta mayor capacidad de activación frente a otras vías que aparecieron en las pruebas de neuroimagen como directamente afectadas. En el segundo, la vía corticoespinal muestra una importante degeneración walleriana (DW) desde el primer momento. El objetivo del estudio será valorar cómo dos casos similares en la edad de las pacientes, la causa del ACV y el primer diagnóstico clínico de ambas, necesitan un tratamiento de rehabilitación funcional distinto, según las vías del SNC que, tras la lesión, tienen mayor y menor respuesta a la activación sensitivomotora. De igual manera, destacaremos la importancia del diagnóstico clínico por neuroimagen de cara a la identificación de las vías y las áreas del SNC que presentan mayor lesión [6]. Si bien los primeros signos y síntomas de ambas pacientes son muy semejantes, de acuerdo con el primer diagnóstico de ACV isquémico, evolucionando uno de ellos a ACV hemorrágico –confirmado mediante resonancia magnética (RM)–, los cuadros clínicos van a presentar una evolución posterior según las vías afectadas y el proceso neuroplástico. Por ello, el conocimiento previo de la afectación de las vías ayudará a establecer las estrategias de tratamiento adecuadas y la posterior valoración de la evolución de los pacientes. CASOS CLÍNICOS © 2006, REVISTA DE NEUROLOGÍA Se revisaron las historias clínicas de ambas pacientes, diagnosticadas de ACV en la arteria cerebral media izquierda (ACMI), con los síntomas considerados propios de la afectación de la motoneurona superior [7]: musculatura hipotónica en la fase aguda con tendencia a la espasticidad a medida que evoluciona el cuadro clínico. Sobre ambas pacientes se plantean las dife- REV NEUROL 2006; 42 (3): 153-158 153 M.J. DÍAZ-ARRIBAS, ET AL rentes líneas del tratamiento de recuperación funcional. La base del planteamiento terapéutico se centra en las actualizaciones del funcionamiento en condiciones normales y tras un ACV que provoca un proceso neuroplástico posterior [8]. Distintos servicios de Neurología realizaron la primera valoración. a b Caso 1. Mujer que sufre un ictus tromboembólico de carácter isquémico en el territorio de la ACMI, a los 55 años de edad. Los datos más relevantes de la historia clínica, recogidos el día de la lesión cerebral, son los antecedentes de hipertensión arterial y valvulopatía mitral reumática, con doble lesión aórtica ligera y episodios de arritmias cardíacas. La tomografía axial computarizada (TAC) inicial que se realiza a la paciente es normal, aunque ya presentaba signos Figura 1. Comparación del corte 10 de la primera tomografía axial computarizada craneal sin contraste realizada externos evidentes de afectación hemisférica cerebral izquierda. La TAC al caso 1 (a) y del mismo corte 48 horas después (b), en el que se puede apreciar la lesión en la región de la artea las 48 horas objetiva una zona cen- ria cerebral media, en la zona de los núcleos de la base. Las separaciones entre los córtex, las ventanas y la matriz se realizan conforme a los parámetros estándares de los hospitales de España. tral de infarto –cambios histológicos provocados por una reducción del meses más tarde desde que se produjo el ACV, y había recibido flujo sanguíneo por debajo de 28 mL/100 g/min– en núcleos de la base y cápsula interna, con compresión del ventrículo lateral izquierdo en el territohasta ese momento un tratamiento de fisioterapia no específico rio de la ACMI, rodeada de la característica zona de penumbra isquémica sin de este tipo de afectaciones. desviación de estructuras de la línea media ni signos de sangrado intracraDesde la valoración y el tratamiento intensivo inicial de reneal. Destaca, además, una ausencia de flujo en la carótida interna (Fig. 1). programación motora [14,15] en cada una de las pacientes, se Los datos sensitivomotores relevantes en la exploración y valoración pudo apreciar clínicamente qué estructuras y funciones se enmédica neurológica [9-11] son los considerados propios de una lesión de la contraban más receptivas a la activación y cuáles se podían remotoneurona superior: musculatura hipotónica en la fase aguda –de la que, clutar para mejorar su nivel de actividades y de participación según informe neurológico, se espera una tendencia a la espasticidad–, exageración de los reflejos tendinosos profundos (ROT) (pruebas de hiperrefledesde el plano sensitivomotor [16,17]. xia, clono) y signo de Babinski positivo [12]. Las funciones se evaluaron junto con las estructuras corpoCaso 2. Mujer de 49 años de edad, que sufrió un ACV en el territorio de la ACMI en el mismo año y mes que el caso 1, con ausencia de flujo en las arterias carótida interna y cerebral media. En los datos del primer informe, antes de la realización de una RM, se describe como ACV de perfil isquémico y de etiología cardioembólica. Los datos relevantes que aporta la historia clínica son una valvulopatía mitral y tricúspide, con antecedentes de cardiopatía no controlada e hipertensión arterial. Tras la realización de una RM, que confirma el diagnóstico, se evidencian lesiones sugestivas de un gran infarto hemorrágico que afectaba a núcleos de la base y a la zona de la cápsula interna del lado izquierdo con un importante edema. Llamaba la atención la presencia de una marcada DW de la vía piramidal izquierda desde este primer momento [13] (Fig. 2). Los datos relevantes de la exploración y valoración neurológica, con respecto a la función sensitivomotora que se realizó al inicio, fueron similares a los que presentaba el caso 1: musculatura hipotónica en la fase aguda que evolucionaba hacia una hipertonía y exageración de los ROT, con signo de Babinski positivo. DISCUSIÓN Valoración y líneas de tratamiento para la recuperación motora según la afectación de las vías del SNC de ambos casos El caso 1 inicia, un mes más tarde, la primera valoración y tratamiento para la recuperación motora, con técnicas específicas de terapia física neurológica, y no había recibido anteriormente ningún otro tratamiento, excepto los cuidados posturales durante el ingreso hospitalario. El caso 2 inicia el mismo proceso seis 154 rales. Para ello se utilizó la valoración y tratamiento según el concepto Bobath [18-20], así como algunas de las recomendaciones terapéuticas de métodos de tratamiento de reaprendizaje motor de Carr y Shepherd [16]. De este último método se realizaron actividades para la recuperación del equilibrio, la deambulación y el cambio de unas posturas a otras con la máxima participación y repetición por parte del paciente. Dados los objetivos del presente trabajo, no se tratan las fases específicas de la valoración y el tratamiento de las funciones motoras. Diferencias en el planteamiento de las líneas de tratamiento para la recuperación motora, según las vías del SNC lesionadas y no lesionadas después del ACV Caso 1: paciente con ACV en la región de la ACMI cuyo sistema corticoespinal presenta un nivel de activación mayor que otras vías y estructuras Coincidiendo con la recuperación de las estructuras de la zona isquémica, se evidencia una mejoría en el plano sensitivomotor y conductual. Pasada la fase de choque tisular, se espera la evolución de la parálisis flácida inicial a una hipertonía de la musculatura antigravitatoria. Lejos de lo teóricamente esperado, lo primero que en la paciente aparece son los movimientos voluntarios de los dedos de la mano afecta –tanto en extensión como en flexión– y movilidad del pie –la musculatura flexora dorsal del pie es la primera en activarse–, lo que nos habla de una recu- REV NEUROL 2006; 42 (3): 153-158 PLASTICIDAD Y TRATAMIENTO MOTOR FUNCIONAL a b c Figura 2. Resonancia magnética del caso 2. Se muestra la serie 4, cortes 8 y 9 en plano axial potenciado en T2, donde se aprecia en la región medial del pedúnculo derecho una banda blanca bien definida que indica una alteración de la señal en las fibras del tracto piramidal antes de la decusación en las pirámides. En el informe de radiodiagnóstico se indica la degeneración walleriana de la vía piramidal izquierda. peración espontánea de la vía corticoespinal [21-23]. Aun con la falta de selectividad en dichos movimientos, la situación funcional del caso 1 pasa de una valoración de grave dependencia a una valoración de dependencia moderada, según la escala de Barthel [24], ya que se inicia la deambulación, la independencia total en el cuarto de baño, el vestido y el aseo personal. La disartria también evoluciona favorablemente. Sin embargo, persiste un bajo tono postural [25] de ambas cinturas (escapular y pélvica), así como de la musculatura del tronco [26,27]. Esto ocasiona una falta de estabilidad proximal que se evidencia en una disminución de las reacciones posturales de equilibrio, especialmente la reacción de enderezamiento contra la gravedad. Todo ello apunta a una afectación mayor de estructuras relacionadas con las vías corticorubroespinal, vestibuloespinal y reticuloespinal, así como de algunas de las vías que se enlazan con REV NEUROL 2006; 42 (3): 153-158 los núcleos basales más que con la afectación directa de la vía corticoespinal. Unido a lo anterior, el bajo tono postural del tronco puede verse influido por muchos factores, como puede ser la predisposición genética de la paciente, lo que se pudo visualizar por imágenes de sus movimientos grabados anteriores a la lesión (Fig. 3). El tratamiento de reprogramación de la función sensitivomotora tendrá como objetivos recuperar este tono de fondo postural, la estabilidad en ambas cinturas y los movimientos de destreza motora que faltan tanto en la mano (no se daban movimientos selectivos y disociados) como en los pies (enlentecimiento en las reacciones de equilibrio de los pies). Los objetivos deben alcanzarse a través de una estrategia de tratamiento bien establecida, que consiste en optimizar las zonas que la paciente activa mejor para lograr una función más normalizada [28]. En este caso, si se pretenden conseguir movimientos selectivos en los dedos de la mano [29], no se obtienen resultados favorables al iniciar el tratamiento directo de la mano o el miembro superior en cuestión. Tampoco se consigue aumentar el tono de fondo postural [30], ni la actividad en las cinturas al tratar directamente el tronco y sus movimientos. En principio, esto sería un enfoque incorrecto del tratamiento de las funciones motoras. La estrategia de tratamiento será fomentar el uso de la mano en actividades cotidianas para aumentar el tono de fondo postural de la cintura escapular y del tronco. Caso 2: paciente con ACV en el territorio de la ACMI cuyo sistema corticoespinal presenta una degeneración walleriana desde el primer momento de la lesión Después de la estabilización hemodinámica de la paciente, se inicia una importante mejora rápida y espontánea asociada a la reabsorción del edema y de la hemorragia. La flacidez del caso 2 es mayor de la apreciada en el caso 1, sobre todo de cinturas escapular y pélvica, lo que puede coincidir con la lesión de los núcleos de la base y la DW de la vía corticoespinal medial. La situación del caso 2 podría corresponderse con las conclusiones de los estudios de Ziemann et al [31], donde el control ipsilateral del miembro superior se realiza a través de vías como la corticorreticuloespinal o la corticopropioespinal, que en el caso 2 pueden encontrarse lesionadas a su paso por la cápsula interna, dada la extensión de la hemorragia en esta región. 155 M.J. DÍAZ-ARRIBAS, ET AL Cuando el caso 2 inicia sus movimientos en la vida diaria, que le hacen enfrentarse a la gravedad, se aprecia claramente una tendencia a la hipertonía en musculatura distal de miembro superior e inferior, y se valora desde los primeros momentos un nivel 1+ en la escala de Ashworth de la musculatura antigravitatoria de los miembros (bíceps braquial, trapecio superior, cuádriceps y soleo). Esta circunstancia lleva a la paciente a una situación funcional como de dependencia grave según Barthel, que se manifiesta en las actividades bimanuales (alimentación, vestido, higiene personal), en las actividades que implican transferencias (traslados de la silla a la cama o a de pie, etc.), deambulación y subida y bajada de escaleras. Si bien el caso 2 experimenta una evolución inicial más rápida que el caso 1 en fases más agudas por la regularización hemodinámica, en fases posteriores sucede al contrario. La afectación de la vía corticoespinal lateral se evidencia en la falta de inhibición de las reacciones asociadas de los flexores palmares de los dedos, por la carencia de actividad normal de dicha vía, y por el bajo tono postural de la musculatura estabilizadora de las cinturas. A diferencia del caso 1, el caso 2 no mantiene estable el tono postural axial conseguido en las sesiones de tratamiento, lo que indica una carencia de lo que podemos denominar ‘memoria cinestésica’. Ésta puede alterarse por muchos factores, y uno de los posibles es la afectación grave de los ganglios de la base y de la vía reticuloespinal, ocupadas de la regulación del tono de fondo postural desde el que se realizarán los movimientos de los miembros [32,33]. Por ello, mientras que con el caso 1 la estrategia de tratamiento se planteaba desde la provocación del aumento de tono postural en el tronco y cinturas, mediante los movimientos conservados del miembro superior, esta línea de recuperación funcional no puede aplicarse para el caso 2. En este caso, se trabaja la estabilidad en cintura escapular, cintura pélvica y tronco a través de su tratamiento directo, y se fomentan actividades que faciliten el aumento de tono postural, sin necesidad del uso de los movimientos selectivos de la mano o del pie (Fig. 4). Líneas de tratamiento comunes de ambas pacientes en una fase más avanzada de la lesión Las primeras líneas de tratamiento que se han descrito se trazan por la valoración de la afectación de las vías tras la lesión. Si bien, a medida que se evoluciona en el tiempo y la rehabilitación sensitivomotora avanza, el proceso neuroplástico que se produce, también condicionará el planteamiento terapéutico, ya que se desinhiben conexiones, y se priorizan vías alternativas del SNC en orden a restablecer las funciones perdidas. Por eso, no siempre el tratamiento de ambas pacientes va a ser diferente, sino que en fases más avanzadas de la lesión podemos encontrarnos etapas en que la línea de tratamiento tenga puntos comunes. El último período del tratamiento motor se interrumpió en ambas pacientes, por la necesidad de la implantación de válvulas cardíacas. En su reincorporación, tras un intervalo de 3-4 meses, se observaron una serie de síntomas claros de hipersolicitación del hemicuerpo no afecto, manifestados en grados diferentes en cada una de ellas. En este momento, se siguió la misma línea terapéutica para ambos casos, ya que las alteraciones en el movimiento del hemicuerpo no afecto al cabo del tiempo, que se pueden observar en este tipo de pacientes con una resolución incompleta de los problemas motores ocasionados por el ACV, y que interrumpen su actividad motora cotidiana, requieren tratamientos específicos. 156 Figura 3. Tratamiento del caso 1. Puede apreciarse cómo se fomenta la estabilidad de la muñeca y el uso de la mano afectada, para limpiar los bordes de una ventana en un plano enfrentado a la gravedad. Se aprecia la progresiva activación de la musculatura estabilizadora de la cintura escapular a través de la facilitación del tono postural en el tronco y de la implicación intencional de la mano en actividades realizadas antes de la lesión. Estos movimientos causan un nuevo retraso en los logros funcionales que ya se habían conseguido en ambas pacientes, ya que interfieren en los movimientos normales principalmente del hemicuerpo no afecto, que el paciente manifiesta como ‘torpeza’ en el miembro superior. También en el miembro inferior esta dominancia se manifiesta con un cierto empuje desde el hemicuerpo sano hacia el afecto, causado por un desplazamiento de la línea media. Ambas pacientes percibieron una falta de equilibrio e inestabilidad, especialmente en actividades que implican la disociación de las cinturas escapular y pélvica, como son los desplazamientos o giros. Estas alteraciones en el hemicuerpo no afectado podrían corresponderse con un segundo proceso de reorganización cerebral, donde se marca la diferencia entre la función de un hemicuerpo y del otro. La estrategia de tratamiento en estos casos pasa por la recuperación de la línea media dentro de la mayor normalidad, y lleva a las pacientes a normalizar las reacciones de equilibrio primeramente en el hemicuerpo sano, para después conseguirlas en el afectado. Las propuestas rehabilitadoras, como la restricción del miembro superior no afectado [34] y el consiguiente tratamiento forzado del afectado, entrarían dentro de esta línea terapéutica. En conclusión, sabemos que la terapia física induce cambios en la plasticidad cerebral [35,36], de la misma manera que el daño REV NEUROL 2006; 42 (3): 153-158 PLASTICIDAD Y TRATAMIENTO MOTOR FUNCIONAL pueden establecer diferentes estrategias y propuestas de tratamiento. Un ejemplo de ello sería la restricción de los movimientos del brazo afecto [40], el uso forzado de la extremidad superior [41], la estabilización del tronco a través de los movimientos de los miembros superiores e inferiores con una intencionalidad y atención, etc. Estas estrategias concretas tienen una base neurofisiológica de fondo que hace seleccionar aquella línea de tratamiento más adaptada a cada uno de los pacientes, según se afecten más o menos las vías. Los resultados de la constante valoración y tratamiento en la clínica tienen su correlato con la mejora o empeoramiento de la actividad del SNC. Para valorar la eficacia terapéutica, la clínica aportará unos datos iniciales que han de Figura 4. Tramiento del caso 2; se observa una actividad que realizaba la paciente antes de la lesión, con la que se pretende un aumento de estabilidad del tronco (musculatura de la columna vertebral y abdominal incontrastarse con datos más preciferior, principalmente) y la cintura pélvica, donde no se requieren los movimientos selectivos del pie. sos de la lesión morfofuncional objetiva del SNC. Serán las técnicas de neuroimagen las que ayuden a cerebral o ciertas patologías y enfermedades en el SNC alteran precisar la lesión y su proceso de reorganización plástica según la información propioceptiva y exteroceptiva. las funciones alteradas. De cara a la recuperación de los movimientos, es relevante Ello permitirá establecer mejores hipótesis de tratamiento, a conocer qué tipo de ACV, isquémico o hemorrágico, presenta el la vez que vínculos entre la recuperación motora observada en paciente para su posterior recuperación [37]. Si bien una de las la clínica y los datos que nos aportan dichas técnicas. Así se cuestiones más importantes es la valoración de qué funciones o abren nuevos caminos que permiten valorar la eficacia entre restricciones a la función pueden conducir a la reorganización diferentes técnicas de tratamiento motor en los pacientes con neuroplástica en seres humanos [38], por la información que daño cerebral, no sólo por los cambios biomecánicos que de su transmiten a través de las vías del SNC. aplicación se deriven y que no siempre son medibles mediante Valoraciones funcionales –como Bobath, Carr y Shepherd u tests sensitivomotores validados, sino por los cambios en la funotras técnicas de reaprendizaje motor–, en las que se considera ción y/o en la estructura del SNC. el control de la información periférica aferente como una de las Vemos necesaria la intervención de un equipo multidiscipliprincipales guías de la reorganización de los movimientos [39], nar que ayude a encauzar este proceso neuroplástico. BIBLIOGRAFÍA 1. Kablar B, Rudnicki MA. 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La información propioceptiva y exteroceptiva procesada desde la periferia hasta el cerebro influye en el desarrollo de la neuroplasticidad, de manera que puede contribuir tanto a la recuperación como al mantenimiento de alteraciones sensitivomotoras posteriores a la lesión. Casos clínicos. Dos pacientes con accidente cerebrovascular en la región de la arteria cerebral media izquierda, uno de tipo hemorrágico y otro de tipo isquémico, cuyo abordaje terapéutico sensitivomotor presenta grandes diferencias. Conclusiones. Las estrategias de tratamiento para la recuperación funcional tras accidente cerebrovascular se han de establecer en relación con las hipótesis actuales en torno a la neuroplasticidad cerebral y las vías del sistema nervioso central que presentan menor afectación o mejor respuesta sensitivomotora. La valoración de los signos y síntomas neurológicos externos puede indicar qué vías presentan mayor afectación y cuáles presentan mayor respuesta al tratamiento en orden a la reprogramación motora. Sin embargo, es el diagnóstico por imagen el que aporta estos datos con mayor fiabilidad. Aun así, entre pacientes que presentan zonas similares de lesión, según diagnóstico por tomografía axial computarizada o resonancia magnética, existe una significativa variabilidad clínica entre unos casos y otros, por lo que afirmamos que respecto al tratamiento físico, no hay dos pacientes iguales, incluso bajo el mismo diagnóstico clínico de la enfermedad. [REV NEUROL 2006; 42: 153-8] Palabras clave. Accidente cerebrovascular. Actividad motora. Plasticidad neuronal. Reorganización funcional. Tratamiento físico (especialidad). Vías neurales. PLASTICIDADE DO SISTEMA NERVOSO CENTRAL E ESTRATÉGIAS DE TRATAMENTO PARA A REPROGRAMAÇÃO MOTORA-SENSORIAL: COMPARAÇÃO DE DOIS CASOS DE ACIDENTE VASCULAR CEREBRAL ISQUÉMICO NO TERRITÓRIO DA ARTÉRIA CEREBRAL MÉDIA Resumo. Introdução. A lesão no sistema nervoso central provoca uma série de sintomas que desencadeiam todo um processo de plasticidade cerebral. A informação proprioceptiva e esteroceptiva processada desde a periferia até ao cérebro tem influência no desenvolvimento da neuroplasticidade, de maneira que pode contribuir tanto para a recuperação, como para a manutenção de alterações sensitivo-motoras posteriores à lesão. Casos clínicos. Relatamos dois doentes com acidente vascular cerebral na região da artéria cerebral média esquerda, um de tipo hemorrágico e outro de tipo isquémico, cuja abordagem terapêutica sensitivo-motora apresenta grandes diferenças. Conclusões. As estratégias de tratamento para a recuperação funcional após o acidente vascular cerebral devem estabelecer-se em relação às hipóteses actuais em torno da neuroplasticidade cerebral e as vias do sistema nervoso central que apresentam menor dano ou melhor resposta sensitivo-motora. A avaliação dos sinais e sintomas neurológicos externos pode indicar que vias apresentam maior dano e quais apresentam melhor resposta ao tratamento em relação à reprogramação motora. Sem dúvida, o diagnóstico por imagens é o que fornece estes dados com maior fiabilidade. Ainda assim, entre doentes que apresentam zonas idênticas de lesão, segundo o diagnóstico por tomografia axial computorizada ou ressonância magnética, existe uma significativa variabilidade clínica entre uns casos e outros, por isso afirmamos no que diz respeito ao tratamento físico, não existem dois doentes iguais, ainda que tenham o mesmo diagnóstico clínico da doença. [REV NEUROL 2006; 42: 153-8] Palavras chave. Acidente vascular cerebral. Actividade motora. Plasticidade neuronal. Reorganização funcional. Tratamento físico (especialidade). Vias neurais. 158 REV NEUROL 2006; 42 (3): 153-158