PECADO ESTRUCTURAL Y ECOLOGÍA M. Constanza Arango, fma Introducción En vísperas del Sínodo Panamazónico, cuando al abrir cualquier periódico, nos interpelan las noticias acerca del saqueo del que es objeto este territorio, a través de actividades tanto ilegales como legales, surge la pregunta: ¿Es la devastación ecológica expresión sólo de problemas económicos o técnicos, o hunde sus raíces más profundas en la condición humana degradada por el pecado? De ahí, que me centre en la reflexión sobre la relación existente entre ecología y pecado estructural, y lo hago a partir de la constatación de los daños que se sufren en el territorio como consecuencia de los neocolonialismos, expresión del capitalismo globalizador, que representa un desafío desde una perspectiva moral y espiritual para finalmente, plantear unos caminos de conversión. Una Amazonía amenazada En la Amazonía, la riqueza de la selva y de los ríos está amenazada1 por la presión de intereses económicos que ocasionan tala indiscriminada de los árboles que lleva a la destrucción de los bosques tropicales, a la contaminación, producto en gran medida de la minería ilegal y legal, al incremento del narcotráfico, a la migración creciente, a la movilización de los indígenas a las ciudades; además hay que señalar el crecimiento de actividades agropecuarias y extractivas en busca de petróleo, gas y otros metales, lo que no solo daña la ecología, sino que empobrece social y culturalmente el territorio. A ello, hay que agregar que falta regularización de la propiedad de las tierras y reconocimiento de los derechos de propiedad ancestral y colectiva y que existe una criminalización de la protesta por las autoridades la opinión pública La Amazonía es hoy víctima de la economía mundial, para la cual el valor lucrativo, es más importante que la dignidad humana. Se impone una visión mercantilista de los bienes de la creación (cf. LS 38) expresión de la cultura dominante del consumo y del descarte. Esta situación afecta a los pobladores que reciben el impacto de la visión consumista, alimentada por la economía globalizada que homogeniza las culturas. 1 Durante el año 2017, en la Amazonia colombiana desaparecieron 144.147 hectáreas de bosque, el doble de lo que se perdió en el 2016. Eso equivale a 400 hectáreas al día o 17 hectáreas cada hora, que se arrasan por razones que van desde la ganadería extensiva y la minería ilegal hasta la especulación de la tierra y los cultivos ilícitos . (El tiempo, 16.04.2019 articulo “En la Amazonía colombiana hay un negocio de tierras muy complejo”- Entrevista a José Yunis, de Visión Amazonía-) Esta economía actúa a través neocolonialismos económicos animados por una “mentalidad colonizadora” que al defender una supuesta superioridad cultural y una misión civilizadora disfrazada de progreso y de técnica, desconocen la alteridad de los otros, de los indígenas y buscan el control, el dominio de las tierras, a través de estrategias económicas y políticas. Desde esta perspectiva, se crean representaciones de inferiorización y demonización de las culturas indígenas y se criminaliza sus búsquedas de afirmación de identidad y sus luchas contra la exclusión y discriminación a la que los nativos se ven sometidos. Todo ello es manifestación del virus de “antifraternidad”, que está a la raíz del pecado. Este aparece enquistado en los neocolonialismos contemporáneos, representados por las grandes corporaciones multinacionales, que someten a sus intereses a los estados y que están motivadas fundamentalmente por el afán de ganancias a corto y mediano plazo. El neocolonialismo involucra prácticas como la búsqueda del control económico a través de planes de ayuda condicionados, corrupción, biopiratería, manipulación política, tratados comerciales, etc. Influencia de los Neocolonialismos La conquista y la colonización española destruyeron el tejido vital y social de las comunidades indígenas al imponer la cultura occidental y destruir, en gran medida, lo autóctono motivados por una visión en la que el conocimiento se asume como poder y el poder se entiende como dominio sobre la naturaleza -objeto de explotación- y la no-valoración de las culturas indígenas, consideradas inferiores, despojando así a los nativos de sus saberes y medios de expresión. El documento preparatorio al Sínodo sobre la Amazonía, citando a la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizada en Puebla (1979), nos recuerda que la ocupación y colonización del territorio de Amerindia fue “un enorme proceso de dominaciones”, lleno de contradicciones y laceraciones (DP 6) (Secretaria General Sinodo 2018, 8) Lo peor es que hoy se sigue produciendo la devastación y el saqueo a través de empresas multinacionales extractivistas que en su afán de explotación petrolera, minera, de gas, con el apoyo de organismos internacionales y de los gobiernos que favorecen los intereses capitalistas, generan una degradación ambiental que se traduce en contaminación, problemas de agua y pérdida de la biodiversidad. A la base de estos comportamientos se encuentra el modelo de desarrollo capitalista, al que el obispo ecuatoriano Leonidas Proaño (1910-1988) describió, así: El capitalismo es frio, como es frío todo lo que es metálico. No le importan los hombres ni los pueblos. Le importan las ganancias. Y solamente le importan los hombres y los pueblos en la medida en que estos le proporcionan ganancias. Para poder devorar ganancias, devora hombres y pueblos. Es frío, no tiene corazón (Proaño Villalba, 1990, 118, citado en Tamayo, 2017) El modelo de desarrollo capitalista neoliberal, es conforme al paradigma científico-técnico de la modernidad, de la razón instrumental; de la filosofía de la ilustración, de la concepción individualista de la vida, de la competencia y rivalidad en las relaciones humanas y de la consideración del mundo natural como objeto, sometido al dominio de los seres humanos. Ahora, bien, según Laudato Si, hay dos realidades íntimamente relacionadas: el sufrimiento de los pobres y el sufrimiento de la tierra (cf. LS 14, 49), una sola crisis, que es social y ambiental a la vez (cf. LS 139) De ahí, que este modelo de desarrollo es el ambiente en que se genera: Cultura del descarte (LS 16), No reconocimiento de la alteridad del otro, que es considerado objeto, instrumento (cf. LS 119), Visión mercantilista de los bienes de la creación (LS 38), Consumismo (LS 203), Exclusiones, inequidad (LS 469), Discriminaciones culturales, (LS 143) étnicas, Relativismo practico (LS 122), Irrespeto a los límites (LS 27, 53) Búsqueda de ganancias a todo costo (cf. LS 195), Destrucción de la naturaleza (LS 66, 204), Crecientes desigualdades (LS 82) Crisis de las democracias sometidas a la dictadura del mercado (cf. LS 109), Mercantilización de la vida (LS 56), Migraciones forzadas (LS 25), Degradación de la vida humana (cf. LS 48), por no nombrar sino alguna de las consecuencias, señaladas por el Papa. Sinembargo, es necesario ser conscientes de que la “antifraternidad” no es exclusiva de un sistema económico o social, sino que reside en lo íntimo de la condición humana y a lo largo de la historia asume diferentes formas, que esconden los mecanismos de dominación y opresión de unos por los otros. El problema ecológico representa un desafío moral y espiritual Los problemas que amenazan a la Amazonía y a la casa común, no se solucionan sólo con la técnica. Se necesita un “cambio radical en el comportamiento de la humanidad” (LS 4), pues si nos acercamos a los otros, a la naturaleza, al mundo, con las actitudes del dominador, del consumidor, del explotador de recursos y no somos capaces de poner límites a nuestros intereses (cf. LS 11), asumimos una mentalidad colonizadora, que destruye la fraternidad con todo lo creado. El dinamismo que genera la absolutización de los intereses personales y de grupo, crea un entramado vicioso que se enmascara en la red de relaciones, en las que cada uno está inmerso, y de la que se es expresión, víctima y a su vez, artesano, en cuanto se contribuye a tejer y a instalar en la normalidad de las relaciones, la mentalidad colonizadora que es sinónimo de antifraternidad. De ahí, resulta que en el mundo de lo humano nada es neutral, pues en las costumbres, las relaciones, las necesidades, en todo lo que relaciona y une socialmente a las personas se enquistan mentiras que enmascaran la mentalidad colonizadora, la antifraternidad y la normalizan haciéndola aparecer incluso como un valor. Siguiendo a González Faus2, se puede afirmar que el “pecado estructural” es como el aire, que está a la vez, dentro y fuera de cada uno, en una interacción imperceptible y constante. Y es que cada uno de nosotros, lleva dentro “virus” de antifraternidad, de mentalidad colonizadora, que se alimentan y crecen, gracias a las búsquedas de absolutizar los intereses propios y de grupo, a costa del desconocimiento y del perjuicio de los demás. Lo expresa el papa: “La violencia que hay en el 2 Para esta reflexión, me fundamento en el artículo de Gonzalez Faus, Jose Ignacio “Pecado estructural. Pecado del mundo”, publicado en la revista Latinoamericana de Teología y digitalizado por Biblioteca “PFlorentino Idoate, sj”, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”. (LS 2) Es posible identificar las etapas de un proceso, que poco a poco, lleva a la degradación humana y por consiguiente a reforzar los lazos del “pecado estructural”, tanto en la vida personal, como social: En primer lugar, la autoreferencialidad, expresión de un estar centrado en sí mismo, de un narcisismo que lleva a valorar todo lo que se realiza en función de si responde o no a los propios intereses. “Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales y todo lo demás se vuelve relativo”. (LS 122) En segundo lugar, el consumismo. El problema es que se pasa de satisfacer necesidades a la avidez que lleva a buscar colmar todos los deseos, lo que amenaza el equilibrio ecológico y se convierte, según el papa, en “una grave enfermedad”, pues “mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”. (LS 204) Ciertamente, las personas tienen necesidades, pero según la lógica del mercado, se busca generar nuevas necesidades e incitar a consumir lo que no hace falta, con promesas falsas, porque no se ofrece solo el producto, sino que se une al objeto, la promesa de conservarse joven, feliz, saludable, ser atractivo etc. “El mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos y las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios”. (LS 203) En tercer lugar, el no imponerse límites lo que lleva a perder el horizonte del bien común. Todo ello lleva a la “violencia y destrucción”, que es la situación en que nos encontramos. “En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común …se convierte, en un llamado a la solidaridad”. (LS 158) que exige imponerse límites para evitar el sufrimiento o el deterioro de lo que nos rodea. (LS 208) Pero, ese proceso que puede vivirse en el plano personal, también se replica en los ámbitos: social, cultural, económico etc. De hecho, cuando el valor capital y la búsqueda de ganancias se sitúan por encima de la realidad de las personas y sus contextos concretos, desencadenan injusticias que afectan principalmente a los pobres. Los intereses y los valores son vitales para la convivencia humana. De hecho, la vida de un grupo o de una comunidad se sostiene por los valores compartidos y la persona que no los asume, se aísla o es considerada desertora. El problema es cuando las actitudes que responden a intereses de poder, de absolutización de una manera de ver la realidad, de búsqueda de ganancias a todo costo, por ejemplo, se enmascaran y son asumidos por la sociedad en su manera de ser y de relacionarse y considerados buenos y socialmente útiles, cuando en la realidad generan hambre, desempleo y precariedad a todos los niveles. Así, cuando hay “ceguera de corazón”, utilizando un lenguaje bíblico, se puede ver, pero sin discernir, porque se está enceguecido por prejuicios, intereses, orgullo, actitudes que impiden identificar las motivaciones, los intereses ocultos, y que llevan a mostrarse insensibles frente a lo condenable. Eso que sucede en el plano personal, se percibe también en el campo social. La “ceguera de corazón” se transforma en “mentira” en el campo social, en “pecado del mundo”, en lenguaje bíblico. Si se está inmerso en ella, al punto que es real para las personas y el ambiente; allí, la verdad, será mentira y la mentira verdad. Cuando se está inmerso en el “mundo” ideológico, las decisiones personales y grupales tienden a validar la ideología enmascarada. En otras palabras, se acaba por decidir “el bien y el mal” según la situación y los intereses que se quieren defender. Las personas, ordinariamente, no obran el mal “porque si”; responden a una “red de valores”, que a menudo están viciados de antifraternidad. Los hombres y mujeres crean la convivencia, pero a su vez, son condicionados por ella, pues cada uno está inmerso en un entorno social, con el que interactúa. A la raíz, del pecado estructural está la actitud personal, descrita anteriormente, de centrarse en sí misma, o en otras palabras de “dejarse guiar sólo por sus propios intereses y actuar sólo en pro de su beneficio personal”; esa conducta egoísta, lesiona lo fraterno y es contraria al querer de Dios, que quiere la comunión y la fraternidad; pero, a su vez, implanta un dinamismo de mal, que puede condicionar la vida y las relaciones de los otros, generando sociedades enfermas. Al mirar nuestra sociedad, encontramos síntomas de degradación, pues vivimos dentro de la estructura socio-política y económica del capitalismo neo-liberal, que genera una dinámica, a través de la cual el “tener” se convierte en una obsesión, que genera ambientes en los que el egoísmo, la envidia, la discriminación, la competencia, destruyen los sentimientos de solidaridad humana. Esto genera una “descomposición social” que se caracteriza por generar injusticia y hambre situación que genera ambientes de violencia y protesta social. En síntesis, el pecado estructural hunde sus raíces en el corazón humano. En su base está la ambición de endiosarse, de querer ser como Dios; pero la verdadera imagen de Dios es de comunión y fraternidad, por ello el querer ser “centro”, único, sin límites, es una actitud autodestructiva que también daña la convivencia. Ahora bien, el pecado engendra pecado y produce muerte y destrucción de cual somos autores y víctimas. Hay que romper ese círculo perverso, ese entramado vicioso que enmascara intereses que perjudican a muchos., pues la vida y la convivencia humana se realizan en torno a opciones por la vida o la muerte, la bondad o la maldad. - Desarrollar iniciativas para que los recursos reviertan en beneficio de las comunidades y el bien común - Contribuir a elaborar proyectos, políticas organizativas en torno a agendas fundadas en perspectiva de derechos humanos - Promover las familias, que contribuyen a mantener vivas las culturas - Desarrollar un perfil ministerial participativo capaz de hacer de los pueblos indígenas y comunidades amazónicas principales interlocutores (LS 146) para con ellos, proponer alternativas de desarrollo - Precisar contenidos, métodos y actitudes para una pastoral inculturada Urge un trabajo articulado en diálogo con los indígenas, pues es al unirse que se pueden proponer alternativas de vida comunitaria y producción, basadas en una ética y una espiritualidad, opuestas al modelo capitalista globalizador y a los neocolonialismos que arrasan con el territorio amazónico. Una propuesta alternativa, aún en construcción- es el Sumak Kawsai de los indígenas andinos, que podríamos traducir como una filosofía, una cosmovisión, una ética del “buen vivir”. A través de ella, se defiende una visión armónica con la naturaleza, el cosmos, los ancestros, las otras comunidades y los seres humanos. Su enfoque es decididamente comunitario, pues cada persona forma parte de una comunidad, donde todos asumen responsabilidades y son responsables del bien común. El Sumak Kawsai, quiere ser una alternativa al capitalismo globalizador. Su enfoque del “buen vivir” no implica competir, acumular; es incompatible con la opulencia, el derroche y el consumismo. Se opone a la homogenización impuesta y defiende las identidades culturales. Desde el Sumak Kawsai, se entiende la realidad holísticamente, en cuanto integra los diferentes elementos de la naturaleza, pero tiene también un carácter utópico, en cuando es una meta a perseguir Conclusión A lo largo de esta reflexión se plantea como un modelo económico y político inspira movimientos y actitudes “colonizadoras”, caracterizadas por el afán de dominación y de ganancias a corto plazo que generan un dinamismo de “antifraternidad”, por el que se priorizan intereses personales o de grupos a costa del desconocimiento de los demás. Ese entramado de intereses que se imponen en perjuicio del bien común y que llamamos “pecado estructural”, desencadena injusticias, que por ejemplo, están arrasando con los bosques tropicales en los territorios Amazónicos. El pecado hunde sus raíces en el corazón humano, por lo que para ser profetas de vida, en estas condiciones, es necesario cultivar actitudes y estilos de vida, acordes con la “conversión ecológica” que nos pide el papa en Laudato Si; pero, también urge la articulación con otras fuerzas de la Iglesia y de la sociedad civil para proponer modelos de desarrollo alternativos, comunitarios integrales, y solidarios, opuestos a la lógica utilitarista que prevalece hoy. Termino con unas palabras de Francisco en Laudato Si (205) Sin embargo, no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. BIBLIOGRAFIA FRANCISCO. «http://w2.vatican.va.» vatican.va. 24 de 05 de 2015. http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papafrancesco_20150524_enciclica-laudato-si.html (último acceso: 2019). González Faus, José Ignacio. «reddices.org.» 1986. www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1002/1/RLT-1986-007-C.pdf (último acceso: 2019). Secretaria General Sinodo . «sinodoamazonico.» http://www.sinodoamazonico.va. 8 de 06 de 2018. http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es/documentos/documentopreparatorio-para-el-sinodo-sobre-la-amazonia.html (último acceso: 03 de 2019). Tamayo, Juan José. Teologías del Sur. Madrid: Trotta, 2017.