INFORME ESPECIAL La Conferencia Sobre la Mujer: Encuentro De las Aspiraciones con la Realidad Por Jeanette H. Johnson y Wendy Turnbull “El pasado mes de junio, realicé mi primer viaje en calidad de Presidente del Banco Mundial. El primer país que visité con mi esposa fue Malí, en el Africa Occidental. A aproximadamente una hora de viaje en automóvil, al sur de la capital, hay un pueblo llamado Koro Koro, y cuando allí nos encontrábamos, nació una niña. A menudo he pensado en esa niñita, y sobre todo en la vida que le espera. Sus probabilidades de ir a la escuela no son más de una en cuatro. Es probable que su desarrollo se vea estancado debido a la malnutrición crónica. A los seis años de edad, es muy probable que sufra una brutal mutilación de los genitales. Cuando se case, probablemente a muy tierna edad, se enfrentará a dos décadas de partos. Y sus probabilidades de morir durante el parto son espantosamente elevadas—aproximadamente de uno en 20. Se prevé que ella cultivará la mayor parte de los alimentos que consuma su familia, aunque será la última en sentarse a la mesa. Ella será responsable por la educación y cuidado de sus hijos, pero deberá caminar varias millas cada día para juntar leña y cargar agua para su hogar. Y si algún día trabajara por un sueldo, probablemente ganará menos de un tercio de lo que percibirá un hombre por realizar el mismo trabajo”. —Extracto del discurso pronunciado por James D. Wolfensohn, en la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer, en Beijing, el 15 de septiembre de 1995. Jeanette H. Johnson es redactora ejecutiva de International Family Planning Perspectives y Wendy Turnbull es asociada en política pública en la oficina de The Alan Guttmacher Institute, Washington, D. C. Ambas asistieron a la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer, en Beijing. La preparación de este artículo fue parcialmente financiada por Pew Global Stewardship Initiative y Turner Foundation. 28 E l año previo a la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer, celebrada en Beijing en septiembre de 1995, fue un período lleno de suspenso. ¿Podrían las naciones del mundo encontrar y mantener el consenso en una plataforma sobre la cual pudieran acordar en elevar la educación, la salud y el bienestar económico de la mujer a los mismos niveles que disfruta el hombre? Los temas habían sido forjados por la Conferencia Internacional Sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), celebrada en El Cairo, en 1994. En esa ocasión, las delegaciones que representaban los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) habían logrado el consenso de que mejorar la condición de la mujer era fundamental para resolver los problemas de población, medio ambiente y desarrollo económico.1 La salud reproductiva de la mujer y sus derechos en particular, fueron vistos como el punto principal de una agenda más amplia que abarca las cuestiones de población y desarrollo. La interrogante planteada era la siguiente: ¿podrían los acuerdos de El Cairo convertirse en la base sobre la cual se pudieran plasmar los logros necesarios para mejorar la condición de la mujer? ¿O acaso El Cairo le usurpó preponderancia a la Conferencia Sobre la Mujer, llegando a establecer límites sobre la temática de la mujer a los cuales ya no se podría alcanzar en los subsiguientes eventos de la ONU? Los preparativos para la conferencia sobre la mujer estuvieron plagados de asperezas y las alianzas previstas se establecieron muy tempranas: muchos países y organizaciones se dedicaron a hacer arreglos con los gobiernos representados en la Conferencia que superaran los acuerdos concertados previamente; otras naciones y grupos procuraban que se renunciara a esos compromisos previos que, según ellos, violaban muchos de sus valores culturales y tradiciones religiosas. Las reuniones preparatorias celebradas para formular la Plataforma de Acción, la cual resolvería de antemano varios puntos del temario y así le permitiría a la Conferencia seguir adelante únicamente con las formalidades, habían concluido en mayo y quedaron sin resolver varios puntos pendientes—en las áreas de pobreza, derechos humanos, salud y participación económica y política de la mujer. El desacuerdo se centró en las cuestiones que se creía resueltas en El Cairo, y en los nuevos conceptos vertidos en los documentos generales que eran propuestos para la Plataforma de Acción de Beijing. A saber: ¿creía la mayoría de las naciones que los derechos y responsabilidades de los padres deberían dominar los derechos de las niñas y de las jóvenes? ¿Había decidido finalmente el mundo, que la mujer gozaba de “derechos sexuales”? ¿Cuándo se convertiría en una violación de los derechos de la mujer a obtener servicios legales, la “cláusula de conciencia” que permite a los proveedores de servicios médicos de negar su servicio? Durante la primavera y el verano de 1995, las organizaciones no gubernamentales ejercieron presión sobre sus gobiernos para que adoptaran posiciones que reflejaran sus puntos de vista. En la propia conferencia de Beijing, estas organizaciones trataban de hacer sentir su presencia en un nivel sin precedentes. Innumerables grupos de interés, incluidas personas y organizaciones dedicadas a las cuestiones relacionadas con la salud reproductiva, patrocinaban reuniones para formular estrategias, programas educativos y una plétora de trabajos en los que se detallaban sus opiniones y puntos de vista sobre los temas en discusión y formulaban recomendaciones para el texto de la Plataforma de Acción. El borrador de la Plataforma revelaba dicha situación de conflicto: llegó a Beijing no como un documento final o casi final, sino que uno plagado de cientos de Perspectivas Internacionales en Planificación Familiar corchetes que circundaban palabras, frases, oraciones e incluso párrafos completos, porque uno o más países habían señalado que el contenido era inaceptable para su delegación. En el total, los corchetes circundaban el 40% de un documento de 150 páginas. Los delegados a la Conferencia de Beijing deberían allí negociar y decidir sobre estos textos, una situación que no resultaba muy atractiva. Y luego en Beijing... Llegaron a Beijing delegaciones compuestas de hasta 20 personas, procedentes de 187 países, principalmente mujeres que muchas veces habían sido designadas a dedo por sus gobiernos en vista de su astucia política y capacidad de negociación. Al desembarcar del avión no se vieron envueltas en una atmósfera de paz. Su presencia había sido precedida por semanas de forcejeos entre el gobierno chino y prácticamente todos los demás. Primero, había tenido lugar la disputa entre China y las Naciones Unidas sobre el lugar donde se celebraría el foro no gubernamental, el cual debía celebrarse al mismo tiempo que la conferencia gubernamental. Cuando China presentó su solicitud y fue seleccionada por las Naciones Unidas para ser sede de la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer, se entendió que ambos eventos, la conferencia gubernamental y el foro no gubernamental, serían celebrados en Beijing. Pero unos meses antes de la fecha de inauguración, China anunció que el foro no gubernamental tendría lugar en Huairou, un pueblo más pequeño ubicado a unos 70 kilómetros de Beijing (aproximadamente a una hora de automóvil). La distancia y las condiciones que separaron los dos lugares de la conferencia dificultaron aún más la tarea de los representantes de los organismos no gubernamentales que tenían interés en influir y ejercer presión sobre las delegaciones gubernamentales que asistían a la conferencia. La reunión de organismos no gubernamentales fue trasladado fuera de Beijing porque, según las autoridades chinas, el estadio que había sido originalmente destinado a albergar estos grupos tenía problemas estructurales. Los escépticos respondieron que en un país donde ningún grupo se reúne sin la aprobación e intervención del gobierno, no existen entidades tales como los organismos no gubernamentales; China no quería que sus ciudadanos adquirieran conocimientos e ideas sobre la formación de organizaciones comunitarias, y por tanto seleccionaron un lugar menos conspicuo y accesible Número especial de 1996 que Beijing. Los organismos no gubernamentales instaron, en forma de protesta, a que la ONU trasladara fuera de China, una o ambas partes de la conferencia; pero la China había comunicado a la ONU que el estadio no estaría disponible para la conferencia en una fecha relativamente tardía, lo cual dificultó la opción del retiro. Asimismo, la intensificación de la confrontación política entre los gobiernos de China y los Estados Unidos contribuía a la atmósfera cargada que rodeaba la conferencia. Pocas semanas antes de inaugurarse la conferencia, un ciudadano estadounidense nativo de China había sido detenido cuando trataba de ingresar a territorio chino sin la documentación apropiada; el propósito de este intento clandestino era recabar información para continuar con una campaña contra las prácticas de derechos humanos que se llevan a cabo en China. Algunos líderes del Congreso de los Estados Unidos amenazaron en no permitirle a la delegación estadounidense asistir a la conferencia, si China no dejaba en libertad al ciudadano estadounidense detenido. China lo puso en libertad en la víspera de la conferencia. Llegó la delegación de Estados Unidos y participó en la conferencia aunque frecuentemente hostigó a China, criticando sus políticas de derechos humanos, las prácticas de planificación familiar y las instalaciones de la conferencia. Comienza la conferencia Dada la controversia que había rodeado muchos de los temas de la conferencia y al país anfitrión, en algunos aspectos este evento resultó anticlimático. Al inicio de esta conferencia de dos semanas de duración, resultó evidente que en vez de convertirse en una batalla sangrienta o aún un enfrentamiento desagradable, la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer iba a ser un evento correcto, aunque no totalmente armonioso. Desde el momento de su arribo a Beijing, la mayoría de los delegados gubernamentales habían adoptado la actitud de que no se podía retroceder de la posición que se había adoptado en El Cairo: no regresarían a sus países sabiendo que habían renunciado a algunos de los logros en materia de salud reproductiva y derechos de la mujer, por los cuales habían luchado tanto hacía tan sólo un año. Habiendo adoptado esta posición, los delegados que tenían particular interés en la cuestión de la salud reproductiva se sorprendieron al saber que la Santa Sede, que había liderado una gran lucha contra el texto aprobado en El Cairo sobre la salud reproducti- va, no tenía intenciones de oponerse y luchar sobre este tema en Beijing. Justo antes de iniciarse la conferencia, un vocero de la Santa Sede anunció que no veía ninguna ventaja en reabrir el debate de temas que ya se habían decidido a satisfacción de la mayoría de los países en la Conferencia de El Cairo, y que no trataría de cambiar el texto aprobado.2 Esta nueva postura llegó como una sorpresa, porque en las reuniones preparatorias la Santa Sede había dado todas las señas que continuaría con la lucha para que el texto aprobado coincidiera con sus creencias. Muchos delegados le atribuyeron la decisión de la Santa Sede a que ésta no quiso tener nuevamente una cobertura de prensa negativa, como la que se produjo debido a su intransigencia demostrada en la Conferencia de El Cairo. La presencia de una delegación menos estridente de la Santa Sede, compuesta principalmente por mujeres, resultó ser un tanto curiosa, particularmente para quienes habían presenciado la actuación de la Santa Sede en El Cairo. Quizá al recordar aquella situación, Mervat Tallawy, presidenta del comité de la conferencia que negoció el texto relacionado con la salud, alertó en cierto momento a la Santa Sede que no abusara de sus privilegios de país observador. Así la presidenta provocó una protesta cortés pero sentida del delegado que señaló que la Santa Sede estaba tratando de cooperar. Tratando de demostrar su sorpresa por la actitud tan sumisa de la delegación, Tallawy contemporizó y dijo, “En realidad, la Santa Sede ha cooperado mucho”. Los proponentes de la eliminación de los corchetes de la sección correspondiente a la salud reproductiva se vieron beneficiados al contar con la presencia de Tallawy, Embajadora de Egipto ante el gobierno del Japón, actuando como presidenta. Se quedó claro que Tallawy estaba muy familiarizada con el texto del documento y estaba decidida de lograr un resultado productivo.* Mientras la Santa Sede actuaba con relativa austeridad, algunos de sus colegas de los países islámicos y latinoamericanos, desafiaban los puntos de vista de la presidencia y de la mayoría de los delegados con respecto a varios temas. Temas de salud reproductiva Quizá en parte porque no perdieron tanto tiempo como se había previsto en modificar los compromisos acordados en El *Uno de los compromisos que se le solicitó a las Naciones Unidas ha sido establecer un cargo dentro de la oficina del Secretario General, para fomentar el avance de la mujer. Mervat Tallawy es considerada una candidata para este cargo y también Gertrude Mongella, de Tanzania, quien actuó como secretaria general de la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer. 29 La Conferencia Sobre la Mujer Cairo, los delegados pudieron avanzar en varios temas. Algunos conceptos nuevos y otros ampliados habían sido introducidos en el proyecto de Plataforma de Acción, y se convirtieron en los temas que aportaron un elemento de suspenso a la conferencia—un suspenso que continuó hasta las primeras horas de la madrugada del último día del evento. Un tema controvertido surgió debido al texto que debería constar en la Plataforma acerca de los derechos y responsabilidades de los padres, principalmente en el contexto del acceso que tienen los adolescentes a los servicios confidenciales de salud. El borrador de la Plataforma que llegó a Beijing contenía 23 referencias a los derechos de los padres, y todas se encontraban entre corchetes. La frase “teniendo en cuenta los derechos, deberes y responsabilidades de los padres y de otras personas jurídicamente responsables de los niños...” había sido insertada por la Santa Sede para modificar todas las declaraciones sobre los derechos de los niños y los adolescentes. Por ejemplo, un párrafo sobre las acciones a ser adoptadas por los gobiernos, en colaboración con otras organizaciones e instituciones de la sociedad, había establecido que había que “Preparar y difundir información accesible, mediante campañas de salud pública, los medios de comunicación, buenos servicios de asesoramiento y el sistema educacional, con el objeto de garantizar que las mujeres y los hombres, en particular las jóvenes y los jóvenes, puedan adquirir conocimientos sobre su salud, especialmente información sobre la sexualidad y la reproducción, teniendo en cuenta los derechos, deberes y responsabilidades de los padres y de otras personas jurídicamente responsables de los niños [bastardilla agregada] y coherente con la Convención Sobre los Derechos del Niño...”3 Los delegados y organismos no gubernamentales que sostenían puntos de vista conservadores acerca de la familia apoyaron estos agregados, pero también hubieron puntos de vista muy sólidos contra estas propuestas. Muchos delegados señalaron que las prácticas nocivas para la salud y el bienestar de las niñas y las jóvenes, con frecuencia tienen lugar con el pleno consentimiento de los padres. Dos ejemplos mencionados fueron la mutilación genital femenina y los arreglos matrimoniales a temprana edad. Además, aseguraron que a medida que los jóvenes son más vulnerables a las enfermedades *Un acuerdo internacional en vigencia desde septiembre de 1990. 30 de transmisión sexual, al SIDA, a los embarazos no deseados, al abuso sexual y al aborto inseguro, los adolescentes tienen derecho a tener información y servicios esenciales para lograr su bienestar sin la amenaza del veto de los padres. Luego de varios días de deliberaciones se logró un compromiso sobre el texto que constaría en dos de los 23 párrafos. Se eliminaron todas las otras referencias a los derechos de los padres, o se refirió al lector al texto de compromiso en el que la frase final en el párrafo citado anteriormente se modificó para que leyera así: “teniendo en cuenta los derechos del niño de acceso a la información, privacidad, confidencialidad, respeto y consentimiento informado, así como los derechos, deberes y responsabilidades de los padres y de otras personas jurídicamente responsables de los niños de facilitar, con arreglo a las capacidades que vaya adquiriendo el niño, orientación apropiada en el ejercicio por el niño de los derechos reconocidos en la Convención Sobre los Derechos del Niño y de conformidad con la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer. En todas las medidas que afecten a los niños, una de las consideraciones primordiales será el bienestar del propio niño”.4 Debido a que la Convención Sobre los Derechos del Niño* había definido al niño como “todo ser humano menor de 18 años”, los delegados consideraron un avance importante agregar un texto de compromiso en el que se introduce el concepto del desarrollo de la capacidad del menor. Además, el nuevo texto destaca los derechos del menor a lo largo del documento, especifica el papel que le corresponde a los padres y finaliza con una declaración destacando que el bienestar del niño es de principal importancia. Varios reportajes periodísticos emanados de la conferencia tomaron nota que la plataforma reconoce el derecho de la mujer a decir “no” a una relación sexual, otro hito para un documento universal. Esta declaración está contenida en un párrafo al que con frecuencia se refería en el proyecto como el párrafo de los “derechos sexuales”. El tema de los derechos sexuales de la mujer había sido introducido en El Cairo, pero la fuerte oposición de la alianza de países de los cuales la Santa Sede era el más vocifero, bloquearon su inclusión en el texto del documento final. Sin embargo, al apoyar la salud sexual como un tema central para promover la salud general de la mujer, la conferencia de El Cairo sentó las bases para poder avanzar hacia el reconocimiento del derecho de la mujer a ejercer control sobre su sexualidad. En consecuencia, en la reunión preparatoria final previa a Beijing, se había insertado en el proyecto de plataforma un párrafo, que fue rápidamente circundado con corchetes, que comenzaba así: “Los derechos sexuales incluyen el derecho del individuo a ejercer control y decidir libremente sobre cuestiones relacionadas con su sexualidad...”5 Mucha de la especulación previa a la conferencia se concentró en que si el término “derechos sexuales” por sí mismo, el cual nunca había constado en ningún acuerdo internacional, llegaría a estar incluido en la versión final de la plataforma. Mucho antes que los delegados llegaran a Beijing, ya habían preparado sus argumentos a favor o en contra de la aprobación de los derechos sexuales. Los oponentes sostenían que el término “derechos sexuales” carecía de una definición clara y que realmente era un eufemismo para los derechos de las lesbianas, y por lo tanto violaba los valores culturales y religiosos de sus países. Quienes apoyaban este texto respondían que los derechos sexuales eran inherentes a los derechos humanos, y por tanto eran fundamentales para los derechos humanos de la mujer, para tener control sobre su propia vida. Una vez que se iniciaron las negociaciones, resultó cada vez más evidente que se podía lograr un compromiso: debería abandonar el término “derechos sexuales” si se quería que sobreviviera en el documento el concepto de los derechos sexuales de la mujer. El párrafo aprobado dice así: “Los derechos humanos de la mujer incluyen su derecho a tener control sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, y decidir libremente respecto de esas cuestiones, sin verse sujeta a la coerción, la discriminación y la violencia. Las relaciones igualitarias entre la mujer y el hombre respecto de las relaciones sexuales y la reproducción, incluido el pleno respeto de la integridad de la persona, exigen el respeto y el consentimiento recíprocos y la voluntad de asumir conjuntamente la responsabilidad de las consecuencias del comportamiento sexual”.6 Más que cualquier otro texto, estas dos frases que reconocen los derechos sexuales de la mujer como derechos humanos, representan el mayor logro del capítulo sobre salud y, quizá, de toda la plataforma. Con respecto a la cuestión del aborto— que se debatía furiosamente durante varios días en El Cairo—se negociaron dos nuevos párrafos. Uno escrito con el pro- Perspectivas Internacionales en Planificación Familiar pósito de incrementar el acceso de la mujer a los servicios de atención de la salud y a información y servicios conexos adecuados, estableció que una medida que debía adoptarse era “asegurarse de que todos los servicios y trabajadores relacionados con la atención de salud respetan los derechos humanos y siguen normas éticas, profesionales y no sexistas a la hora de prestar servicios a la mujer, para lo cual se debe contar con el consentimiento responsable, voluntario y bien fundado de ésta.” El problema era una frase escrita por la Santa Sede que había sido agregada en el proyecto de plataforma, que decía: “Sin embargo, nada en la presente Plataforma de Acción tiene por objeto requerir a los profesionales de salud o centros de salud que presten (o refieran a) servicios sobre los cuales tienen objeciones en base de sus creencias religiosas o convicción moral como una violación a su conciencia”.7 Los proponentes del lenguaje al cual se refería como la “cláusula de conciencia”, argumentaron que los profesionales de la salud tenían el derecho a abstenerse de prestar servicios o a referir a las mujeres a servicios que estaban en contra de su moral o creencias religiosas. Otras delegaciones argumentaron que su inclusión era una violación de la ética médica y una violación a los derechos del paciente a recibir servicios legales del cuidado de la salud. Finalmente, se eliminó la cláusula de conciencia y fue reemplazada por otra que se refiere a los actuales códigos de ética médica que sirven de guía a los profesionales de la salud. El segundo párrafo relacionado con el aborto también apareció en la sección correspondiente al incremento del acceso de la mujer a los servicios de salud e información. En el proyecto se sugirió que los gobiernos “Consideren reformar la legislación que contiene sanciones contra la mujer que se ha sometido a un aborto ilegal”.8 El uso de lenguaje que exhortaba a los países a enmendar las leyes que sancionaban a la mujer que aborta clandestinamente fue intentado en la conferencia de El Cairo, pero luego fue abandonado debido a una fuerte oposición. Sin embargo, la frase fue aprobada intacta en Beijing: se logró un compromiso cuando los delegados acordaron introducir como prólogo del texto controvertido, un texto sobre el aborto inseguro que se había acordado en El Cairo, el cual indicaba que no debería promoverse el aborto como un método de planificación familiar y que los gobiernos deberían reducir la demanda del aborto en expandir los servicios de planificación familiar. Al disentir sobre algunas expresiones, Número especial de 1996 ambos bandos argumentaron que contaban con el apoyo de la ciencia. Algunas delegaciones citaron artículos que habían aparecido en publicaciones de medicina donde se sugería la posibilidad de una relación entre el aborto y el cáncer de mama, o que detallaban los efectos secundarios de los anticonceptivos orales. Así, argumentaron con firmeza que se retuviera en la plataforma un párrafo, en principio entre corchetes, que le recomendaba a los gobiernos a “informar a la mujer sobre datos que indican que la anticoncepción hormonal, el aborto y la promiscuidad aumentan el riesgo de desarrollar cánceres e infecciones del aparato reproductivo, para que puedan adoptar decisiones bien informadas sobre su salud”.9 La mayoría de las delegaciones argumentaron que las pruebas científicas no eran suficientemente concluyentes como para que se incluyeran en forma específica en el documento final, y acordaron incluir el siguiente párrafo: “Informar a las mujeres sobre los factores que aumentan los riesgos de desarrollar cánceres e infecciones del aparato reproductivo, para que puedan tomar decisiones bien informadas sobre su salud”. Otras temas de la Plataforma Se suscitó un debate emotivo sobre lo que debería decir la Plataforma con respecto al monto de recursos que los países deberían comprometerse aportar para el avance de la mujer. Los países que tienden a ser los que reciben los fondos internacionales—y que también tenían dentro de sus fronteras una población femenina que enfrenta las más flagrantes desigualdades— procuraron un texto que ofreciera recursos nuevos y adicionales; los países “donantes”, que en su mayoría experimentan cortes de gastos dentro de sus fronteras, procuraron un texto en el que se considerara únicamente la reasignación de los compromisos financieros actuales. La Unión Europea y los Estados Unidos, los dos donantes con mayor prominencia en el debate, también bregaron por un texto que incluyera el concepto de utilizar el sector privado como una forma de reducir en parte la presión sobre los gobiernos. Luego de días de manipuleo semántico realizado por ambos bandos, se concluyó con una plataforma que exhorta a “movilizar recursos suficientes a nivel nacional e internacional, así como recursos nuevos y adicionales para los países en desarrollo, a través de todos los mecanismos de financiamiento existentes...”10 En un pequeño intento por aliviar la pobreza en que se encuentra la mujer en muchas partes del mundo, se hizo un llama- do para eliminar la costumbre de la herencia desigual por la cual se otorga una mayor parte del patrimonio a los hijos varones que a las mujeres. No es posible modificar esta práctica, respondieron las delegaciones de los países islámicos, puesto que la ley del Islam especifica que los varones deberán heredar por lo menos el doble que las hijas, porque el hombre debe mantener a su familia. Las delegaciones del Africa, conscientes de que el SIDA ha dejado a muchos niños huérfanos, indicaron que debido a ello y a otras circunstancias, las hijas deben tener derecho a heredar lo mismo que los varones si se quiere asegurarles las posibilidades de sobrevivir, educarse y contribuir a la sociedad. Esta cuestión no se pudo resolver hasta el final de la conferencia cuando se logró un texto de compromiso para expresar la opinión de la mayoría de los países y se les permitió cierto margen a quienes disentían. Se decidió instar a los gobiernos a promulgar y hacer cumplir “leyes que garanticen igual derecho a la sucesión y aseguren el derecho de herencia, sea cual fuere el género del niño”. Si bien con frecuencia se habla mucho de la división “norte-sur” entre los países,* esto no fue un factor predominante en la conferencia. La división de los países que fue más evidente surgió en la discusión sobre los recursos que deberían asignarse a los programas de la mujer. Otra disputa que fue por lo menos tan evidente como ésta, fue la entre los países islámicos. Algunos de ellos, que adoptaron una posición conservadora con respecto a la condición de la mujer, se destacaron entre los participantes que registraron reservas a la sección de salud reproductiva del documento final, al indicar que no formaban parte del consenso en este tema.† Delegadas procedentes de estos países, que cubrían sus rostros con velos, hicieron uso de la palabra en las reuniones del comité para hablar en contra de la mayor parte del texto entre corchetes y sugerían, por ejemplo, como lo hizo una delegada del *”Norte-Sur” es una designación para los países desarrollados y en desarrollo, que refiere a la ubicación geográfica de la mayoría de los países desarrollados, los cuales se encuentran en el hemisferio norte, y la mayoría de los subdesarrollados, en el hemisferio sur. †En vez de rehusarse a formar parte del consenso que se adopte respecto a un documento completo, un país puede formular una “reserva” o retener su apoyo a una sección o párrafos específicos. Mientras 187 naciones apoyaron la Plataforma de Acción, aproximadamente 20 registraron sus reservas al párrafo que exhorta a revisar la legislación que sanciona el aborto ilegal y el párrafo sobre los derechos sexuales de la mujer. La Santa Sede se abstuvo de dar su apoyo a todo el capítulo sobre salud contenido en la Plataforma. 31 La Conferencia Sobre la Mujer Yemen, que simplemente se eliminara el texto que se refería a los derechos sexuales y de reproducción de las adolescentes porque “las jóvenes no tienen preocupaciones de la salud sexual y reproductiva”. En forma contraria, otros países islámicos destacaron que la religión islámica no impide la participación plena e igualitaria de la mujer en la sociedad; el problema que existe, según ellas, es que a veces el Islam es mal interpretado. Una de las oradoras más destacadas sobre este tema fue la Primera Ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, quien hizo uso de la palabra en la sesión plenaria inaugural de la conferencia. “Hoy, el mundo islámico ha elegido a tres mujeres como primeras ministras”,* aseveró, “Fuimos electas por hombres y mujeres. Nuestra elección ha demostrado que se acepta que una mujer trabaje y sea madre”.11 Sin embargo, reconoció que estos mismos países se encuentran entre las 15 naciones asiáticas donde aumenta constantemente el número de hombres porque frecuentemente se abortan los fetos de género femenino y se abandonan a las niñas recién nacidas. Esto ocurre, dijo, “no por la religión sino por el prejuicio de la sociedad. Los derechos que el Islam le ha dado a la mujer, le han sido negados”. Asimismo, Bhutto hizo una relación entre el acceso igualitario a los recursos y los derechos de la mujer: “Una mujer no puede elegir y decidir por sí misma al menos tenga independencia financiera, y una mujer no tiene independencia financiera si no puede trabajar. Para que se pueda valorar una niña, para que una esposa pueda rechazar la violencia doméstica, la mujer tiene que tener independencia financiera”. Uno de los puntos más dramáticos de la conferencia fue la adopción de una declaración que sirviera de preámbulo de la Plataforma de Acción. La plataforma está compuesta por 362 párrafos intrincados, con frases pleonásticas enmendadas en sesiones de comité y que resultan una verdadera pesadilla para un gramático. (Como mencionó uno de los participantes, “¿dónde sino en un documento de la ONU se puede encontrar una frase interminable compuesta de 20 renglones?”.) Por tanto, algunos pensaron que podría ser un contraste promisorio si la declaración se ele*Además de Bhutto, las otras dos primeras ministras eran Begum Khaleda Zia de Bangladesh y Tansu Ciller de Turquía. †El Grupo de los 77 es una alianza de países en desarrollo que se formó como respuesta al Grupo de los 7, que es una alianza de países industrializados. ‡La primera se celebró en la Ciudad de México, en 1975, la segunda en Copenhague, en 1980, y la tercera en Nairobi, en 1985. 32 vara más allá de los tecnicismos y hubiera convergencia en la voz de las aspiraciones de la mujer. Como lo dijo un delegado al comenzar la conferencia: “Me gustaría que la declaración ‘cante’”—una meta bien ambiciosa para cualquier documento sobre el cual se deben lograr consenso unos 187 entidades políticas distintas. Periódicamente, los ansiosos miembros del grupo de trabajo encargado de redactar la declaración en base a una versión presentada por el Grupo de los 77,† se asomaban a las reuniones del comité ante el cual debían presentar su trabajo para ser aprobado, y explicaban que no estaban listos y rogaban que les prorrogaran la fecha de presentación. Circularon rumores que se había cedido mucho terreno a las fuerzas conservadoras que trataban de introducir términos en la declaración y que esto socavaría la Plataforma de Acción. Alarmados ante esta noticia, los miembros de varios organismos no gubernamentales se abocaron a la tarea de redactar una declaración alternativa que esperaban que uno de sus gobiernos introduciría para su consideración, o simplemente ellos la publicarían como su propia declaración “no oficial” de la conferencia. Otros comentarios sugirieron que como la declaración estaba resultando tan problemática, deberían de abandonarla por completo. Los chinos, que tenían interés de contar con algo que sirviera como una referencia para la posteridad nombrada la Declaración de Beijing, hicieron saber que la última sugerencia era totalmente inaceptable. Finalmente se adoptó una declaración, después que los oficiales de la conferencia enviaron una delegación a las reuniones para aplacar las disputas dentro del subcomité y eliminar los rumores. Se había programado aprobar la versión final de la Plataforma de Acción y la Declaración de Beijing en una sesión plenaria a celebrarse a la mañana del último día de la conferencia, y las ceremonias de clausura a la tarde. Sin embargo, no se logró consenso sobre el texto final hasta las 5:00 de la mañana de la última mañana y los documentos debían ser producidos en los seis idiomas oficiales de la conferencia, de manera que los gobiernos pudieran ver lo que estaban aprobando. Por lo tanto, se hizo un cambio en el programa del último día, se realizaron las ceremonias de clausura en la mañana mientras los traductores y la Secretaría de la ONU trabajaban febrilmente para preparar los documentos pertinentes. Estos documentos fueron aprobados en una sesión plenaria que se convocó al finalizar la tarde y que se prolongó hasta la medianoche. ¿Cambiará algo? Al recordar a la conferencia la importancia de su trabajo en determinar el lenguaje de los textos entre corchetes, Gertrude Mongella, de Tanzania, quien actuó como secretaria general de la conferencia, expresó: “Las secciones entre corchetes son las que pueden hacer una diferencia. Nadie coloca corchetes a una sección que no hace una diferencia.” Pero, ¿podrá marcar una diferencia una Plataforma de Acción que ha sido determinada mediante el consenso de los participantes? ¿Podrá lograrse algo como resultado de un documento que no tiene un mecanismo para obligar su cumplimiento? La misma Mongella destacó el gran potencial que tienen las conferencias de la ONU, junto con las expectativas limitadas que tiene la mayoría de la gente con respecto a estos eventos, y dijo lo siguiente: “Si el mundo ejecutara tan sólo un capítulo de este documento, podríamos ser testigos de un gran cambio en la vida de la mujer”. Como lo indica su nombre, esta fue la cuarta de una serie de conferencias convocadas por las Naciones Unidas para darle preponderancia y destacar la temática de la mujer y para asistir a reconocer que existen problemas en este área.‡ De esta forma, las conferencias gubernamentales de las Naciones Unidas y sus foros paralelos no gubernamentales han contribuido a realizar cambios en la opinión pública que luego se traducen en avances de políticas. Sin lugar a dudas, se debe en parte a estas conferencias que ahora se hable de la realización del potencial de la mujer como una cuestión crítica para resolver algunos de los principales problemas del mundo, como los relacionados con la población, el medio ambiente y el desarrollo sostenible. Y debido a que la gente se ha vuelto consciente y preocupada de que los países pueden involucrarse en muchas palabras y poca acción—a veces aprobando leyes que los gobiernos podrían anotar como logros aun cuando estas leyes no se pongan en vigencia—esta conferencia sobre la mujer le pidió a los jefes de estado o jefes de delegación que presentaran una lista de acciones específicas que su país adoptaría para potenciar a la mujer dentro de sus fronteras. En las declaraciones de 15 minutos efectuadas por los países como parte de las sesiones plenarias, aproximadamente la mitad de las delegaciones cumplieron con la solicitud y presentaron listas de acciones que se comprometían adoptar para mejorar la condición de la mujer. Otras naciones más tarde indicaron que ellos también habían preparado o continuaban preparando esta lista. Perspectivas Internacionales en Planificación Familiar Además de las delegaciones gubernamentales oficiales que representaban a 187 Estados miembros de las Naciones Unidas, había aproximadamente 3.000 organismos no gubernamentales que enviaron uno o más representantes acreditados para observar la conferencia gubernamental, un aumento de 10 veces del número que se registró en la Conferencia de Nairobi, en 1985.* Los representantes no gubernamentales se integraron en grupos según temas comunes y formaron aproximadamente 40 cónclaves† que se reunieron diariamente para planear la estrategia y ejercer presión sobre los delegados para favorecer ciertos textos en la Plataforma de Acción. Estas actividades de base popular, en las que los ciudadanos de varios países recopilaron información sobre los programas del resto del mundo y regresaron a sus países a controlar sus propios gobiernos, es otra forma en la que las resoluciones no obligatorias aprobadas en las conferencias de la ONU pueden lograr sus resultados. Cuando se enteró, por ejemplo, que cada país había ofrecido una lista de compromisos específicos y que éstos no constaban en ningún documento oficial de la conferencia, los representantes no gubernamentales se dedicaron a extraer de los discursos e intervenciones los extractos que les interesaban y los clasificaban y procuraban *Esta cifra no tiene en cuenta los más de 20.000 mujeres y hombres que asistieron—muchas veces como simplemente personas interesadas—al foro de los organismos no gubernamentales en Huairou. †Los cónclaves se dedicaron a estudiar, entre otros temas, la salud reproductiva, las poblaciones indígenas, las mujeres refugiadas, la paz, la mujer descapacitada, los derechos humanos, la juventud y las lesbianas. Número especial de 1996 distribuirlos, instando a los representantes que responsabilizaran a sus gobiernos a cumplir con lo prometido. La participación en la conferencia del Presidente del Banco Mundial, James D. Wolfensohn, puede indicar que la atención a las necesidades de la mujer se ha tomado con seriedad en el sector económico financiero. Wolfensohn, que en el momento en que se celebró la conferencia había estado ocupando su cargo desde hacía solamente tres meses, expresó: “Hasta el momento he designado solamente a tres personas a nivel de vicepresidencia . . . Los tres nombramientos se han basado únicamente en los requisitos de excelencia profesional. Las tres son mujeres”.12 No obstante, Wolfensohn no siempre fue tratado con cortesía durante una sesión de preguntas y respuestas con representantes de organismos no gubernamentales. Para la presentación de Wolfensohn, muchas mujeres estaban vestidas de blanco, el color de duelo que se usa en China, y tenían mucho que decir acerca de la reestructuración económica forzada que victimizaba más a los ciudadanos más pobres de un país—en mayor medida las mujeres y a los niños. ¿Se celebrará una Quinta Conferencia Mundial Sobre la Mujer? Aún no se sabe si las Naciones Unidas volverán a convocar otras conferencias sobre este tema. Pero es interesante observar que algunas de las personas que más abogan por continuar con estas conferencias son las mujeres de los países en desarrollo. Si bien las primeras conferencias fueron iniciadas y dirigidas fundamentalmente por los países desarrollados, las delegaciones de estos países tendieron a acompañar a la Santa Sede en la última fila de asientos en Beijing, donde escuchaban mientras sus hermanas “sureñas” hacían uso del micrófono. Sus pronunciamientos y la promesa de otras declaraciones de ellas en el futuro, quizá han acallado por fin la acusación de que los derechos de la mujer son un concepto que ha sido impuesto por las mujeres radicales del Occidente al resto de la humanidad. Referencias 1. S. A. Cohen y C. L. Richards, “El Consenso en El Cairo: Población, Desarrollo y la Mujer”, Perspectivas Internacionales en Planificación Familiar, número especial de 1995, págs. 22–28. 2. J. Navarro-Valls, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, rueda de prensa, 25 de agosto, 1995. 3. Organización de las Naciones Unidas (ONU), Draft Platform for Action, A/CONF.177/L.1, Nueva York, 24 de mayo, 1995, párr. 108 (e). 4. Earth Negotiations Bulletin, Vol. 14, No. 17, 12 de sept., 1995. 5. ONU, 1995, op. cit. (véase referencia 3), párr. 97. 6. Grupo de Trabajo I, “Corrections to Chapter IV”, 11 de sept., 1995, párr. 97. 7. ONU, 1995, op. cit. (véase referencia 3), párr. 107 (g). 8. Ibid., párr. 107 (k). 9. Ibid., párr. 110 (e). 10. Earth Negotiations Bulletin, Vol. 14, No. 19, 14 de sept., 1995. 11. B. Bhutto, declaración plenaria, Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer, Beijing, 4 de sept., 1995. 12. J. D. Wolfensohn, “Women and the Transformation of the 21st Century”, declaración presentada en la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer, Beijing, 15 de sept., 1995. 33