218943. . Tribunales Colegiados de Circuito. Octava Época. Semanario Judicial de la Federación. Tomo X, Julio de 1992, Pág. 359. DOMICILIO CONVENCIONAL. Es cierto que según el artículo 129 del Código Civil del Estado de Sonora puede designarse un domicilio convencional para el cumplimiento de determinadas obligaciones; también lo es que una cosa es el domicilio convencional señalado en el contrato para el cumplimiento de una obligación, y otra totalmente distinta, es el domicilio en que deben hacerse el emplazamiento y demás notificaciones en caso de juicio. La diferencia indicada se aclara precisando lo que debe entenderse por domicilio convencional de acuerdo con la disposición mencionada. En efecto, la palabra domicilio tiene dos acepciones: una, lo identifica en el lugar (ciudad o población de cualquier categoría que sea), y la otra, con la casa que la persona habita. No es difícil distinguir la acepción de la palabra teniendo en cuenta la naturaleza de la relación jurídica en que el domicilio deba producir efecto; el artículo 124 del Código Civil del Estado de Sonora define el domicilio de una persona como el lugar donde reside habitualmente o donde tiene principal asiento sus negocios, y por último, el lugar en que se encuentra, pudiendo entenderse que al hablar de lugar esas disposiciones se refieren a la población, ya que en la misma acepción está tomada la palabra domicilio en la disposición inmediata; de manera que cuando el Código Civil autoriza el señalamiento de un domicilio convencional, para el cumplimiento de determinadas obligaciones, se refiere igualmente al lugar o población y no a la casa. En cambio, las disposiciones del Código de Comercio y las del de Procedimientos Civiles, que se refieren a la notificación de emplazamiento, aunque algunas veces emplean la palabra domicilio, no aluden a la población donde radica la persona, con ánimo de estar establecido o a la en que tiene el principal asiento de sus negocios, sino a la casa en que habita (artículos 1393 del Código de Comercio y 171 del Código de Procedimientos Civiles del Estado de Sonora). De lo anterior se deriva como consecuencia indudable, que el domicilio convencional nada tiene que ver con la casa en que deba hacerse la primera notificación, y por tanto, la validez de la designación de ese domicilio, no implica la de una estipulación relativa al lugar en que deba hacerse el emplazamiento. Existen además otras razones jurídicas para demostrar la no aplicabilidad del precepto relativo al domicilio convencional, al emplazamiento, y la absoluta falta de validez de la estipulación que permite emplazar a una persona en una casa en que no habita. El derecho civil es una rama del derecho privado, en tanto que el procesal es una rama del derecho público; el primero norma las relaciones entre los particulares, y el segundo fija a la autoridad reglas para decidir las controversias entre los particulares, o lo que es lo mismo, norma relaciones del Estado con los propios particulares. De manera que la designación de un domicilio convencional es válida y opera en el campo del derecho privado a que se refiere el artículo 129 del Código Civil del Estado de Sonora; y aun cuando de modo indirecto, también puede producir efecto la designación de un domicilio en el terreno procesal, tales efectos no son otros que los categóricamente establecidos en la ley del procedimiento y que consisten en fijar la competencia de la autoridad que deba conocer del negocio, en caso de litigio, implicando la sumisión a la jurisdicción, del Juez del lugar señalado, y así lo dispone el artículo 1104 del Código de Comercio en su fracción II, al establecer que es Juez competente el del lugar designado en el contrato para el cumplimiento de la obligación. Ahora bien, es principio unánimemente admitido que las normas de derecho público son irrenunciables, y en el caso no se trata a mayor abundamiento, de un precepto común y corriente de derecho público, sino de una disposición de importancia radical, puesto que tiende a establecer la relación procesal, por medio del conocimiento que se dé al demandado de que se ha promovido un juicio en su contra, para que tenga oportunidad de ser oído en defensa, y la ley exige que la notificación se haga en la casa que habita, con el -1- 218943. . Tribunales Colegiados de Circuito. Octava Época. Semanario Judicial de la Federación. Tomo X, Julio de 1992, Pág. 359. propósito de que esa oportunidad sea efectiva y no teórica. En consecuencia, la renuncia de esas normas procesales, no está autorizada ni podría estarlo, porque son de tal importancia que tienden a dar valor a la garantía contenida en el artículo 14 constitucional, consistente en que nadie puede ser privado de sus bienes, propiedades, posesiones o derechos, sin ser oído en juicio, y no puede ser oído quien es notificado en el lugar donde no tiene su domicilio y que, por lo mismo, ignora que se está enderezando una acción en su contra. SEGUNDO TRIBUNAL COLEGIADO DEL QUINTO CIRCUITO. Amparo en revisión 68/92. Ignacio Romo Ruiz. 13 de mayo de 1992. Unanimidad de votos. Ponente: Adán Gilberto Villarreal Castro. Secretario: Arturo Ortegón Garza. -2-