ANÁLISIS EDUARD GARGALLO Conclusiones: las migraciones en el pasado y el presente de África uando el Centre d’Estudis Africans (CEA) se planteó la celebración de las jornadas Camins i fronteres: migracions a l’Àfrica, lo hizo con los objetivos que siempre marcan las actividades del centro. En primer lugar, comprender y explicar la realidad de las sociedades africanas intentando escapar de las simplificaciones y de la concentración en el presente más inmediato, y procurando profundizar en los antecedentes y los orígenes de los fenómenos actuales. En segundo lugar, ofrecer una visión de África que, sin esconder o ignorar los problemas y los conflictos, los sitúe en su justa proporción y resalte los aspectos positivos de las sociedades africanas y sus valores, formas de organización e iniciativas. Y, finalmente, impulsar la participación de los africanos de forma que sus opiniones y planteamientos puedan ser escuchados a la hora de analizar lo que ocurre en el continente. C Desde este punto de vista, las jornadas no podían entenderse como un encuentro para hablar sobre la «inmigración», entendida como la actual llegada de ciudadanos de los países africanos a Europa, sino como una oportunidad para reflexionar sobre el significado de las migraciones a lo largo de la evolución histórica de África. Así, aunque se dedicaron algunas intervenciones a cuestiones de actualidad, la mayoría de las ponencias se centraron en el análisis de las migraciones en tiempos históricos, a los movimientos de población dentro del continente y no sólo hacia el exterior, a la llegada de inmigrantes europeos o asiáticos a África, a los países africanos que son receptores de inmigrantes, y al papel que las migraciones han desempeñado en la construcción de las identidades y las fronteras actuales. Una de las ideas que las jornadas deseaba plantear con más claridad era la naturaleza histórica de los movimientos de población en África, mostrar que, a pesar del evidente cambio de las circunstancias y fórmulas concretas, la migración no es algo nuevo para el continente. Desde tiempos antiguos las poblaciones africanas se han trasladado por el interior del continente o han emigrado al exterior. En el priEduard Gargallo, Centre d’Estudis Africans (CEA) de Barcelona. 73 análisis mer caso, se podrían destacar las múltiples migraciones de los pueblos bantú, que a lo largo de siglos se instalaron en diferentes regiones. Muchos de ellos tienen mitos de origen que resaltan la llegada a un lugar nuevo y la incorporación o subordinación de los habitantes anteriores del territorio. En el segundo caso, sólo hay que recordar la diáspora hacia América, fruto básicamente del comercio de esclavos en los siglos XVI al XIX. Si bien los ejemplos anteriores no pudieron ser tratados en las conferencias, sí lo fueron el caso de los oromos en Etiopía, por parte de Denberu Mekonnen, y de las relaciones históricas entre los pueblos negroafricanos y bereberes en Mauritania y el río Senegal, por parte de Alberto López-Bargados. Ambos hicieron hincapié en el peso que tienen las migraciones y las relaciones entre las diversas poblaciones en el pasado cuando se intentan comprender las identidades actuales, así como la visión que tienen de sí mismos y de los demás las diferentes comunidades o la relación que establecen con el poder estatal. Repetidamente surgió la visión de las identidades africanas como algo cambiante y permeable, alejado del esencialismo étnico que pretende plantear unas culturas «tradicionales» inamovibles en el tiempo y separadas de las demás en compartimentos prácticamente estancos. Al mismo tiempo, la constatación de las continuas interrelaciones entre las poblaciones no debe llevarnos a la creencia que las comunidades actuales son «inventadas», una construcción artificial –frecuentemente atribuida al colonialismo– que no tiene que ver con la supuesta realidad de la vida cotidiana. Ni a la defensa incondicional de un «mestizaje» que pretenda esconder los conflictos y las diferencias del pasado y el presente o la jerarquización que se produce o se refuerza cuando tiene lugar una «mezcla». Las jornadas también dedicaron una parte de su tiempo a la emigración de comunidades originarias de Asia o Europa hacia África. David Alcoy trazó una perspectiva histórica sobre la instalación de portugueses en Angola, y Eduardo Medeiros analizó la implantación de poblaciones chinas en Mozambique. Estos eran sólo dos ejemplos de un fenómeno con una larga tradición en la historia africana, desde la llegada de poblaciones árabes e indias a la costa del África Oriental en la Edad Media o de holandeses a la región del Cabo a partir del siglo XVII. Las ponencias pusieron de manifiesto la existencia de unos colectivos que nos enfrentan a la construcción de unas identidades africanas no negras, y se sumaron al debate abierto actualmente en diversos países sobre los fundamentos de la identidad a la vez nacional y africana (Para el caso de Sudáfrica, se puede consultar el artículo de Zakes Mda en el número 16 de Studia Africana, octubre de 2005, pp.124128). 74 ■ Migraciones contemporáneas Los movimientos de población actuales fueron discutidos por Rafael Crespo y Paul Nugent, así como en la mesa redonda integrada por Amadou Bamba Diop, Francine Vieira y Keita Karounga, siempre ligando la situación presente con sus antecedentes históricos, y focalizando la atención sobre elementos frecuentemente poco conocidos o mal entendidos. Se destacó el hecho de que las rutas de migración usadas en estos momentos coinciden en muchos casos con las del comercio transahariano secular. Y que los caminos son de doble dirección: los movimientos migratorios no son únicamente hacia Europa, sino también de retorno por parte de africanos que no han podido llegar al Norte, o han decidido volver a su lugar de origen. La emigración, además, no lleva sólo a Europa, sino también a Asia. Asimismo, se expresó la necesidad de abandonar la idea de que la emigración está ligada de forma automática a la pobreza y es, por tanto, protagonizada por integrantes de las capas sociales más desfavorecidas en África. Con frecuencia, son las personas con un nivel elevado de formación las que salen del continente, buscando unas oportunidades que creen que no encontrarán en su país de origen. Por no hablar del brain drain o fuga de cerebros que desde hace años preocupa a analistas y estadistas africanos. Otro punto que se destacó a lo largo de muchas de las intervenciones fue el hecho que los países africanos no sólo son emisores de emigrantes sino también receptores de inmigración. Tanto si se trata de una tradición enraizada en el pasado como si es un fenómeno nuevo, fruto de los cambios socioeconómicos recientes, son muchos los casos de estados africanos que reciben miles de inmigrantes anuales desde países vecinos o próximos. Los ejemplos más comentados en las ponencias fueron los de Sudáfrica y Costa de Marfil, países donde se han entablado debates públicos sobre cómo gestionar desde el punto de vista económico o político la llegada de grupos importantes de población. En algunos casos, estas discusiones recuerdan a las que tienen lugar en Europa. En Botsuana, donde en los últimos años se ha multiplicado la llegada de inmigrantes procedentes de Zimbabue que huyen de la crisis en su país, se han podido escuchar propuestas favorables a la erección de una valla que cubra la frontera entre los dos países, y acusaciones hacia los zimbabuanos de ser causantes de un aumento de la criminalidad. ■ Fronteras Muchas de las ponencias resaltaron el papel que las fronteras africanas han desempeñado en la historia y el presente de las diferentes comunidades. En este ámbito, se destacó, de forma especial, una tendencia contradictoria hacia el debilita- 75 análisis miento y el reforzamiento combinados de los límites fronterizos. Por un lado, la globalización económica y de las comunicaciones facilita el movimiento de productos, capitales, información y personas por todo el mundo, limitando seriamente la capacidad de los estados para controlarlo. Pero por otro lado estamos asistiendo a un aumento de la vigilancia fronteriza y a una voluntad creciente por parte de los gobiernos de impermeabilizar los pasos fronterizos (casos de Melilla, frontera entre México y Estados Unidos, etc.). Algunos estados occidentales y africanos ven en la gestión de las fronteras una forma de reafirmar su poder o autonomía, frente a la globalización o a las asociaciones interestatales (Unión Europea, etc). En relación a este fenómeno también se resaltó el deseo por parte de los europeos de «colocar» la frontera exterior de la Unión en África, trasladando el control del flujo de inmigrantes a los países del Magreb o de África Occidental. En definitiva, la organización de las jornadas espera que los asistentes a las ponencias, así como los lectores de los textos resultantes, puedan encontrar en los estudios presentados unos análisis valiosos de ciertos aspectos de las migraciones presentes y pasadas. Y, sobre todo, un incentivo para aproximarse de forma diferente a una realidad tan compleja y fascinante. 76